Juntos Venceremos
martes 23 de junio de 2026

¿Hay acuerdo de paz? ¿Quién ganó?

Cuatro meses de guerra. Cientos de muertos. Su líder supremo fue asesinado en un ataque aéreo. Sus instalaciones nucleares bombardeadas por los B-2 más avanzados del mundo.

Y al final de todo eso… Irán y Estados Unidos alcanzaron un acuerdo preliminar que se pretendía firmar el pasado viernes en Ginebra sin embargo fue aplazado. La pregunta que nadie puede responder con certeza es: ¿quién ganó?

Porque dependiendo de a quién se le pregunte, la respuesta cambia por completo.

Empecemos por lo que cedió Irán, porque no es poco. Teherán aceptaría congelar durante 20 años las actividades vinculadas a su programa nuclear militar, entregar parte de su uranio enriquecido y permitir nuevamente inspecciones internacionales. Para Washington, eso es una victoria histórica: la república islámica, que durante décadas desafió al mundo entero con su ambición nuclear, ahora se sienta a negociar bajo condiciones que ella misma habría rechazado hace apenas un año.

Y hay que recordar el contexto: Irán entró a este acuerdo habiendo perdido a su líder supremo Ali Jameneí, asesinado durante la guerra, y con su hijo Mojtaba ocupando el cargo apenas desde marzo. Un régimen golpeado en su núcleo mismo.

Pero eso es solo la mitad de la historia.

Porque lo que Irán obtiene a cambio, según la agencia oficial iraní Mehr News, no es menor, aunque es importante recalcar que Estados Unidos no ha confirmado públicamente todos estos puntos. El acuerdo contemplaría la liberación de hasta 24,000 millones de dólares en activos iraníes congelados, la suspensión de sanciones sobre la venta de petróleo iraní y sus derivados, y el levantamiento del bloqueo naval impuesto por Estados Unidos. El Estrecho de Ormuz vuelve a abrirse, lo que significa que el flujo de petróleo iraní al mundo se reanuda.

Dicho de otra forma: el régimen sobrevivió. Sobrevivió a los ataques aéreos. Sobrevivió al bloqueo económico. Sobrevivió al asesinato de su liderazgo. Y sale del conflicto con sus estructuras de gobierno intactas y con miles de millones de dólares potencialmente desbloqueados.

Pero hay una capa más que complica todo. Mientras fuentes estadounidenses sostienen que el objetivo final es el desmantelamiento completo de las capacidades nucleares iraníes, funcionarios de Teherán afirman que el acuerdo les permitiría conservar parte de su infraestructura existente bajo ciertas condiciones.

En otras palabras: los dos países firmarán el mismo papel pero lo están leyendo distinto. Trump lo vendió como una rendición iraní. Pezeshkian lo vendió como paz con dignidad. Ambos para sus propias audiencias. Ambos con razones políticas para hacerlo.

¿Quién ganó realmente?

La respuesta más honesta es que todavía no se sabe. Lo que se estuvo a punto de firmar el viernes pasado no es un tratado definitivo, es un punto de partida. Los detalles más importantes del programa nuclear, los misiles balísticos y el papel de Irán en la región se negociarán en los próximos 60 días.

Lo que sí es claro es esto: Irán entró a esta guerra como uno de los países más presionados del planeta, perdió a su líder máximo, vio sus centrifugadoras destruidas, y aun así sale de ella todavía en pie, con la posibilidad de recuperar miles de millones de dólares y con un asiento en la mesa de negociaciones.

Para un régimen que muchos daban por acabado, eso ya es algo.

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