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Abre las puertas de tu corazón

Enlace Judío México.- Detrás de la puerta del despacho del Gaón Rabenu Bentzion Abba Shaúl ZT z”L se escuchaba un griterío impresionante. Las voces de la discusión aturdían el largo pasillo de la Yeshivá “Porat Yosef” en Yerushalaim. Todo el que pasaba por ese pasillo no podía dejar de mirar a los dos hombres que estaban parados allí y se gritaban uno al otro.

RAB. DAVID ZAED

– ¡Tú tienes la obligación…!

– ¡No es verdad!

– ¡Tienes que pagarme por eso!

– ¡No! ¡Hemos firmado un contrato, y esa cláusula no figura…!

En ese preciso instante se acerca la figura imponente del Rab, y los dos hombres hicieron silencio inmediatamente.

– Shalom… – saludó el Rab con calma y educación, como era su costumbre.

Venimos a que nos diga quién de los dos tiene razón, pues tenemos un pleito – pidió uno de los hombres.

– Hagan el favor de pasar y los atenderé con gusto – anunció el Rab. Y los tres estuvieron dentro del despacho.

¿Tú estás dispuesto a acatar la decisión del Rab? – le preguntó uno al otro.

– Yo sí. ¿Y tú?

– ¡Por supuesto que sí! ¡Yo fui el que tuvo la idea de venir aquí!

– Bueno. Habla tú y cuéntale al Rab la razón del conflicto.

Yo soy el conductor del ómnibus escolar donde quien me acompaña es el director. Todos los días hago subir a los niños y los transporto al Talmud Torá, y cuando terminan las clases los llevo de regreso, y recibo un sueldo por mi trabajo. Todo iba bien hasta que la población escolar aumentó a más del doble. Antes iba a dos o tres vecindarios y en cada uno recogía y llevaba a unos pocos niños. Pero ahora los niños vienen de todas partes; tengo que ir a varios vecindarios, y en cada parada hay muchos niños que transportar. Además del tiempo que se alargó muchísimo, tengo que abrirle la puerta del autobús a una gran cantidad de niños. Y a pesar de todo ello, el director no quiere pagarme ni una moneda más del sueldo inicial. Considero que eso no es justo…

– ¿Y tú qué dices? – le inquirió el Rab al director del Talmud Torá.

– Rabí: Baruj Hashem, cada vez hay más familias que quieren enviar a sus hijos al Talmud Torá, y la cantidad de alumnos aumenta día a día. No tengo ninguna queja con el conductor; al contrario, hace muy bien su trabajo, y quizás es uno de los motivos por el que los niños quieren venir al Talmud Torá. Pero lo acordado es lo acordado. En el contrato figura una cantidad de dinero en concepto de sueldo, y no especifica que hay que modificarlo de acuerdo a la cantidad de alumnos que viajan en el autobús…

El Rab Bentzion Abba Shaúl, luego de hacer una pequeña pausa, miró al conductor y le dijo solemnemente:

¿Sabes una cosa? Te envidio

– ¿Me… envidia? ¿Usted me envidia? – preguntó azorado el hombre.

– Yo estaría dispuesto a hacer tu trabajo, y a pagar por ello en lugar de recibir dinero… – repitió el Rab.
El conductor pensó que le estaba jugando una broma.

– Pero… ¿Por qué? ¿Cómo es posible que el honorable Gaón hiciese una tarea tan baja?

– ¿Tan baja? ¡Oh! Entonces no te estás dando cuenta de lo que estás haciendo todos los días. Te lo voy a explicar: ¿Tú compraste alguna vez, en el Bet Hakenéset, una “Petijat Hahejal”?

– ¿Usted se refiere a la apertura del Hejal para sacar de allí el Séfer Torá, no? Bueno, le diré que no siempre pude hacerlo cuando quise, porque a veces subastan esa Mitzvá y se llega a vender en una suma muy grande, pero algunas veces lo hice… sí, he comprado en algunas ocasiones “Petijat Hahejal”.

– ¿Y cuánto has donado para ello?

– Hum… – el conductor pensó un poco – Todo depende el día. En Shabat he donado unas decenas de Shekalim. Pero en las fiestas, algunas veces pagué cientos de Shekalim. Y en Yom Kipur la Petijá se vende en miles de Shekalim.

– ¡Ah! ¿Ya ves? Miles de Shekalim para que pase por la puerta del Hejal un Séfer Torá. Pero ¿sabes algo? Hay algo mucho más importante que un Séfer Torá.

– ¿Más importante? ¡El Séfer Torá es lo más sagrado que tenemos!

– No. Hay algo más importante y más sagrado: Es el Yehudí que estudia lo que está escrito en el Séfer Torá. Y más aún cuando se trata de los niños, que son puros y santos. Ahora piensa: ¿Cuánto vale cada Petijá de la puerta del autobús para que pase por ahí un niño que va al Talmud Torá? ¡No tiene precio! ¡Y esa Petijá tú la haces cientos de veces al día! ¿Ahora te das cuenta por qué te dije que te envidio? Tú eres el “socio” de todos esos niños que estudian Torá todos los días, y tu privilegio es enorme…

El conductor se quedó mirando al infinito. Luego dijo:

Honorable Rabí: Yo le ofrezco mis disculpas por haberlo molestado, y le doy las gracias por abrirme los ojos. ¡Shalom! – después de lo cual se retiró.

– Bueno – agregó el director de la escuela -, yo también me voy. Le agradezco que me haya dado la razón, pues yo sabía que la tenía…

Un momento… – le dijo el Rab, esperando que el conductor cerrara la puerta a sus espaldas – Todavía no te vayas, porque tengo que decirte algo – hizo una pausa, y añadió por lo bajo: – En realidad, tienes que aumentarle el sueldo a ese pobre hombre, al margen de lo que hace. Se lo merece.

– S… sí, Rabí. Lo que usted diga – repuso el director antes de irse.

Al fin y al cabo, él declaró que estaba dispuesto a hacer todo lo que el Rab le indicara…

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