Con la entrada en vigor del alto al fuego, conocido como el “Acuerdo de Islamabad”, la máquina de propaganda en Irán está trabajando horas extras.
La narrativa iraní es simple y tentadora: “Resistimos 40 días frente a la potencia más fuerte del mundo y frente a Israel; el régimen sobrevivió, las instalaciones nucleares siguen ahí y los misiles siguen en sus plataformas de lanzamiento. Por lo tanto, ganamos”.
A simple vista, es comprensible la confusión que se genera entre el público. Sin embargo, una lectura fría y objetiva de la realidad estratégica, de los objetivos de la guerra y de los resultados en el terreno, dibuja un panorama completamente distinto: Irán sufrió una rotunda derrota estratégica, mientras que Estados Unidos e Israel lograron una victoria histórica.
Para entender el porqué, es indispensable disipar las cortinas de humo y examinar los pilares de esta campaña, desde el escenario global en el estrecho de Ormuz hasta los claros logros de seguridad de Israel.
1. La verdad sobre el estrecho de Ormuz: Un chantaje que terminó en fracaso
Una de las mayores confusiones públicas gira en torno a la principal arteria comercial del mundo. Es importante ser precisos con los hechos: la guerra, que estalló el 28 de febrero, no comenzó por el estrecho. El motivo del conflicto fue el colapso de las negociaciones nucleares, el problema de los misiles balísticos y la brutal represión del régimen contra sus propios ciudadanos en enero.
Antes de la guerra, el estrecho estaba completamente abierto.
Solo después de que estallara el fuego, Irán sacó su “arma del juicio final”: bloqueó el estrecho en la práctica y exigió, por primera vez en la historia, un pago de millones de dólares (un “peaje de tránsito”) a cada barco como compensación de guerra.
Irán esperaba tomar a la economía mundial como rehén.
¿Y qué pasó al final? El presidente Trump lanzó un ultimátum definitivo: “una civilización entera morirá esta noche” si no se abría el estrecho. Irán se retractó y el paso se reabrió sin que recibieran ni un solo dólar del chantaje que exigían. Devolver el estrecho al status quo anterior no es una victoria iraní; es la prueba de que, a la hora de la verdad, la mayor amenaza de extorsión de Teherán se desmorona ante una fuerza estadounidense decidida.
2. El mito de la supervivencia frente a la ruina económica
Los críticos señalarán que Mojtaba Jamenei sigue en el poder y que el uranio enriquecido aún existe. Es un hecho, pero se basa en una expectativa errónea de que EE. UU. quería derrocar al régimen, un movimiento que requeriría una invasión terrestre de un millón de soldados en el pantano iraní. El objetivo real de la guerra era la degradación de capacidades militares y la restauración de la disuasión.
Irán sobrevivió físicamente, es cierto, pero su economía –que ya pendía de un hilo– fue triturada hasta los cimientos. Infraestructuras críticas, puertos y líneas de producción sufrieron daños letales que costarán decenas de miles de millones de dólares y tomará generaciones reconstruir. Un régimen incapaz de ofrecer a millones de ciudadanos un horizonte económico, agua o electricidad estable, está sentado sobre una bomba de tiempo mucho más peligrosa que cualquier protesta.
La “supervivencia” al precio de regresar a la edad de piedra económica es una derrota innegable.
3. Separación de los frentes y el abandono de Hezbolá: El colapso del “Eje de la Resistencia”
El mayor logro estratégico de Israel en esta campaña radica en lo que no está escrito en el acuerdo. Durante décadas, Irán construyó la estrategia de la “unificación de frentes” y un “anillo de fuego” alrededor de Israel, siendo la organización Hezbolá en el Líbano la joya de la corona y la póliza de seguro del régimen de los ayatolás.
Pero a la hora de la verdad, cuando le pusieron la pistola estadounidense en la cabeza a Teherán, el liderazgo iraní abandonó a Hezbolá. El acuerdo de alto al fuego excluye explícitamente al Líbano. Israel desmanteló la ecuación iraní y ahora cuenta con legitimidad y total libertad de acción para seguir golpeando a Hezbolá en el norte.
El mensaje que resonó esta semana en todo el Medio Oriente es un terremoto para todas las organizaciones *proxy*: en el momento decisivo, Irán venderá a sus aliados sin dudarlo para salvarse a sí mismo.
4. Un golpe letal al “Anillo de Fuego” y la restauración de la disuasión
Es cierto que el programa nuclear sobrevivió, pero la capacidad de Irán para armar y mantener a sus ejércitos terroristas sufrió un golpe letal. Los bombardeos precisos contra fábricas de drones, instalaciones de desarrollo de misiles y puertos de exportación en Irán, cortaron el oxígeno logístico de estas organizaciones.
A Irán le tomará años reconstruir las líneas de suministro para Hezbolá y los rebeldes hutíes. Israel compró un tiempo estratégico invaluable al “matar de hambre” logísticamente a sus enemigos, al mismo tiempo que restauró la disuasión regional: cuando los líderes de las milicias ven a la gran potencia iraní recibir golpes masivos y verse obligada a ceder ante un ultimátum, su propia confianza se resquebraja profundamente.
5. Exponiendo la supremacía aérea y defensiva
Esta guerra fue una prueba histórica tanto para la defensa de la retaguardia como para la capacidad de ataque. Irán disparó lo mejor de su arsenal, incluyendo misiles balísticos avanzados y devastadores misiles de racimo. El logro israelí fue doble: un escudo de hierro que neutralizó la inmensa mayoría de las amenazas a nivel estratégico, evitando el colapso de la infraestructura nacional, acompañado de una total libertad de acción ofensiva. Las fuerzas aéreas de Israel y EE. UU. operaron libremente en los cielos de Irán, penetraron sus sistemas de defensa antiaérea y demostraron que no hay un solo objetivo en el país persa que sea inmune a un ataque.
En conclusión
La victoria en la guerra moderna no se mide necesariamente izando una bandera en la capital del enemigo, sino por quién dicta las condiciones del final y quién pierde sus activos estratégicos.
Irán termina la campaña con su economía en ruinas, sus sistemas de defensa vulnerados, su amenaza del “juicio final” en el estrecho de Ormuz expuesta como un farol, y su aliado más importante abandonado al fuego de las FDI.
Estados Unidos e Israel, por su parte, consiguieron sus objetivos sin dejarse arrastrar a una desgastante guerra terrestre. Si Teherán ve esta realidad como una “victoria”, entonces es una victoria en camino hacia el abismo.
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