El pasado martes 21 de abril, en el histórico Recinto Legislativo de la calle Donceles, en el corazón del Centro de la Ciudad de México, el Congreso capitalino entregó por unanimidad la Medalla al Mérito Docente “Profesor José Santos Valdés” al empresario y filántropo José Shabot Cherem.
El galardón, otorgado por la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Innovación e Inteligencia Artificial de la III Legislatura, reconoció su trayectoria al frente de la Fundación Construyendo y Creciendo, organización que desde hace más de veinte años lleva alfabetización y educación básica directamente a las obras de construcción en la Ciudad de México y otras entidades del país.
De Siria a México, de la obra al aula
En su discurso ante el Pleno, Shabot Cherem no comenzó por sus propios logros, sino por algo anterior, habló de sus bisabuelos sirios, que llegaron a México entre 1910 y 1912 “sin recursos, sin certezas, sólo con la esperanza de salir adelante”. Esa historia familiar de migración y reinvención atravesó cada palabra de su intervención.
Narró cómo su abuelo paterno, Salomón Shabot, sin haber concluido la primaria, pasó de vender linóleo casa por casa a convertirse en industrial y fundar una de las primeras fábricas de alfombras nacionales. Y cómo su abuelo materno, José Cherem, fue el primer egresado de Ingeniería Civil de la comunidad judía en la UNAM, profesor universitario que hasta el final de sus días repitió que la educación había transformado su destino.
Sus padres —el ingeniero civil Moisés Shabot, quien participó en la construcción del Metro de la Ciudad de México, y la periodista Silvia Cherem, Premio Nacional de Periodismo— consolidaron en él esa convicción: “La educación es el cimiento de todo. Sin ella, todo es más frágil. Con ella, todo es posible.”
El momento que cambió su rumbo
La chispa que encendió la fundación llegó durante su primer empleo como ayudante de residente de obra. Shabot Cherem se encontró con que muchos trabajadores no hablaban español, que los letreros de seguridad eran inútiles porque no sabían leer, y que esa misma ignorancia los dejaba indefensos el día de cobro: “Les pagaban menos… y no podían reclamar, porque no sabían cuánto debían ganar ni cuáles eran sus derechos.”
Fue una revelación incómoda y transformadora: “La falta de educación no sólo limita… también vulnera“, dijo ante los diputados. Y decidió actuar.
Junto con familiares y amigos creó Construyendo y Creciendo, con la premisa de llevar el aula a la obra, no esperar a que el trabajador llegue al aula. Con el respaldo del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y múltiples aliados del sector privado, la fundación ha impartido alfabetización, primaria, secundaria, preparatoria, capacitación técnica y educación tecnológica directamente en los frentes de trabajo, acumulando decenas de miles de graduados a lo largo de dos décadas.
Las historias que valen más que cualquier diploma
El discurso de Shabot Cherem estuvo sembrado de nombres concretos. Sergio, un trabajador originario de Oaxaca que, tras terminar la secundaria en una obra de Polanco, regresó a su comunidad y alfabetizó a más de doscientas personas. María Eugenia, de 60 años, que al aprender a leer dijo: “Por primera vez veo el mundo en color.” Claudia, que encontró en la educación la fortaleza para salir de una relación de violencia.
“Eso es la educación. No son diplomas. Es dignidad. Es libertad. Es oportunidad”, resumió Shabot Cherem.
Un reconocimiento colectivo
Al recibir la presea, Shabot Cherem fue enfático en distribuir el honor: “Esta medalla es de todos los que forman parte de Construyendo y Creciendo.” También reconoció a su esposa, Dorit, a quien describió como “educadora y compañera fundamental en este camino“, y mencionó a sus cuatro hijos —Moisés, Sylvia, Vivian y Ariela— como el horizonte que da sentido a su trabajo.
Cerró con una frase que condensa el espíritu de su trayectoria y el de una familia que lleva más de un siglo apostando por México: “Lo que hagamos en educación no es para nosotros. Es para ellos. Para construir un país donde el origen no determine el destino.”
La Medalla al Mérito Docente “Profesor José Santos Valdés” es el reconocimiento más alto que otorga el Congreso de la Ciudad de México en materia educativa. En esta ocasión, recayó en José Shabot Cherem, quien lleva más de veinte años demostrando que el aula puede estar en cualquier parte donde haya alguien con ganas de aprender.
¡Felicidades, José Shabot!
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