Es hoy el filoso interrogante que, públicamente o en el inconsciente colectivo, hierve en Israel. La atención a probables respuestas es hoy decisiva para cualquier ciudadano u observador inclinados a meditar más en el devenir de nuestro país que en los altibajos del presente.
Tendencia o capricho que parecen irrefrenables en estos días cuando Israel ya conoce una afiebrada puja electoral que podrá fin, o no, al largo gobierno de Netanyahu.
Asunto que, a mi ver, tiene alto relieve cuando se atiende y constata el irrefrenable ascenso demográfico y político de la ortodoxia rabínica.
Hasta aquí, su creciente presencia demográfica, de un 15 a un 18 por ciento de la población, le concede importante lugar en no pocas ciudades de Israel. Porcentaje que se elevará al paso del tiempo debido a la ausencia de controles en el número de hijos y la estabilidad relativa que hasta aquí fluye de sus convenientes acuerdos con la coalición gubernamental jefaturada por Netanyahu.
En estas circunstancias, la gravitación demográfica y política se ampliará con rapidez en los próximos años. Y sus intenciones no cambiarán: preservar y difundir una postura ideológica y pública que alienta la ubicua presencia de Jehová en la sustancia y orientaciones del país.
Orientación que reduce hasta minimizar la importancia de la autonomía política del Estado, al tiempo que empobrece hasta disolver inclinaciones científicas y artísticas entre sus miembros.
El estudio de textos bíblicos y talmúdicos es la excluyente preferencia.
Presencia y voces que hoy se multiplican por la proximidad y perspectivas del torneo electoral.
Estos sectores muestran hoy conveniente distancia respecto a Netanyahu, líder y figura que desde su ejercicio en el poder desde las últimas décadas se esfuerza en tejer convenientes y convenidos nexos con ellos.
Hoy parece evidente: si esta actitud se mantiene después del juego electoral, su fecha espera algún convenido acuerdo, estos sectores pondrán en tensión actitudes y acuerdos fundamentales de la sociedad israelí. Un escenario que justificadamente inquieta a sectores laicos y liberales en nuestro país. Padres desean ofrecer a sus hijos una duradera y competitiva formación en un entorno crecientemente presidido por la IA.
Intención que apenas pueden conciliar con el intenso empeño militar, hoy reclama tres o más años, que el país en estas circunstancias necesita. Dilatada inquietud que apenas merece algún aporte o comprensión en los círculos ortodoxos.
En estas circunstancias, estos sectores encaran importantes imperativos: mantener una conveniente coalición con el sector gubernamental y confiar en que la expansión demográfica gravitará en su favor.
De momento les es indispensable una conveniente alianza con el sector gubernamental mientras continúan la vida en aislados guetos con el supuesto y la seguridad de que en el andar del tiempo se ampliará la perspectiva de ganar espacios y adueñarse del país con el voto o por otros medios.
Escenarios que hoy ponen en tensión amplios sectores de la población laica y tolerante.
No pocos de ellos ya manifiestan impaciencia o fatiga cuando las exigencias del país hoy se multiplican y ponen en peligro el devenir de los hijos.
Un difícil reto que en estos días Israel debe enfrentar y resolver.
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