El realismo mágico de la política internacional
Esto no es un cuento de ciencia ficción; es la crónica de una supervivencia descarnada. Mientras los discursos públicos trazaban líneas rojas infranqueables, la logística militar construía puentes secretos con el enemigo. En este escenario, el realismo mágico nace de una geopolítica de sombras donde los misiles se vuelven moneda de cambio.
El Triunvirato del Silencio y la Triangulación de Sombras
En el corazón de Estados Unidos, la administración de Ronald Reagan enfrentaba un callejón sin salida. El “triunvirato” operativo —Robert McFarlane, John Poindexter, Oliver North y el director de la CIA, William J. Casey— diseñó una maniobra ilegal para financiar a la Contra nicaragüense mediante la venta de armas a Irán.
Israel resultó el socio indispensable bajo el Gobierno de Unidad Nacional liderado por Simón Peres (Primer Ministro), Isaac Rabin (Ministro de Defensa) e Yitzhak Shamir. El arsenal incluyó más de 2,000 misiles BGM-71 TOW y 18 baterías HAWK, suministrados mientras se mantenía un estricto Secreto de Estado.
Los “Moderados” y la Sombra de la Venganza
El contacto principal fue Manucher Ghorbanifar, quien conectó a Occidente con supuestos “moderados” como Hashemi Rafsanjani y un joven Hassan Rouhani. Para Israel y la administración Reagan, estos hombres representaban una apuesta estratégica; sin embargo, el ala dura de la Guardia Revolucionaria terminó utilizando la traición del escándalo para consolidar su poder.
La historia nos enseña que esta amoralidad tuvo un costo de sangre. La inteligencia señala que los atentados a la Embajada de Israel (1992) y a la AMIA (1994) fueron represalias directas ejecutadas por Imad Mugniyah bajo órdenes de Teherán, funcionando como un “cobro de deuda” por el fin de los suministros tácticos.
Lecciones de una traición programada
Hoy vemos una evolución de este cinismo. Líderes con esencia de “hombres de negocios” hacen público lo que antes era secreto, tratando la geopolítica como un gran contrato. La Doctrina Reagan de anticomunismo pragmático ha mutado en una transparencia de intereses donde las alianzas son transaccionales.
Para el israelí del montón, la preocupación es existencial: que en este mundo de negociantes, el Estado deje de ser el actor para convertirse en la presa a negociar. En un tablero donde la soberanía corre el riesgo de ser una simple cláusula de rescisión, debemos recordar que nuestra permanencia no tiene precio ni se sienta en la mesa de saldos.
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