Juntos Venceremos
sábado 18 de julio de 2026

Rubén Kaplan / Vaffanculo Mamdani

Un gigantesco dedo medio de color bronce apareció recientemente frente al Ayuntamiento de Nueva York apuntando hacia la alcaldía. La obra llevaba un título inequívoco: Vaffanculo, expresión italiana equivalente a “vete a la mierda”. La instalación, realizada por el artista y activista Scott LoBaido, estaba dirigida contra el alcalde Zohran Mamdani y sus políticas. Colocada a mediados de mayo, hasta el día de hoy continúa erigida frente al Ayuntamiento neoyorquino, transformándose no sólo en una provocación visual, sino también en un símbolo persistente del creciente clima de polarización política y cultural que atraviesa la ciudad.

Más allá de su tono provocador y de la inevitable controversia estética y política que generó, la estatua parece expresar algo mucho más profundo que una simple protesta callejera. Refleja un creciente malestar de sectores que observan con preocupación la transformación ideológica de parte del progresismo demócrata representado por Mamdani y otras figuras surgidas en los últimos años dentro de la izquierda estadounidense.

Las sociedades suelen exteriorizar sus fracturas mediante elecciones, discursos o manifestaciones. Pero algunas veces también lo hacen a través de símbolos urbanos capaces de condensar tensiones políticas y culturales mucho más amplias. El gigantesco dedo medio instalado frente al Ayuntamiento neoyorquino parece pertenecer precisamente a esa categoría.

En artículos recientes expresé mi preocupación por el creciente distanciamiento de determinados sectores progresistas respecto de Israel y por el aumento de la normalización de discursos hostiles hacia el Estado judío en ámbitos políticos, universitarios y mediáticos. La aparición de esta obra parece reflejar que ese malestar ya no permanece limitado al debate ideológico o partidario, sino que comienza a manifestarse también mediante expresiones simbólicas cada vez más agresivas y polarizantes.

La paradoja resulta particularmente visible en Nueva York, ciudad históricamente identificada con el liberalismo, la diversidad y una importante presencia de votantes judíos demócratas. Resulta llamativo que una parte significativa de ese electorado haya respaldado a Mamdani pese a sus reiteradas posiciones hostiles hacia Israel y a recientes gestos que generaron fuerte rechazo en amplios sectores de la comunidad judía, como su participación en actividades vinculadas a la conmemoración de la Naqba (“catástrofe” en árabe), término utilizado por los palestinos para referirse a la creación del Estado de Israel en 1948, una fecha que muchos israelíes y judíos perciben no sólo como un recuerdo histórico palestino, sino también como una narrativa frecuentemente utilizada para cuestionar la legitimidad misma del Estado de Israel.

Probablemente los seguidores de Mamdani interpreten la estatua como una expresión intolerante o reaccionaria. Sus detractores, en cambio, la perciben como una respuesta extrema frente a políticas y discursos que consideran cada vez más radicalizados. Pero más allá de las distintas interpretaciones, la instalación del Vaffanculo parece haber logrado algo que excede largamente al gesto provocador: transformarse en un símbolo visible de las crecientes tensiones ideológicas y culturales que atraviesan hoy a Nueva York y al propio Partido Demócrata.

Quizá el verdadero significado de esa escultura no resida únicamente en la grosería del gesto, sino en el hecho de que una parte creciente de la sociedad estadounidense parece sentir que ya no encuentra otro modo de expresar su hartazgo político y cultural.

Rubén Kaplan
Periodista y escritor
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