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Enlace Judío México.- Nadie sabe todo y nadie está abierto a aprender nuevas cosas –se me ocurre pensar- tras la lectura del libro de Catalina Herrera que predigo, se vende solo a partir del título atractivo, atrayente y por demás esclarecedor sobre un tema por demás delicado: la Kabalá y el judaísmo. Aunque, por un momento nos remonta a Woody Allen, encontramos un trabajo sistemático, fruto de la investigación y de años de aprendizaje.

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En cuestión del saber –aunque en la Kabalá se dice que la mujer nace sabia y aleccionadora, quien, de alguna manera, retorna al mundo del conflicto, por una sola cuestión: ayudar al hombre a encontrar su camino sabiamente. Y Catalina es sabia porque sabe transmitir con claridad el conocimiento de manera directa. No hay atajos en su texto. Al pan pan y al vino vino…aunque, en ocasiones, toque temas delicados, como la conversión y la recepción de los nuevos adeptos por los judíos de cepa, quienes eligen –irónicamente- vivir su judeidad o rechazarla, como se rechaza un traje luido por un traje “moderno” hecho a la medida…

Ante todo Catalina es maestra, de ahí la necesidad de esclarecer, verbigracia si Jesús, el nazareno, era judío o no… Para aclarar tan álgida cuestión se basa en maestros, como Sabán, quien resume dicho axioma fundamental con una frase: “No podemos estudiar a Jesús como un judío del siglo I si no comprendemos profundamente el judaísmo. No podemos estudiar a Jesús desde el cristianismo, porque Jesús no era un cristiano, sino un judío” (p.236)

En efecto: era un judío adscrito al judaísmo monoteísta abrámico, padre del pueblo de Israel, de los ismaelitas y de los cristianos. Por alguna razón, el monoteísmo –con su carácter moral en el aquí y en el ahora- prendió y persistió.

Catalina afirma categóricamente que, a partir del Jesús, se hicieron cientos de esfuerzos conscientes y perfectamente elaborados para eliminar las referencias judías de la vida de Jesús. La cúpula católica intentó por todos los medios (incluyendo la mentira, el miedo, la tortura y la violencia) que los seguidores de esta religión “cristiano-católica” odiaran a los judíos y separan en sus mentes a Jesús de su entorno judío”. Y cita al mencionado Sabán quien afirma no menos categóricamente: “El cristianismo del siglo II, para lograr su independencia del judaísmo, necesitó transformarse en pagano-cristianismo porque el cristianismo original es puro judaísmo ortodoxo, desde la visión del Rabino Jesús”. (236-7)Catalina, estudiosa incansable en su ruta al esclarecimiento del “barullo ancestral, origen del odio interpersonal, se fundamenta tanto en fuentes ancestrales, como en fuentes modernas. Incluso cita a Churchil, quien meditó sobre el judío y el judaísmo, tema creador de conflicto, odio irracional y conflicto bélico, quien dijo, quizá levantando ámpula en algún antisemita abierto o vestido con piel de oveja: “A algunas personas les gustan los judíos y algunas otras no. Pero ninguna persona pensante puede negar el hecho de que ellos son, más allá de toda duda, la más formidable raza que ha aparecido en el mundo”.

No se trata de calificar y descalificar –agrego tras embeberme en el texto inteligente de Catalina-. Se trata de esclarecer dudas de gran peso: aquellas que han erigido murallas, menospreciando la realidad e inventando o reinventando fábulas antisemitas y difamatorias, como la del “Judío errante”, quien no tuvo misericordia por Jesús, castigado por los romanos por insurrecto, nada fuera de lo común en aquella época, asesinato inclemente del cual se ha responsabilizado al judío de todos los tiempos. Como explica Catalina, la muerte en la cruz no era de judíos, ni de fariseos –los prushim, conscientes de transmitir el judaísmo prístino a sus descendientes.

Para finalizar, aplaudo el aprendizaje de Catalina, mujer cabal –como la del libro de Probervios, quien si viviera en nuestros tiempos –la del signo de Acuario—estudiaría Kabalá sin reparos y la enseñaría a las puertas de la ciudad.

Felicitó la entereza de Catalina, mujer pensante y sobre todo amiga, tenaz en sus decisiones para llegar a un público amplio: el judío y el no judío. Ambos sectores merecen aprender para no satanizar, para hermanarse en la amistad y en la concordia.

 

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