La escritora y cantautora argentina María Elena Walsh imaginó hace décadas, en su célebre canción El Reino del Revés, un mundo disparatado donde “nada el pájaro y vuela el pez”, “un ladrón es vigilante y otro es juez” y “dos y dos son tres”. Lo que entonces era una entrañable fantasía para niños parece haberse convertido, hogaño, en una inquietante descripción del escenario internacional.
En una de las noticias más sorprendentes de los últimos días, la República Islámica de Irán fue incorporada a un órgano de las Naciones Unidas vinculado a la orientación de programas relacionados con derechos humanos, derechos de las mujeres, desarme y prevención del terrorismo.
Si no proviniera de fuentes oficiales, muchos creerían estar frente a una broma de mal gusto.
Mientras tanto, una joven iraní, Bita Hemmati, cuyo rostro se viralizó en redes sociales y se convirtió en símbolo silencioso de la represión, enfrenta la condena a muerte junto a su esposo por haber participado en protestas contra el régimen teocrático.
Difícil encontrar una síntesis más perfecta del Reino del Revés.
El régimen iraní, conocido por la persecución de disidentes, la subordinación legal de las mujeres, el financiamiento de organizaciones terroristas y las amenazas constantes contra Israel, pasa así a integrar un espacio desde el cual podrá influir en prioridades sensibles de la agenda global.
En el Reino del Revés contemporáneo, el pirómano integra el cuerpo de bomberos.
Pero la inversión moral no termina allí.
España anunció su retiro de Eurovisión y la no transmisión del certamen por la participación de Israel en la edición de 2026. Otros países europeos acompañaron la medida invocando razones humanitarias y acusando al festival de aplicar un supuesto doble rasero, por las sanciones a Rusia a raíz de la invasión a Ucrania.
De este modo, el único Estado democrático de Medio Oriente resulta objeto de boicot cultural, mientras dictaduras brutales son tratadas con indulgencia diplomática o directamente incorporadas a organismos internacionales.
Tal vez el histórico festival musical merezca un nuevo nombre: Eurabiavisión.
El término Eurabia, popularizado por la ensayista egipcio-británica Bat Ye’or, alude a una Europa que, por debilidad política, oportunismo o extravío ideológico, renuncia gradualmente a defender sus propios valores y adopta posiciones crecientemente hostiles hacia Israel mientras contemporiza con regímenes autoritarios del mundo islámico.
La actualidad parece ofrecer ejemplos difíciles de ignorar.
Al mismo tiempo, Barcelona fue sede de una reunión internacional de fuerzas progresistas impulsada por Pedro Sánchez y Luiz Inácio Lula da Silva, con participación de referentes de izquierda de diversos continentes. Nada habría de cuestionable en una cita democrática de ideas, si no fuera porque buena parte de esos espacios suelen exhibir una severidad implacable hacia Israel y una llamativa indulgencia frente a tiranías o movimientos extremistas.
También eso parece propio del Reino del Revés.
En ese mundo extraño, las democracias son acusadas y los verdugos dictan lecciones morales. Las víctimas deben justificarse y los victimarios presiden comisiones. Se boicotea a Israel en festivales musicales mientras se normaliza a Irán en foros internacionales.
María Elena Walsh escribió una canción para niños. El problema es que muchos adultos parecen haber decidido convertirla en programa político.
Entre la fantasía y la realidad queda una diferencia inquietante: en la canción uno podía reírse. En el mundo actual, cada vez cuesta más hacerlo.
Rubén Kaplan
Periodista y escritor
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