Juntos Venceremos
lunes 20 de julio de 2026

Diego Sciretta / Balance de victoria y el imperativo de la seguridad: ​La derrota militar del Eje

​Es un hecho operativo innegable: el régimen iraní ha sido contundentemente derrotado en el campo de batalla. El desmantelamiento de sus activos estratégicos y la neutralización de sus centros de mando tras el ultimátum de abril forzaron un repliegue que no es un gesto diplomático, sino una capitulación física ante la superioridad de las fuerzas de defensa. La realidad en el terreno demuestra que la capacidad de respuesta y la estructura logística del adversario han colapsado bajo la presión de una ofensiva sin precedentes.

​El ascenso de la Guardia Revolucionaria y el peligro nuclear

​Sin embargo, este colapso ha dejado el poder en manos de la facción más radical de la Guardia Revolucionaria (IRGC). Con el control del Estado concentrado en extremistas que carecen de pragmatismo y que se encuentran acorralados, los 400 kilogramos de uranio enriquecido (equivalentes a cerca de 150 litros de material crítico) se convierten en su última y más peligrosa moneda de chantaje. Para Israel, cualquier acuerdo debe garantizar el desmantelamiento total de este inventario, pues negociar con un mando fanático eleva el riesgo de una “huida hacia adelante” mediante el cruce del umbral nuclear.

​La incertidumbre del factor Trump

​La figura de Donald Trump introduce una variable de alta imprevisibilidad en este delicado equilibrio. Aunque su historial de “presión máxima” sugiere un respaldo firme a las líneas rojas israelíes, su carácter disruptivo y su tendencia a buscar acuerdos rápidos y mediáticos generan dudas razonables sobre la minuciosidad de las garantías técnicas. Israel no puede permitir que los detalles críticos de su supervivencia queden supeditados al estilo personalista de un líder cuya política exterior puede girar drásticamente según la coyuntura política de Washington.

Conclusión: Soberanía y vigilancia

La victoria militar es el punto de partida, pero la victoria política sigue en juego en la mesa de negociación. Ante un interlocutor radicalizado en Teherán y un garante impredecible en el exterior, Israel debe reafirmar su libertad de acción operativa. El acuerdo final debe ser tan sólido, físico y verificable que garantice la eliminación del peligro atómico, asegurando que el repliegue del enemigo sea una rendición definitiva y no un simple respiro táctico para el rearme.
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