Todo hace suponer que la actual guerra con Irán no será corta. Será larga, o mejor aún: será impredecible. Israel y Estados Unidos desde una mentalidad racional-laica habrá un momento en que posiblemente quieran llegar a alguna especie de acuerdo o quizás armisticio.
Pero la mentalidad iraní no es racional-laica, es fundamentalista fanática extremista y esto quiere decir, como en todo grupo fundamentalista fanático extremo, que creen que hablan en nombre de la divinidad y que por ende ellos son los elegidos de la misma. En otras palabras, es prudente entender que para Irán esta se trata de una guerra santa a la que se enfrentan no con Israel y Estados Unidos, sino con lo diabólico, las fuerzas de la oscuridad y hasta con Satán mismo.
Por ende, para Irán probablemente esta guerra será una guerra total, hasta el aniquilamiento propio o del otro diabólico. Y más aún, si el bando angelical de los buenos ha de caer, pues el Mundo también caerá. Así es como se debe entender la tirada de misiles de Irán a Chipre, Arabia Saudita y otros países, no como un acto descabellado, estúpido o psicótico, sino como la consecuencia lógica de una mentalidad que se asienta en la dualidad blanco-negro, buenos y malos, seres angelicales-seres diabólicos.
Las semejanzas con Hitler, por supuesto, no son ninguna casualidad: el Totaler Krieg del mitin nazi del 18 de febrero de 1943 en el Berlin Sportpalast, pregonado con gritos histéricos por un poseído Goebbels, tiene correspondencia con este tipo de mentalidad mesiánica-apocalíptica.
Parece ser que esta guerra tendrá consecuencias inmediatas en el precio del petróleo, el gas, lo que a su vez encarecerá los productos de subsistencia, con procesos de pauperización e impacto en la calidad de vida, entre otros. Es decir, esta guerra en poco tiempo no tendrá simpatizante alguno, menos aún si tenemos en cuenta que parece ser que una supuesta izquierdista España apenas disimula su simpatía por Irán.
De esta manera Israel será una vez más el culpable de lo mal que está el mundo, sus miserias, sus derivas, su profundo malestar. Israel, el sionismo y los judíos, agreguemos.
Por supuesto, es una falacia. Pero el antisemitismo es falaz y perverso. Y la maquinaria insaciable de Der Stürmer goza de excelente salud, excelente prensa y excelente público que lo vitorea y halaga.
De esta manera, y ojalá que me equivoque, preveo un rebrote notable del antisemitismo para este año y aún más para los años venideros. El eje del mismo será la intención “diabólica” de Israel y los judíos por desestabilizar el Mundo, generar daño y propalar guerras, miserias y plagas. Como se ve, no estamos nada lejos del protocolo de los Sabios de Sión del siglo XIX y del envenenamiento de pozos y de hostias del medioevo.
Pero esto no es todo. Un querido amigo que vive en Israel siempre me lo recuerda: el Mundo no perdona a los judíos que los judíos hayan dejado de ser las víctimas, las ovejas complacientes, esos seres huidizos y siempre con miedo.
Y es verdad. En esta actitud de Israel de tomar la delantera en su defensa se vislumbra un claro gesto de osadía que no pide permiso al Mundo para actuar.
Israel y los judíos son ahora protagonistas de su presente y su futuro y no lo cederán ni a derecha ni a izquierda.
Y eso molesta, eso desconcierta, eso da escozor, más aún en un mundo donde los gobiernos son paupérrimos, indecisos, por no decir cobardes y pusilánimes.
Efectivamente, fue y es uno de los grandes logros del sionismo, más allá de las críticas que se le puedan hacer: romper definitivamente el lugar de víctima propiciatoria y de cuello doblado del judaísmo para erguirlo y hacerlo dueño de su destino
Como hemos visto en relación a las crónica de Salomón bar Simsón a partir del antisemitismo de 1096: se trató de la plena y nefasta identificación con Isaac dispuesto a ser sacrificado sin queja alguna. Un Isaac sumiso que tranquiliza y genera calma en el Mundo.
Pues cuando la identificación con Isacc el manso termina y comienza la identificación con Davíd el conquistador de Urusalaim, las cosas cambian profunda y radicalmente y el Mundo se pone a hacer muecas de disgusto y malhumor.-
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