Juntos Venceremos
jueves 04 de junio de 2026

Rubén Kaplan / ¿Existe Israel gracias a Trump?

Las declaraciones del presidente Donald Trump suelen oscilar entre la audacia política y la hipérbole. Acostumbrado a presentarse como protagonista central de los acontecimientos, no resulta extraño que algunas de sus afirmaciones generen controversia incluso entre quienes valoran positivamente gran parte de su gestión.

Una de sus expresiones más recientes provocó sorpresa en Israel y fuera de él. Al referirse a la amenaza iraní y al papel desempeñado por Estados Unidos en la defensa del Estado judío, Trump llegó a sugerir que Israel existe gracias a él. La afirmación, más allá del contexto en que fue formulada, invita a una reflexión que trasciende la figura del mandatario norteamericano.

Sería injusto desconocer la importancia de las decisiones adoptadas por Trump durante sus mandatos. El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, el traslado de la embajada estadounidense, la aceptación de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y el impulso de los Acuerdos de Abraham constituyen hitos que modificaron significativamente el escenario diplomático de Medio Oriente. A ello cabe agregar la estrecha cooperación militar y estratégica entre Washington y Jerusalén frente a Irán, evidenciada en los recientes enfrentamientos con la República Islámica, donde ambos países actuaron coordinadamente para neutralizar amenazas que consideraban comunes. Pocos presidentes estadounidenses demostraron un respaldo tan explícito hacia el Estado judío.

Tampoco puede ignorarse la gravedad de la amenaza representada por Irán. Desde hace décadas, el régimen de los ayatolás financia, arma y dirige organizaciones terroristas como Hezbollah y Hamas, mientras desarrolla programas militares y nucleares que generan profunda preocupación en Israel y en gran parte de Occidente. Son numerosos los analistas que coinciden en que un Irán dotado de armas nucleares representaría una amenaza existencial para el Estado judío.

En este sentido, la cooperación estratégica entre Estados Unidos e Israel constituye un factor de enorme importancia. Resulta difícil imaginar que Israel pueda enfrentar completamente solo un desafío de semejante magnitud. Pero también es cierto que Washington no actúa únicamente por altruismo. Al impedir que Irán se convierta en una potencia nuclear militar, Estados Unidos protege intereses propios relacionados con la estabilidad regional, la seguridad internacional y la defensa de Occidente frente a regímenes hostiles.

La propia relación entre Trump y Netanyahu demuestra la complejidad de esa alianza. Recientemente trascendió una áspera conversación telefónica en la que Trump cuestionó duramente determinadas operaciones israelíes contra Hezbollah en el Líbano, especialmente aquellas que podían derivar en una ampliación de la ofensiva y ofrecer a Irán una excusa para abandonar las negociaciones.

En ese contexto, el presidente estadounidense llegó a utilizar expresiones poco diplomáticas al dirigirse a Netanyahu, aunque posteriormente ambos admitieron y minimizaron el incidente. Trump reiteró públicamente su estima por Netanyahu y el primer ministro israelí relativizó el episodio, restándole trascendencia.

Algunos observadores incluso especularon con la posibilidad de que la dureza pública del intercambio entre Trump y Netanyahu haya tenido también una dimensión política o comunicacional destinada a transmitir determinados mensajes a terceros actores. Naturalmente, se trata de una hipótesis imposible de verificar. Lo cierto es que los hechos posteriores parecen haber confirmado la continuidad de una estrecha cooperación entre Washington y Jerusalén.

No obstante, una cosa es reconocer el papel decisivo desempeñado por Estados Unidos y otra muy distinta atribuir la existencia misma de Israel a una sola persona.

La historia ofrece una perspectiva más amplia. Mucho antes de Trump, el pueblo judío sobrevivió a faraones, asirios, babilonios, persas, griegos y romanos. Resistió expulsiones, persecuciones, inquisiciones, pogromos y el intento de exterminio perpetrado por el nazismo. También enfrentó guerras convencionales y amenazas existenciales desde la creación del Estado de Israel en 1948.

Los grandes imperios que intentaron destruir al pueblo judío desaparecieron. Israel continúa existiendo. 

La permanencia histórica de Israel no puede explicarse exclusivamente por el apoyo de una potencia extranjera ni por la acción de un líder determinado, por importante que éste haya sido. Los dirigentes influyen en la historia, pero no la crean por sí solos. Pasan los presidentes, cambian las alianzas, se transforman los escenarios internacionales, pero algunas naciones poseen una capacidad de supervivencia que desafía toda lógica histórica.

Quizá allí reside la principal objeción a las palabras de Trump. No porque deba minimizarse su contribución a la seguridad y al fortalecimiento diplomático de Israel, sino porque ninguna persona puede atribuirse la existencia de una nación cuya historia se extiende por milenios.

Israel agradece a sus amigos y reconoce a quienes lo ayudan en momentos difíciles. Pero su existencia no comenzó con Trump y tampoco terminará con él.

Rubén Kaplan
Periodista y escritor
_______________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío