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Al mismo tiempo que la ONU votará por la creación de un Estado palestino, y los aliados regionales anteriores de Israel, Turquía y Egipto, se han vuelto hostiles a éste, gran parte de la comunidad internacional culpa al Estado judío por su propio aislamiento.

Si Israel se hubiera disculpado ante Turquía por la muerte de nueve personas en el asalto a la flotilla que el año pasado pretendió romper el bloqueo a Gaza – dice el argumento -, el primer ministro Recep Tayyip Erdogán no estaría amenazando con mandar buques de guerra contra la costa israelí. Si Israel se hubiera disculpado ante Egipto por la accidental muerte de seis soldados mientras helicópteros israelíes penetraban en territorio egipcio y perseguían a terroristas el pasado agosto, los manifestantes egipcios no habrían destruído la embajada israelí en El Cairo mientras sus líderes rehusaban a recibir llamados telefónicos de sus pares israelíes desesperados por salvar a sus diplomáticos. Y si Israel detendría la construcción en los asentamientos y ofreciera a los palestinos una solución justa, éstos no irían ahora a la ONU para substituír las negociaciones por medio de una solución forzada.

Esta convergencia de culpas llega en un momento de vulnerabilidad espiritual para el pueblo judío. Después de todo, se trata de la época del arrepentimiento. Estos son los días de Rosh Hashaná, el año nuevo judío, cuando el proceso de autoevaluación se intensifica. De acuerdo a la tradición judía, la base de la penitencia está en pedir perdón. Antes de pedir perdón de Dios, debemos buscarlo en todos aquellos a los que hemos herido, aúnque no haya sido con intención.

Pero en la actual atmósféra, los judíos deben resistirse a la tentación de culparse a sí mismos. La intención del perdón es sanar. Sin embargo, éstos mismos que hoy exigen disculpas por parte de Israel no están buscando la reconciliación, sino exactamente lo contrario: criminalizar al Estado hebreo y negarle la posibilidad de defenderse.

Si habrán disculpas, estas tienen que ser basadas en hechos reales. Erdogán empezó a destruir la alianza turco-israelí mucho antes del incidente de la flotilla, que fué utilizado por él como una excusa para derogar más aún las relaciones con Israel; su meta no es restaurar los vínculos a su antiguo nivel, sino enfatizar su propia imagen en el mundo musulmán como el líder que humilló a Israel. Aún así, y aprovechando esta época de introspección, Israel podría ofrecerle a Erdogán la siguiente propuesta: Nosotros nos disculparemos por la pérdida de sus ciudadanos y usted se disculpará por alentar a los yihadistas turcos a violar el bloqueo legal y moral contra el régimen terrorista de Gaza.

Lo mismo se puede hacer con Egipto: Israel se disculpará por haber matado accidentalmente soldados egipcios – aunque no quedó claro si fueron muertos por helicópteros israelíes o por un kamikaze palestino – mientras que Egipto se disculpará por haber creado una atmósfera de odio contra Israel intermitentemente desde que se firmaron los tratados de paz, tal como lo demuestra el ultimo número de la publicación gubernamental “October”, en la cual Netanyahu es presentado como Hitler.

El asunto palestino es, claramente, mucho más complicado. Israel, el mundo árabe, y los mismos palestinos, se reparten en partes iguales la culpa por la tragedia de estos últimos. Bajo circunstancias adecuadas, y en espíritu de mutuo arrepentimiento, Israel se disculpará por su parte en el desplazamiento y ocupación de los territorios, los palestinos se disculparán por su función en alentar la negación por parte del mundo árabe del derecho del retorno judío a las tierras de sus antepasados y por haber incitado el resurgimiento del antisemitismo en todo el mundo. Y entonces cada parte perdonará a la otra por haber estado tan embebida en su propia situación traumática hasta el punto de no haber visto la situación traumática de contrario.

Quisiera ver a mi gobierno declarando un alto a la colonización sin límite de tiempo, mandando un mensaje a los palestinos y al mundo árabe de que no tienen nigún interés en la ocupación a menos que no sea por asuntos de seguridad, y que el pueblo judío no ha retornado a su casa para negarle a otro pueblo su hogar.

Pero detener la colonización, por más esencial que sea para nuestra integridad, no devolverá a los palestinos a la mesa de negociaciones. La moratoria temporaria anterior de Netanyahu, que duró diez meses, fué única en la historia, tal como lo reconoció la Secretaria de Estado Hillary Clinton. Aún así, la Autoridad Palestina boicoteó las negociaciones.

¿Puede Netanyahu ofrecerle a los palestinos un Estado equivalente a las fronteras de 1967 a cambio de la aceptación palestina de un Estado judío y de renunciar al derecho del retorno de los refugiados a Israel? Creo que sí. Ojalá lo expresara abiertamente, aunque esto significaría arriesgar su coalición gubernamental.

Pero la verdad es que lo que haga o decida Netanyahu no tiene importancia alguna; es totalmente irrelevante. Los ex primer ministros Ehud Olmert y Ehud Barak ya le ofrecieron a los palestinos un Estado con fronteras equivalentes a las de 1967. Sin embargo, éstos rechazaron las ofertas porque significaba la renuncia al “sagrado” derecho al retorno, tal como lo denomina Mahmud Abbás; el derecho sagrado de destruir a Israel a través de la subversión demográfica. El gobierno de Netanyahu no es la causa de la ruptura del proceso de paz, sino su resultado.

La tentación de autorecriminación de los judíos tiene raíces profundas en la sicología sionista. El sionismo es, al fin y al cabo, una revolución contra el fatalismo judío. Si la situación del judaísmo es difícil, seguramente la culpa es la falta de iniciativa de los judíos. “Im tirtzú, ein zo hagadá”, dijo Herzl (“Si lo deseais, no será una leyenda”).

Tanto la derecha como la izquierda israelí están de acuerdo que Israel puede determinar su futura realidad en forma unilateral, sin tener en cuenta las circunstancias. Si a Israel le falta seguridad, dicen los derechistas, ésto es porque no hemos proyectado suficientemente nuestras capacidades ofensivas. Si Israel no tiene paz, dicen los izquierdistas, ésto es porque no hemos concedido lo suficiente.

Ambas sectores politicos niegan implícitamente a los árabes como un factor independiente, con su propia agenda y sus ideas o ideologías. ¿Qué pasa si el mundo árabe decide no aceptar los derechos legítimos de Israel? ¿Qué pasa si Oriente Medio estará experimentando transormaciones que tienen poco o nada que ver con los deseos de Israel?

Este Yom Kipur pediré perdón por mis pecados y por los pecados colectivos de Israel, tal como la liturgia me lo exige. Pero esperaré con mis pedidos de perdón políticos hasta el momento que éstos no sean manipulados a mi perjuicio.

No hay niunguna exigencia religiosa que me obligue a participar en mi propia demoinización, ni como persona ni como nación.

No pediré perdón de aquéllos que me niegan mi derecho de ser. (Fuente: The New Republic / Traducción: Sergio Goldfeld)

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