El Mossad armó a las milicias kurdas con armas incautadas durante la guerra a las organizaciones terroristas Hamás en la Franja de Gaza y Hezbolá en el Líbano.
El armamento de las milicias se llevó a cabo como parte de un plan más amplio destinado a derrocar al régimen iraní. Como parte de la asistencia, las milicias kurdas recibieron apoyo financiero, vehículos y se les suministraron armas ligeras, misiles antitanque, granadas y proyectiles de mortero.
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense también participó activamente en el plan de seguridad para armar a los kurdos.
A pesar de la cooperación entre las agencias de inteligencia, el programa conjunto no se implementó por completo y finalmente fue cancelado a nivel político en Estados Unidos. El presidente estadounidense Donald Trump fue quien decidió cancelar el programa por completo.
La cancelación de la operación por parte del presidente Trump se produjo tras una fuerte presión del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan. La presión turca provocó la paralización de la transferencia de equipos y armas, y el Mossad y la CIA se vieron obligados a poner fin al programa conjunto dirigido contra el gobierno de Teherán.
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