El legado de los voluntarios del desierto
La Brigata Ebraica, nacida en 1944 bajo bandera británica, no fue una unidad menor en la arquitectura de la victoria aliada. Compuesta por 5,000 voluntarios de la Palestina bajo mandato, estos soldados portaron la Estrella de David en sus uniformes con una misión clara: combatir al nazismo en su propio terreno. Bajo el mando del brigadier Ernest Benjamin, figuras como Shlomo Shamir y Mordechai Maklef —quienes luego forjarían las defensas de un Estado naciente— cruzaron el río Senio y rompieron las líneas alemanas en el norte de Italia, devolviendo la libertad a ciudades que hoy parecen olvidar su rostro.
Crónica de una expulsión en Milán
El pasado 25 de abril de 2026, la conmemoración de la liberación en Milán se transformó en un escenario de hostilidad. Lo que debió ser un tributo a la resistencia terminó en un asedio contra la Brigada. Grupos de manifestantes bloquearon el paso en Corso Venezia, utilizando insultos y violencia física para impedir el avance de quienes representan el linaje directo de los libertadores de 1945. La intervención policial, lejos de garantizar el derecho al homenaje, optó por escoltar a la Brigada fuera del acto, consumando una paradoja histórica: la exclusión de los vencedores del fascismo en el día de su propia victoria.
Mística y resistencia: El canto de las barricadas
El espíritu de esta unidad se mantiene vivo en su simbología, un recordatorio de que su lucha no solo fue por territorio, sino por la dignidad de un pueblo.
Himno de la Brigada Judía
”De los montes de Judea al valle de Italia,
marchamos con la frente en alto y el corazón firme.
Bajo el azul y blanco, la estrella nos guía,
vengadores de un pueblo que nunca se rinde.”
Una memoria bajo ataque
El incidente de Milán no es un hecho aislado, sino un síntoma de una deriva política que intenta reescribir la historia. Al agredir a la Brigata Ebraica, no se ataca solo a una delegación actual, se intenta borrar la sangre de los combatientes que, hace más de ocho décadas, entregaron su vida para que Italia pudiera ser libre. La indiferencia ante estos ataques es el primer paso hacia el olvido de las raíces mismas de la democracia europea.
Hacia el horizonte del trabajo
Finalmente, cabe recordar que el próximo 1 de mayo se conmemorará el Día del Trabajador. Este representa el primer paso de una nueva etapa donde seguramente el esfuerzo y la justicia social volverán a ser el centro de nuestra construcción colectiva.
Sin embargo, el panorama es incierto. Es más que seguro que las banderas palestinas y de Hamás opacarán las marchas, distorsionando el sentido original de los homenajes y desviando la atención de los derechos laborales hacia una agenda política que amenaza con fracturar, una vez más, la memoria compartida. Resulta una contradicción dolorosa que estos movimientos terminen agrediendo a los judíos, un pueblo que históricamente ha aportado una cantidad inmensa de dirigentes y militantes a la lucha por la justicia universal.
Pero nosotros, como judíos, debemos tener algo claro: si bien nuestros enemigos son muy hábiles reescribiendo, reinventando o tergiversando la historia, nosotros tenemos el orgullo de ser, sencillamente, el pueblo que hace historia.
Por Diego Sciretta, desde Israel
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