Pasión por la historia: Una invitación al lector
La historia no es un depósito de datos muertos, sino un organismo vivo que respira en nuestras decisiones actuales. El objetivo de esta nueva sección, Héroes y Villanos, es educar. Entender a un rey de hace milenios es, en realidad, aprender a leer los titulares de esta misma mañana.
El estadista y el murmullo del pueblo
Hay una tragedia recurrente en la arquitectura del poder: la distancia entre la imagen del estratega global y la percepción de debilidad doméstica. Benjamín Netanyahu ha cimentado su carrera en la narrativa del líder que juega en una liga distinta. Sin embargo, mientras las gigantografías lo muestran con los “dueños del mundo”, en las calles se habla de un líder condicionado por los intereses de su esposa y de su hijo.
Los rostros de “La Otra Liga”: El Tablero de 2026
Identifiquemos a los protagonistas de ese tablero internacional, hombres que controlan los arsenales del planeta:
- Donald Trump: El actual presidente de los EE. UU., cuya alianza pragmática Netanyahu utiliza como escudo.
- Vladimir Putin: El estratega ruso que vigila nuestras fronteras desde el norte.
- Xi Jinping: El arquitecto del gigante chino, símbolo del nodo económico global.
- Javier Milei: El aliado-admirador que, desde Argentina, actúa como la “cola de león”, aportando legitimidad espiritual a la figura de Netanyahu.
La potencia del reino: El Rey Acab en el siglo IX a.C.
Hace 2.850 años, el Rey Acab fue el monarca más poderoso militarmente del Reino de Israel. La arqueología lo confirma como un estratega que lideró la coalición de doce reyes en la Batalla de Qarqar, aportando 2.000 carros de guerra. Fue un magnate que construyó palacios de marfil, dominando las rutas comerciales de la época.
La debilidad doméstica: De la viña a las perlas
¿Por qué el pueblo lo recordaba como un “manejado”? Por la historia de la viña de Nabot. Ante el capricho del Rey Acab, su esposa Jezabel orquestó un juicio falso y asesinato para satisfacer al monarca. Esta historia encuentra un eco asombroso hoy: la presión de Sara Netanyahu para obtener regalos de lujo —perlas y brazaletes— ha sido motor central en los juicios por fraude que hoy acorralan al Primer Ministro.
El juicio al legado: ¿Habrá herederos?
Aquí radica la diferencia fundamental. En el Israel moderno, Netanyahu enfrenta un tribunal civil. En tiempos del Rey Acab, existía el “Juicio Profético”. El profeta Elías no solo condenó a Acab, sino que profetizó el fin de su estirpe: su legado no continuaría.
Hoy, la mirada se posa sobre Yair Netanyahu. Convertido en un heredero político de posiciones reaccionarias, antidemocráticas y profundamente provocadoras, Yair representa para muchos esa continuidad que el pueblo judío ya temía en la antigüedad. El juicio actual, más allá de la sentencia a “Bibi”, funciona como un juicio profético moderno sobre su linaje: la posibilidad de que sus formas políticas, encarnadas en su hijo, sean finalmente rechazadas por un sistema que busca sanearse.
La diplomacia del “Souvenir” y el refugio final
El interrogante final es qué sucederá cuando el resplandor de los flashes se desvanezca. Si las alianzas con los líderes mundiales fallan, el líder podría encontrarse solo. Ya lo vimos con los antiguos reyes: cuando las coaliciones se hundían, terminaban regresando a las páginas de la Torá. ¿Se mantendrá Netanyahu en esa “otra liga” o el peso de su entorno terminará por borrar su nombre de la lista de los que construyen el futuro? El espejo de la historia sigue ahí, esperando el final del capítulo.
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