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jueves 18 de junio de 2026

El extraño caso de Irán en el Mundial 2026

El Mundial de 2026 será el primero en la historia con tres países anfitriones. Pero para una selección, el problema no será el rival de enfrente, sino el país donde se disputan sus partidos.

Esta es la historia de cómo Irán llegó al Mundial mientras mantiene un conflicto activo con uno de los anfitriones del torneo.

Irán se ganó su lugar en este Mundial de la manera más limpia posible: terminó primero en su grupo de eliminatorias asiáticas, con seis victorias y dos empates. Su clasificación nunca estuvo en duda. Sin embargo, entre el final de las eliminatorias y el inicio del torneo, el contexto internacional cambió drásticamente.

La escalada militar entre Estados Unidos e Irán durante 2026 transformó lo que debía ser una celebración deportiva en uno de los episodios geopolíticos más inusuales de la historia reciente del fútbol.

El plan original era que la selección iraní estableciera su concentración en Tucson, Arizona. Eso nunca ocurrió. El gobierno estadounidense emitió visas con vigencia de un solo día, exclusivamente para los futbolistas y el personal técnico indispensable para disputar los encuentros.

Quince integrantes de la delegación oficial, entre ellos asesores, directivos y el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, no recibieron autorización para ingresar al país.

Ante esta situación, la FIFA y las autoridades mexicanas acordaron una solución poco común. Irán establecerá su base de operaciones en Tijuana, utilizando las instalaciones del Centro Xoloitzcuintle, complejo de entrenamiento de los Xolos de la Liga MX.

El procedimiento será el mismo para cada encuentro: el equipo cruzará la frontera el día del partido, disputará el encuentro correspondiente y regresará a territorio mexicano esa misma noche. Como explicó el embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh: “Pueden entrar en la mañana y el mismo día tienen que salir”.

Sus tres partidos de la fase de grupos se jugarán en Los Ángeles y Seattle. Debutaron frente a Nueva Zelanda el 15 de junio, después enfrentarán a Bélgica y cerrarán la fase de grupos contra Egipto el 26 de junio.

Nunca antes una selección clasificada había afrontado una logística tan particular en una Copa del Mundo organizada, en parte, por un país con el que mantiene un conflicto activo.

Más allá de las posturas políticas de ambos gobiernos, la situación refleja hasta qué punto los acontecimientos internacionales pueden influir en una competición deportiva.

Mientras diplomáticos, militares y dirigentes discuten asuntos que trascienden al fútbol, los jugadores continúan preparándose para competir en el escenario más importante de este deporte. Lo harán sin una concentración permanente en el país anfitrión y bajo condiciones muy diferentes a las del resto de las selecciones participantes.

El fútbol rara vez logra mantenerse completamente separado de la política. Sin embargo, torneos como este muestran que, incluso en medio de tensiones internacionales, las competiciones siguen adelante y los partidos terminan jugándose.

Irán debutará el 15 de junio ante Nueva Zelanda. Más allá de los resultados que consiga en la cancha, su presencia en el torneo ya ha convertido a esta selección en protagonista de una de las historias más particulares del Mundial de 2026.

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