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sábado 18 de julio de 2026
“Caminé en las ruinas humeantes de la AMIA y sé que la guerra contra Irán no terminará”: Alejandro Cassaglia

“Caminé en las ruinas humeantes de la AMIA y sé que la guerra contra Irán no terminará”: Alejandro Cassaglia

Alejandro Cassaglia, exoficial de la Policía Federal Argentina y ex-Interpol, analiza en entrevista exclusiva para Enlace Judío el conflicto iraní, el asesinato de Nisman y la amenaza terrorista vigente en América Latina.

El 18 de julio de 1994, un joven oficial de policía llamado Alejandro Cassaglia llegó a los escombros de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires sin saber muy bien qué iba a encontrar. Su jefe le había pedido que acompañara a un suboficial judío que hablaba hebreo para ayudar a los equipos del ejército israelí que buscaban sobrevivientes con perros.

Lo que vio ese día cambió el rumbo de su carrera y de su vida.

 

Pude tomar conciencia de lo que causaba el terrorismo“, recuerda Cassaglia. “Vi la devastación, los escombros, restos humanos. Murieron 85 personas. Y ahí dije: yo tengo que hacer algo para que esto no vuelva a ocurrir en mi país.”

Treinta años después, Cassaglia es uno de los analistas de contraterrorismo más activos de América Latina. Ex jefe de operaciones de la Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal Argentina, ex colaborador de Interpol para el área de terrorismo y narcotráfico en América del Sur, y creador de la unidad antiterrorista de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, dialogó desde Argentina sobre el conflicto con Irán, el legado del fiscal Alberto Nisman y las redes de Hezbolá que siguen operando en la región.

El tercer atentado

Para Cassaglia, el asesinato del fiscal Alberto Nisman en enero de 2015 —quien iba a presentar una denuncia contra la entonces presidenta Cristina Kirchner por encubrir a los responsables iraníes del atentado a la AMIA— fue tan impactante como los propios atentados. “Algunos periodistas y académicos hablan de que eso fue un tercer atentado”, señala.

Lo vio el domingo por televisión, explicando la denuncia que presentaría al día siguiente. El lunes, las autoridades informaron que se había suicidado. Con el tiempo, las pericias forenses determinaron otra cosa: la escena había sido montada, el arma manipulada, las huellas borradas, los rastros de sangre eliminados. “Hubo una intencionalidad de contaminar precisamente para que no se llegara a la verdad”, afirma Cassaglia.

Hoy, la fiscal que intervino en la escena del crimen y el exsecretario de Seguridad de la Nación están siendo procesados por esa causa.

Por qué eligieron Argentina

¿Por qué Irán atacó en Buenos Aires y no en otro lugar? Cassaglia tiene su teoría: en los años 90, bajo la presidencia de Carlos Menem, Argentina acordó con Estados Unidos suspender la cooperación científica para el desarrollo de un reactor nuclear en Irán. “Irán lo tomó como una traición. Nos consideraron un país traidor y ahí se decidieron los atentados“, explica.

A eso se sumó la gran comunidad judía argentina, la conversión de Menem al catolicismo, y el envío de corbetas argentinas al Golfo Pérsico durante la Guerra del Golfo de 1991. “Pero yo creo que lo que decide a la teocracia iraní ordenarle a su proxy Hezbolá hacer los atentados fue dejar de cooperar en materia nuclear“, insiste.

Esa responsabilidad, que durante décadas fue un “secreto a gritos” para quienes trabajaban en el tema, quedó finalmente establecida de manera formal el año pasado, cuando la Cámara de Casación Penal —el máximo órgano judicial penal de Argentina— ratificó la responsabilidad de Irán como instigador y financiador de los atentados. A raíz de eso, el fiscal Sebastián Basso solicitó la captura internacional del líder supremo Alí Jamenei, lo que generó una nueva amenaza de Irán hacia el Estado argentino.

La guerra que no termina

Consultado sobre el actual conflicto entre Israel e Irán, Cassaglia es categórico, señalando que esto no es una guerra nueva, sino un capítulo más de un enfrentamiento que lleva décadas. “Tuvimos el primer capítulo cuando se instaló el régimen teocrático en 1979, después los bombardeos iraníes a Israel en abril de 2024, la guerra de los 12 días en junio del año pasado, y ahora esto.”

El analista advierte sobre la peligrosidad del régimen iraní bajo la conducción del general Ahmad Vahidi, jefe de la Guardia Revolucionaria —uno de los ocho funcionarios iraníes reclamados por la justicia argentina— y del nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei, a quien describe como “mucho más radical que el padre”.

Dicen que la capacidad de la armada iraní está devastada, que la fuerza aérea está devastada“, reconoce. “Pero en tierra tienen cientos de miles de soldados, más 350,000 reservistas, más 130,000 miembros de la Guardia Revolucionaria, y estaban reclutando chicos desde los 12 años. No es algo fácil.” Y agrega que los mejores análisis indican que apenas se destruyó entre el 40 y el 60 por ciento de la capacidad misilística iraní. “Si estamos hablando de un 50%, todavía tienen la mitad del poder que tenían al inicio de la guerra. Eso los convierte en muy peligrosos.”

Sobre la posibilidad de que el régimen abandone su programa nuclear, la respuesta de Cassaglia es breve y sin matices: “No creo que haya ninguna posibilidad mientras la teocracia gobierne Irán.”

Hezbolá en América Latina: la estructura está intacta

Uno de los puntos más inquietantes del análisis de Cassaglia es la situación de las redes de Hezbolá en América Latina. “La estructura está intacta“, afirma. Y lo explica con detalle, destacando que la caída del régimen chavista en Venezuela les hizo cambiar algunos planes —Caracas era una base operativa importante y fuente de documentación falsa para sus agentes—, pero los clanes libaneses leales a Hezbolá siguen operando a plena capacidad en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay.

Allí, dice Cassaglia, Hezbolá actúa como una suerte de banco ilegal del crimen organizado: lava el dinero del PCC brasileño, el Comando Vermelho, el Tren de Aragua, el Cartel de Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa, cobrando un canon que va a parar a sus arcas y a las de Irán. “Con dinero se pueden hacer muchas cosas“, advierte.

A esa base histórica se suman nuevos anclajes: Colombia, donde el presidente Gustavo Petro —”un exguerrillero del M-19″— les ha dado asilo a miembros de Hezbolá; Brasil, “un país gigante donde no tienen ningún problema en mantenerse expectantes“; Nicaragua, que les ofrece plataforma en América Central; y México, donde según Cassaglia el expresidente Andrés Manuel López Obrador —quien “sigue manejando el poder en la sombra“— mostró cooperación con la teocracia iraní.

Bolivia acaba de romper su acuerdo de cooperación militar, y calculo que Irán los va a sindicar como un gobierno traidor. El Salvador también termina siendo un lugar apetecible para los grupos terroristas si cambia su posición“, advierte.

La principal debilidad del sistema, señala, es la falta de cooperación regional. “Argentina trabajará muy fuerte, Paraguay trabajará muy fuerte, Chile. Pero tienes Colombia, Brasil, Uruguay que no se acoplan, todo lo contrario. Esto es como la sábana corta: tapas la cabeza y se te descubren los pies.”

La amenaza que viene de adentro

Pero no toda la amenaza llega desde afuera. Cassaglia advierte sobre un fenómeno que considera creciente y particularmente difícil de detectar, la autoradicalización. “Tenemos gente en nuestros países que simpatiza con el Daesh, se autoradicaliza y decide hacer atentados”, explica. Los casos ya existen en la región: un apuñalamiento en Uruguay en 2016, una tentativa de atentado en las Olimpiadas de Río de Janeiro ese mismo año. “Por suerte los estamos detectando a tiempo, y eso nos da una ventaja estratégica para no tener que lamentar muertos y heridos.”

La preocupación se extiende también al antisemitismo: “Los grupos antisemitas aprovechan todo este revuelo para atacar contra objetivos judíos. Sinagogas, colegios. El antisemitismo está creciendo muy fuerte en todas partes del mundo.”

“Irán nos atacó dos veces”

Al finalizar la entrevista, Cassaglia no puede evitar una reflexión que lo indigna visiblemente: “Yo digo, ¿cómo puede ser que algunos sectores políticos apoyen a Irán cuando Irán nos ha atacado dos veces, ha matado ciudadanos argentinos? No me importa si profesaban la religión judía, cristiana o islámica: eran ciudadanos argentinos, en nuestra casa, en nuestro territorio. Y sin embargo tenés sectores políticos y periodísticos que los apoyan.

El próximo 20 de abril, Cassaglia viajará a México para participar en el lanzamiento de un observatorio transatlántico contra el terrorismo —una alianza entre su organización, CISEC, y el Centro Nacional contra el Terrorismo mexicano— orientado a capacitar organismos de inteligencia latinoamericanos y generar contranarrativas frente al islamismo radical.

Lo más importante en el terrorismo es la prevención, concluye. “Y lo que buscamos es que los organismos de seguridad latinoamericanos cuenten con un lugar donde recurrir para asesoramiento y capacitación. Ninguno de nosotros quiere volver a ver destrucción y muerte.”

Alejandro Cassaglia coordina CISEC para América Latina y el Caribe, es miembro de la Fundación Sherman Ken y docente universitario en temas de terrorismo y crimen organizado.

Desde esos espacios, sigue haciendo lo que se prometió a sí mismo entre los escombros de la AMIA en 1994: trabajar para que no vuelva a ocurrir.

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