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lunes 27 de julio de 2026

Irving Gatell/ El dilema de Arabia Saudita

Hace poco más de un mes, Arabia Saudita se salió del guión original de Donald Trump. Desde entonces, las cosas sólo se le han complicado, y ahora enfrenta acaso el peor dilema de su historia moderna.

El plan era lógico: terminando la guerra, Arabia Saudita y el resto de los países árabes que aún estaban pendientes se unirían a los Acuerdos de Abraham. Pero Mohamed bin Salman dijo que no, y puso como pretexto a los palestinos, esos mismos por quienes nunca ha tenido el mínimo interés. Que si no se avanza hacia la solución de dos estados, no hay acuerdo con Israel.

Ese cambio de postura molestó muchísimo a Trump. De hecho, fue justo a partir de ese momento que el presidente estadounidense empezó a comportarse de un modo sospechosamente amable con los iraníes, y el clímax fue cuando declaró que Irán tenía tanto derecho a tener misiles como Arabia Saudita. Un mensaje claro y directo.

Estados Unidos cambió el ritmo de su guerra, dejando que Irán se reposicionara un poco. No tanto como para atacar a Israel —las IRGC están evitándolo a toda costa, porque saben que no podrían enfrentarse a las FDI—, pero sí lo suficiente como para que vuelvan los ataques contra los países árabes en un intento por desequilibrar el mercado petrolero.

Arabia Saudita ya lo empezó a resentir. Primero fueron los bombardeos iraníes; luego, las agresiones houthíes; y ayer, drones disparados desde Irak contra el reino saudí. Vaya ironía: siempre se pensó que el país que tendría que enfrentar ataques por múltiples frentes sería Israel. En cambio, hoy es el más tranquilo en la región, y tiene todo bajo control. Son Irán, y ahora Arabia Saudita, los que han tenido que enfrentarse a múltiples agresiones llegadas desde todos lados. Lo de los saudíes apenas empieza, pero puede complicarse más de lo que la monarquía de Ryad quisiera.

El detalle es que Mohamed bin Salman no quiere ceder. No quiere aceptar la adhesión a los Acuerdos de Abraham así nada más, y es porque sabe que bajo ese esquema Arabia Saudita —a la larga— va a quedar en un lugar segundón frente a Irán —una vez que se haya recuperado plenamente bajo un gobierno aliado de occidente—, y tal vez hasta por detrás de los Emiratos Árabes Unidos —que son pequeños en tamaño en comparación al reino saudí, pero no en cuanto a potencial económico—. Por eso es que el príncipe heredero de la corona saudita intenta explorar otras opciones, y ya se ha hablado de fundar una especie de OTAN integrada por los propios saudíes, mas la Turquía de Erdogan, Qatar y Pakistán. La lógica sería la misma que la del organismo europeo: el que ataque a uno, ataca a todos.

Vale, pero ¿quién querría atacar a Arabia Saudita? Sólo hay dos opciones: los houthíes y las Guardias Revolucionarias iraníes.

¿Turquía y Pakistán van a estar dispuestos a entran en conflicto con esos países? Pakistán prefiere no meterse en problemas, y Turquía —o, más bien, Erdogan— sueña conque el conflicto sea contra Israel, no contra los enemigos de Israel.

El problema para Estambul es que Arabia Saudita marca el ritmo porque es el que tiene el dinero.

Y así, mientras Estados Unidos e Irán se preparan para el siguiente round e Israel se dedica a vigilar que nada se salga de control en su territorio, Arabia Saudita no sabe hacia dónde dirigirse mientras se acerca cada vez más el día en el que tenga que admitir que Trump siempre tuvo razón, y que lo más sensato que puede hacer es unirse a los Acuerdos de Abraham.

Aunque luego se convierta en un país segundón.

 


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