RICARDO SILVA, corresponsal de Enlace Judío, asistió a la ceremonia número 32 del atentado a la AMIA, celebrada en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, en presencia de Axel Wahnish, embajador de Argentina en Israel.
Israel y Argentina reafirmaron un mensaje claro: la memoria no puede desaparecer y el terrorismo no puede quedar impune.
Silva se pregunta:
¿Cómo es posible que el mayor atentado contra una comunidad judía fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial haya quedado casi olvidado por el mundo?
Hace 32 años, un coche bomba convirtió la sede de la AMIA, en Buenos Aires, en una montaña de escombros. En cuestión de segundos murieron 85 personas y más de 300 resultaron heridas.
No era una base militar. No era un edificio del gobierno. Era un centro comunitario. Un lugar donde la gente trabajaba, estudiaba, hacía trámites y construía la vida de una comunidad.
Y, sin embargo, el eco de aquella explosión se fue apagando.
Hoy, en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, se realizó una ceremonia para recordar a las víctimas. Israel y Argentina reafirmaron un mensaje claro: la memoria no puede desaparecer y el terrorismo no puede quedar impune.
Pero aquí surge una pregunta incómoda.
¿El mundo realmente le dio a este atentado la importancia que merecía?
La respuesta es difícil de ignorar.
La AMIA fue el atentado más mortífero contra una comunidad judía en la diáspora desde el Holocausto. Sin embargo, fuera de Argentina, Israel y las organizaciones judías, cada año parece ocupar menos espacio en la memoria colectiva.
No hubo una justicia definitiva. No hubo un cierre para las familias. Y con el paso del tiempo, nuevas guerras y nuevas tragedias fueron desplazando este crimen de los titulares.
Sin embargo, la historia demuestra que la AMIA no fue un hecho aislado.
Fue una advertencia temprana de que el terrorismo internacional podía golpear a miles de kilómetros de Oriente Medio, atacar civiles inocentes y sembrar miedo en cualquier rincón del planeta.
Años después llegarían el 11 de septiembre, los atentados en Europa y, más recientemente, la masacre del 7 de octubre en Israel.
La lección sigue siendo la misma: cuando el terrorismo no encuentra justicia, encuentra oportunidades para volver a actuar.
Treinta y dos años después, la pregunta ya no es solo quién puso la bomba.
La verdadera pregunta es si el mundo ha aprendido algo de aquella tragedia… o si el silencio también termina siendo una forma de olvido.
Porque mientras las víctimas sean recordadas solo una vez al año, los terroristas habrán conseguido una parte de su objetivo: que el tiempo haga el trabajo que no pudieron completar los explosivos.
____________________________________________________________________________Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío






