Desde el 3 de julio se encuentra disponible ya en Netflix la película Bau: Artist At War, sobre la extraordinaria vida de Joseph Bau, uno de los artistas más singulares de la historia de Israel y un sobreviviente del Holocausto cuya creatividad se convirtió en una poderosa herramienta de resistencia.
Más que un relato sobre los horrores del Holocausto, la producción presenta una historia de amor, valentía y esperanza de cómo el talento se convirtió en un medio para salvar vidas.
Nacido en Cracovia en 1920, Joseph Bau estudió arte hasta que el estallido de la Segunda Guerra Mundial interrumpió su formación.
Durante la ocupación nazi fue confinado al gueto de Cracovia y posteriormente al campo de concentración de Płaszów. Allí, los alemanes aprovecharon sus habilidades como dibujante y diseñador gráfico, pero Bau utilizó ese mismo talento para falsificar documentos que ayudaron a salvar a numerosos judíos y para colaborar con la resistencia judía.
Uno de los episodios más conmovedores de su vida ocurrió en Płaszów, donde conoció a Rebecca Tennenbaum. Ambos lograron casarse en una ceremonia secreta dentro del campo después de que Joseph se disfrazara de mujer para entrar al sector femenino.
Años más tarde, esta historia inspiró una de las escenas incluidas en La lista de Schindler, acercando al público mundial un pequeño fragmento de una vida verdaderamente extraordinaria.
Cuando algunos compañeros le propusieron falsificar documentos para escapar, Joseph se negó. “Si yo huyo, ¿quién salvará a los demás?”, respondió, convencido de que podía ayudar a otros prisioneros.
Tras el final de la guerra, Joseph y Rebecca emigraron a Israel junto con su hija mayor, Hadassah. En su nuevo país, Bau desarrolló una carrera tan diversa como brillante: fue pintor, caricaturista, ilustrador, poeta, escritor, diseñador gráfico, creador de tipografías, inventor, publicista y uno de los grandes pioneros de la animación israelí.
En su estudio de la calle Berdyczewski, en Tel Aviv, construyó con equipos de filmación y animación, diseñó fuentes tipográficas utilizadas en reconocidas producciones israelíes y trabajó hasta el final de su vida.
Su creatividad también fue puesta al servicio de la seguridad nacional. Gracias a su dominio de la caligrafía y la falsificación de documentos, colaboró discretamente con el Mossad en diversas operaciones encubiertas, una faceta de su vida que durante muchos años permaneció en secreto.
El robo del legado de Bau
Sus hijas, Hadassah y Tzlila administran el Museo Casa Joseph Bau en Tel Aviv. Sin embargo, preservar ese legado no ha sido una tarea sencilla.
Hace dieciséis años, el museo sufrió un robo en el que desaparecieron numerosas pinturas, dibujos, fotografías y objetos personales de Bau.
Desde entonces, ambas hermanas han emprendido una auténtica investigación detectivesca. Revisan constantemente subastas, galerías, mercados de antigüedades y sitios de venta con la esperanza de recuperar las obras robadas. Recientemente localizaron una pintura original de su padre ofrecida en una subasta, aunque temen que vuelva a cambiar de propietario antes de que pueda resolverse legalmente su restitución.
No es la primera vez que deben enfrentarse a una situación así. A principios de este año recuperaron una antigua cámara cinematográfica robada del museo que apareció en un mercado en Yafo. Aunque reconocieron inmediatamente el objeto por las marcas que tenía, terminaron pagando por él para evitar que desapareciera nuevamente. “No queríamos volver a perderla”, explicaron.
Las hermanas reconocen que cada obra recuperada representa mucho más que un objeto artístico. “Crecimos rodeadas de esos cuadros. Cada uno nos devuelve a nuestro padre. No tienen precio”, dijeron a Ynet. Sin embargo, todavía quedan numerosas piezas desaparecidas y hacen un llamado a cualquier persona que posea una obra original de Joseph Bau para que la devuelva. “No son solo pinturas; son el legado de nuestros padres y de todo lo que vivieron.”
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