En Medio Oriente, las treguas suelen despertar esperanzas que rara vez sobreviven al paso del tiempo. El actual cese parcial de hostilidades ha sido presentado por algunos como el inicio de una etapa de distensión. Sin embargo, una observación realista del escenario sugiere otra cosa: las diferencias de fondo entre las partes siguen intactas y, en varios casos, resultan irreconciliables.
Muchos críticos del gobierno israelí reprochan al primer ministro Benjamin Netanyahu supeditar decisiones estratégicas a los tiempos y preferencias del presidente estadounidense Donald Trump. La objeción parte de un deseo comprensible: que Israel pueda actuar con total autonomía para eliminar por sí solo todas las amenazas que enfrenta. El problema es que la política internacional no se rige por deseos, sino por correlaciones de fuerza.
Israel posee una capacidad militar extraordinaria, pero incluso los Estados más poderosos tienen límites. Pretender que puede resolver por sí solo todos los desafíos estratégicos de la región equivale a caer en una ilusión de omnipotencia. La alianza con Estados Unidos no constituye una debilidad vergonzante, sino un componente esencial de su seguridad nacional.
Los recientes ataques contra instalaciones iraníes también lo han demostraron con claridad. La utilización de bombas de penetración profunda, capacidad que solo posee plenamente Estados Unidos, revela que determinadas operaciones estratégicas exceden las posibilidades de Israel actuando en soledad.
Al mismo tiempo, muchos detractores de Trump parecen interpretar cada negociación o demora táctica como señal de abandono. Pasan por alto que el mandatario estadounidense ha hecho de la presión combinada con la negociación una marca personal. Quienes lo juzgan desde parámetros tradicionales suelen subestimar un estilo que alterna amenazas, gestos inesperados y búsqueda de ventaja máxima antes de actuar.
Mientras tanto, los hechos recientes muestran que Washington no permanece inmóvil. Las advertencias estadounidenses frente a Irán en torno al estrecho de Ormuz y los movimientos coordinados con potencias europeas para garantizar la navegación indican que la Casa Blanca no se ha retirado del tablero regional. Tal vez negocie, pero lo hace desde posiciones de fuerza.
Existe además otro dato que Israel no debería ignorar. Diversas encuestas recientes reflejan un cambio profundo en la opinión pública demócrata hacia Israel. Sondeos difundidos en 2025 y 2026 señalan que cerca del 80% de los demócratas mantienen hoy una visión desfavorable del Estado judío. No resulta casual que el prestigioso abogado Alan Dershowitz, histórico votante demócrata y defensor de Israel, haya denunciado un sesgo antiisraelí sin precedentes dentro de ese partido, al que renunció. Un eventual cambio de gobierno en Estados Unidos podría traducirse, por lo tanto, en un escenario menos favorable para la seguridad israelí.
Sin embargo, el principal obstáculo para una tregua duradera no se encuentra en Washington, sino en la propia región. Líbano exige la retirada total israelí de las zonas en disputa. Israel difícilmente aceptará abandonar posiciones sin garantías reales de seguridad. Hezbollah no parece dispuesto a desarmarse, del mismo modo que Hamas difícilmente renuncie voluntariamente a su poder militar y político en Gaza.
A ello se suma una preocupación profunda dentro de Israel. Muchos ciudadanos temen que se declare el fin del conflicto sin garantías reales para el norte del país, aún expuesto a la amenaza de Hezbollah. Del mismo modo, persiste el temor de que Irán utilice negociaciones prolongadas para conservar su uranio enriquecido y acercarse, bajo cobertura diplomática, a la capacidad de fabricar armas nucleares.
Sobre semejante cúmulo de incompatibilidades se pretende edificar una paz estable. El resultado más probable no es una solución definitiva, sino una pausa transitoria.
La historia regional enseña que muchas veces la tregua no significa reconciliación, sino apenas el intervalo entre dos confrontaciones. Y todo indica que esta vez tampoco será diferente.
Rubén Kaplan
Periodista y escritor
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