Es el interrogante que hoy múltiples fuentes multiplican.
La presente incertidumbre en el espacio iraní, el violento diálogo militar con el Líbano, la incertidumbre inherente al caprichoso movimiento del dólar, la probable renovación de la guerra con Irán y con el vecino del norte, la desorganizada y casi estéril resistencia a las ambiciones personales de Netanyahu – algunos hechos que en estos días nos abruman.
Y el más inquietante: el reciente nombramiento de Roman Gofman y de David Zini como vigilantes de la seguridad nacional. Dos figuras que deben personalmente a Bibi la estatura que hoy adquieren.
Pública inquietud que se suma al peso del caudillo norteamericano en el dominio regional y en Israel, nuestro país.
Actores y escenarios que gravitarán en el resultado de la puja electoral cuya fecha y circunstancias dependen de los cálculos personales y políticos de Bibi.
La fecha y el entorno de esta jornada se ajustarán a cálculos personales y familiares al tiempo que la aprobación de normas parlamentarias ya asegura su autoritario dominio.
Lamentablemente, líderes de la oposición como Naftali Bennet, Yair Lapid y Yair Golán apenas aciertan hoy a enhebrar una convincente postura.
Inquietantes escenarios que juegan en favor de Netanyahu al tiempo que ponen en tensión nuestra convivencia democrática.
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