Eso es lo que pasa cuando un misil cae cerca de la Mezquita Al-Aqsa.
No es un blanco militar.
Es un símbolo sagrado del islam.
En segundos, la narrativa cambia:
“Están atacando Al Aqsa”
Y eso no se queda en Jerusalén…
explota en TODO el mundo musulmán.
Grupos como Hamás y Hezbolá no necesitan pruebas.
Necesitan emoción.
Y Al Aqsa… es la chispa perfecta.
Hamás denominó a su ataque contra Israel el 7 de octubre de 2023 la “Operación inundación de Al-Aqsa”
No es “un blanco más”.
Golpear o incluso rozar Al Aqsa se percibe como una agresión directa al Islam.
Podría:
Activar protestas masivas desde Marruecos hasta Indonesia
Presionar a gobiernos árabes a reaccionar, incluso si no quieren escalar
Legitimación narrativa para Irán y sus aliados
Actores como Hezbolá o Hamas pueden usarlo para decir:
“Israel no puede proteger los lugares santos”
“La defensa de Al Aqsa justifica la lucha”.
Irán sostiene que sus objetivos son puramente militares. Pero las autoridades israelíes señalan que el régimen iraní pone en peligro los sitios sagrados, incluso del Islam, al lanzar ataques que, por su naturaleza balística, carecen de la precisión necesaria para evitar daños colaterales en la Ciudad Vieja.
Ahora imagina lo contrario:
Israel golpea la Tumba de Ester y Mordejai que se encuentra en la ciudad de Hamadán, en el oeste de Irán.
Grave… sí.
Pero no incendia al mundo.
No moviliza a millones en horas. El mundo pasaría por alto la destrucción de un símbolo judío.
Esa es la diferencia:
Un misil cerca de Al Aqsa
no solo ataca un lugar…
puede convertir una guerra política
en una guerra religiosa global.
El islam fundamentalista sólo necesita un pretexto para incendiar el mundo.
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