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DAVID HOFFS*

Participar en actividades empresariales orientadas al desarrollo de equipos de trabajo (godinear), me recordó los tantos años en que formé parte de una organización scoútica. Nuevamente observé las dinámicas sociales del liderazgo al ver cómo dentro de los equipos se desarrollaban nuevos líderes o se consolidaban los pre existentes. Dentro del movimiento scout, probamos varios tipos de “gobierno” al interior de la organización; desde dictaduras y duunviratos hasta la democracia. Resulta difícil juzgar cuál fue la más efectiva pues la calidad del líder y de la “población” eran factores cruciales muy cambiantes.

Recientemente los debates acerca de si debe o no haber consulta popular con respecto a la reforma energética, además de discutir a la misma, cuestionan el sistema político mismo que queremos operar. Así, la Suprema Corte estará dictaminando si lo que la Constitución marca es un sistema democrático puro, o si es representativo y hasta qué punto.

Platón (un ateniense democrático) idealizaba un mundo en donde los líderes fueran formados desde pequeños (reyes-filósofos). ¿Quién no quisiera ser gobernado por un líder benévolo, sabio y comprometido con el pueblo? El problema está en cómo suceder a dicho líder sin que otro pelafustán o despiadado tome su lugar. La democracia evita que lo peor de la sociedad retenga el poder, pues diluirá, por medio del voto, a las malas ideas (en promedio deberían tenerse mejores ideas… espero). La democracia también nos priva de lo mejor de la sociedad pues así como diluye las malas, diluirá a las buenas (democráticamente se ha esclavizado, instaurado dictadores y patrocinado al terrorismo). La calidad de las decisiones irá en función de la calidad del pueblo en sí.

Por otro lado, ante el crecimiento poblacional, sostener una democracia pura es imposible pues todas las decisiones tendrían que ser tomadas en conjunto. Una solución es la democracia representativa, que escoge popularmente un líder concentrador de decisiones al depositarle la confianza del pueblo. Sin embargo, esto no soluciona el problema de que las buenas ideas sean diluidas, pues aunque es cierto que el líder fue elegido al demostrar alguna habilidad, esto no necesariamente garantiza que tomará buenas decisiones. Para ello se requiere conocimiento teórico-técnico, correcta idea de Estado y gran calidad ética, algo que es difícil de reunir en una sola persona.

Una respuesta ha sido la tecnocracia, en la cual el líder escogido por el pueblo se rodea de expertos con la esperanza de obtener el conocimiento teórico-técnico necesario. Además, bajo un sistema republicano, existencia de un Congreso Legislativo y del Poder Judicial pone candados adicionales. El asunto está en que el Congreso también es elegido popularmente por lo que su capacidad técnica e idea de Estado resulta dudosa (grilla, carisma o meras palancas quedan comprobadas).

Aunque para México la democracia probablemente sea la mejor forma de Gobierno (al menos impide que empeoremos), el mandar a consulta popular las reformas recientes tomando en cuenta el nivel de educación promedio de nuestro país, no me suena prudente. Con todo y las fallas de nuestro sistema representativo y semi-tecnocrático, las probabilidades de éxito de una ley son mayores si se pasan por las Cámaras, el Ejecutivo y la Corte que por todo el pópulo.

En conclusión, buscaré que las decisiones en mi casa sean democráticas (y así me libre de la futura dictadura de mi señora)…

*Ingeniero Industrial y Maestro en Administración y Finanzas.
Profesor en el TEC de Monterrey y asesor financiero para el sector público y privado.
[email protected]

Fuente:capitaldemexico.com.mx

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