Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Matot-Masey

Manteniendo la Moral

Cuando los israelitas se disponían a entrar a Canaán, las tribus de Rubén y Gad se acercaron a Moshé diciendo que preferían no cruzar el Yardén y de esa manera renunciaban al territorio en la tierra de Canaán y se independizaban del tronco familiar. 

La consecuencia de su solicitud implicaba que no tendrían que enfrentar las futuras guerras junto con el resto de sus hermanos. En la práctica que se estaban “separando” de la futura nación y que se excluían de la Tierra Prometida, pero, es dudoso que los años del caos en el desierto habían unido a ese grupo de esclavos manumitidos hasta forjarlo en un grupo homogéneo.

La diferencia fundamental entre el Israel bíblico e Israel moderno es entre un Estado democrático, con minorías nacionales y religiosas, con libertad de conciencia, mientras que en el desierto era todavía un grupo de tribus sin consciencia nacional.  No se habían liberado de ser extranjeros, súbditos de explotadores sin ninguna responsabilidad ni libertad. Por eso, no se puede aplicar el texto de Bemidbar 32 de manera literal al debate interno actual.

Moshé indignado les planteó «¿Irán vuestros hermanos a la guerra mientras vosotros os quedáis aquí… ¿Y por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado el Señor?» (Bemidbar 32:6). No le era aceptable que una parte del pueblo disfrute de seguridad mientras otra parte arriesga su vida. La unidad nacional exige corresponsabilidad en momentos de peligro. La deserción o la falta de solidaridad puede desmoralizar al resto y repetir errores del pasado (como sucediera ya con los exploradores que envió a conocer la tierra).

Después, las tribus de Rubén y Gad aclaran que sí irán a la guerra, dejando a sus familias en ciudades fortificadas, y lucharán hasta que el resto de Israel reciba su heredad. Solo entonces volverán a sus tierras al este del Jordán.

Moshé aspiraba que la responsabilidad en el esfuerzo de la defensa sea compartida y sentía que es una obligación colectiva. Si unos combaten y otros no, se rompe la solidaridad nacional. Si el peligro es común; la carga también debería serlo.

La respuesta de Rubén y Gad es que participarán condicionadamente, pero que participarán en el esfuerzo bélico.

Cuando dijeron que otros asuman las responsabilidades, que otros paguen las cuentas, que otros hagan los sacrificios —menoscaban la fuerza y la moral de todo el pueblo.  Cada uno de nosotros tiene el privilegio y el honor de hacer lo que le corresponde para promover la causa.

La decisión generó tensiones internas, riesgo de separación espiritual, vulnerabilidad militar y, con el tiempo, una mayor exposición a invasiones, culminando en que estas tribus fueron las primeras en ser exiliadas siglos después.

En Bemidbar 32 y Yehoshúa 13–22, las dos tribus y media pidieron quedarse en las tierras fértiles de Guilad y Bashán. Cumplieron la condición, pero su ubicación tuvo efectos a largo plazo.

Rashí interpreta que las dos tribus y media actuaron movidas por intereses materiales. En Bemidbar 32:1, Rashí nota que Rubén y Gad mencionan primero sus posesiones (“tenemos mucho ganado”) antes que su familia, lo que revela una prioridad equivocada de los intereses personales por encima de la vida espiritual.

Estar fuera del territorio principal de Israel creó una distancia física que pronto se convirtió en distancia social y espiritual. En Yehoshúa 22, estudiamos cómo construyen un gran altar en el Jordán, acto que las demás tribus interpretan como una ruptura religiosa y casi estalla una guerra civil:

Y llegando a los límites del Yardén que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Menashé edificaron allí un altar junto al Yardén, un altar de grande apariencia.  Y los hijos de Israel oyeron decir que los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Menashé habían edificado un altar frente a la tierra de Canaán, en los límites del Jordán, del lado de los hijos de Israel, cuando oyeron esto los hijos de Israel, se juntó toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos”.

Las tierras al este del Jordán se convirtieron en una frontera expuesta ya que limitaban con pueblos hostiles como los amonitas, moabitas y arameos y sin la barrera natural del Jordán, eran más vulnerables a ataques.

Fueron las primeras en caer en el exilio tal como relata I Crónicas 5:26. Rubén, Gad y la media tribu de Menashé fueron “las primeras llevadas cautivas por los asirios”. Esto ocurrió alrededor del siglo VIII a.e.c., mucho antes del exilio del resto de Israel y Yehudá:

“Por esta razón, el Dios de Israel incitó a Pul, rey de Asiria, es decir, a Tiglat-piléser, quien desterró a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Menashé; y los llevó a Halah, Habor, Hará y al río Gozán, donde están hasta el presente”.

Aunque inicialmente permanecieron fieles, la distancia del Templo y del culto centralizado en Jerusalén facilitó influencias externas, dificultó la participación regular en festividades y sacrificios, y contrariamente a lo que se podía suponer tratándose de un grupo minoritario, contribuyó a una identidad menos integrada en el conjunto de Israel.

Malbim explica que el altar construido por las dos tribus y media no fue idolatría, sino un símbolo de pertenencia ya que ellos temían que, por estar lejos, el resto de Israel los considerara “menos israelitas”. Para Malbim, esto revela que la separación geográfica crea inevitablemente separación emocional y religiosa. La reacción de las otras tribus (casi una guerra civil) confirma que la decisión de vivir fuera del territorio principal generó sospechas y tensiones.

Toda división, incluso si fuera amparada por razonamientos aparentemente puros, trae solo sufrimiento y destrucción, que las dos tribus egoístas no previeron, pero al final debieron pagar el precio de esa decisión.
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Yerahmiel Barylka: "Después de liderar el movimiento juvenil Ezra, a los diecisiete años de edad se inició en la educación formal, dirigiendo la Escuela Religiosa Israelita Heijal Hatorá, en Buenos Aires, luego de lo cual fue profesor del Instituto de Superior de Estudios Judaicos (Majón Lelimudey Haiadut) y dirigió las escuelas Talpiot y José Caro en Buenos Aires. Durante 11 años fue el director de la Agrupación Juvenil Ramah de la Congregación Israelita de la República Argentina en la que centenares de jóvenes tuvieron sus primeras vivencias religiosas y participaron en sus actividades educativas. Se desempeñó como Capellán de los Institutos Penales de Buenos Aires, entre 1960 y 1976, asistiendo a los internos de religión judía en sus necesidades espirituales personales y espirituales. Se trasladó a México en el año 1976 convocado para dirigir la escuela Yavne y durante su larga estadía en ese país, dirigió el Seminario de Maestros Hebreos que luego se convirtió en la Universidad Hebraica, el Centro de Estudios Judaicos (CEJ), la representación en México del Instituto Weizmann de Ciencias de Rehovot, Israel, y fue Asesor de Presidencia de la Comunidad Maguen David. Actualmente se desempeña como asesor de comunidades judías latinoamericanas y como Director General de Otot -Servicio de consultoría educativa y comunitaria especializado en las comunidades judías de habla española."