El Dilema del Siglo XXI: Identidad o Ideología
Hoy los judíos del mundo nos enfrentamos a una encrucijada existencial. Ante posiciones claramente antisemitas y la clara intención de destruir el Estado de Israel por parte de la izquierda y el progresismo, el dilema es binario: o los judíos renunciamos a serlo para tomar un pensamiento de clase, o pensamos como judíos, defendiendo nuestro derecho a la vida, la tradición y el Estado.
La realidad nos obliga a reconocer que el internacionalismo de clase ha muerto para nosotros; los partidos que dicen representarlo hoy quieren nuestra muerte. Nuestro progresismo será, en todo caso, un asunto interno de Israel; hacia afuera, la prioridad absoluta es la subsistencia y el apoyo a las fuerzas políticas que nos respaldan, incluidos liderazgos como Milei y Trump.
Realidad vs. Fantasía Ideológica
Existen tres formas de analizar este escenario: con la ideología ignorando la realidad, con la realidad sin importarnos la ideología, o con una ideología que no ignore la realidad cambiante.
Los Pactos de Abraham cambiaron la correlación de fuerza árabe-israelí. Hoy, Irán y Yemen están enfrentados a Israel, pero con el resto hay intercambios comerciales, de seguridad y turismo. No hace falta destruir a todos, solo a los regímenes que pretenden destruirnos a nosotros, como el sistema totalitario de Irán. Para la derecha, esta ecuación es simple; para la izquierda, que incorpora fantasías y antisemitismo, esta nueva realidad es un espacio que prefieren destruir antes que aceptar.
Irán y la Internacional Progresista: Los Proxies del Antisemitismo
Los proxies de Irán, como Hamás y Hezbolá, operan hoy en sintonía ideológica con los partidos progresistas de América Latina y Europa. Esta alianza se ha formalizado en espacios como la reciente reunión de la Internacional Progresista en Barcelona, España, donde figuras como Gustavo Petro y Pedro Sánchez se han consolidado como los referentes del antisemitismo en la parte progresista del mapa político. Bajo su liderazgo, la retórica de “liberación” se utiliza para encubrir una agenda de odio y deslegitimación total contra Israel.
Para estos sectores, la causa palestina es un ariete geopolítico para canalizar su rechazo a Occidente, validando las masacres terroristas como actos de resistencia.
El Financiamiento de la Internacional Demócrata
A este entramado se suma la Internacional Demócrata, donde sectores vinculados al Partido Demócrata de Estados Unidos financian y promueven posiciones anti-israelíes. Bajo la máscara del “equilibrio” o la “asistencia humanitaria”, se terminan aceitando estructuras que asfixian la capacidad de respuesta de Israel, alimentando una narrativa que castiga al Estado judío mientras ignora la beligerancia de sus agresores.
Las Excepciones Individuales y la Trampa de la Integración
Existen, por supuesto, excepciones individuales: judíos que aún militan en las filas de la izquierda creyendo que pueden cambiar la narrativa desde adentro o que su compromiso con la justicia social es superior a la amenaza que enfrentan como pueblo. Sin embargo, en el contexto actual de conflicto existencial, estas excepciones se convierten peligrosamente en una herramienta de validación para quienes buscan nuestra destrucción. La historia ha enseñado que el sistema no distingue matices cuando la ideología se torna fanática; la “excepción” es solo la última en la lista, pero nunca es borrada de ella.
El Humanismo como Herencia y el Desafío Actual
Históricamente, el humanismo de izquierda ha tenido un ADN profundamente judío. Desde la concepción de los kibutzim, que fueron experimentos sociales únicos de colectivismo y solidaridad, hasta los miles de dirigentes, intelectuales y activistas que lideraron movimientos por los derechos civiles a nivel internacional, el aporte judío ha sido la base de la justicia social moderna.
Este legado demuestra que es perfectamente posible practicar un humanismo de izquierda dentro de Israel, fortaleciendo la democracia y la equidad interna. Sin embargo, el desafío actual es entender que este compromiso ético no debe ser una carta de rendición frente a un progresismo exterior que ha decidido excluirnos. Se puede ser de izquierda en Israel, defendiendo esos valores históricos, sin que ello signifique aceptar la narrativa de quienes buscan nuestra desaparición bajo el disfraz de la ideología.
El Éxodo Político Necesario
Los judíos deben abandonar en masa los partidos de izquierda “goin” y antisemitas. No debemos regalar un gramo de energía a quienes se declaran enemigos públicamente. Si es posible, debemos construir estructuras políticas nuevas; de lo contrario, la prioridad es priorizar la vida y apoyar a quienes garantizan nuestra seguridad. Esta es la única salida actual al problema.
Defensa Propia e Independencia Militar
Solo los judíos debemos defendernos y solo Israel se puede defender, con un aparato militar profundamente destructivo e independiente. Debemos ser autónomos incluso de Estados Unidos cuando este intente atar las manos de Israel en su derecho fundamental a la defensa.
El 7 de Octubre: La Traición a la Buena Voluntad
La ironía más cruel de esta tragedia es que el 7 de octubre las fuerzas islámicas terroristas dirigieron su saña precisamente contra quienes encarnaban el progresismo y la convivencia. Los kibutzim atacados eran bastiones de paz y diálogo, demostrando que para el fundamentalismo no existen matices ideológicos ni gestos de paz; solo existe el objetivo de la aniquilación total. Esta realidad debe ser el despertar definitivo para quienes aún creen que pueden negociar con su propia destrucción.
Conclusión: El Quiebre Definitivo
Debemos ser claros y contundentes: el internacionalismo de clase, en su configuración actual, ha dejado de ser una lucha por la justicia para convertirse en un movimiento claramente antisemita. No hay retorno posible hacia estructuras que han adoptado como doctrina el antisemitismo activo y nos han señalado como el enemigo a batir.
Nuestra lealtad debe estar con nuestra supervivencia.
Como bien señaló Jean-Paul Sartre en sus Reflexiones sobre la cuestión judía:
”Si el judío no existiera, el antisemita lo inventaría”.
Esta sentencia nos recuerda que el odio que enfrentamos hoy no depende de nuestras acciones, sino de una necesidad ideológica de la izquierda para construir un enemigo. Ante la invención del odio, nuestra única respuesta es la afirmación innegociable de nuestra existencia.
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