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La forma en que los alemanes recuerdan el Holocausto

Enlace Judío México e Israel.- Los detalles selectivos en exhibición en el Centro de Documentación de los Terrenos de Concentraciones del Partido Nazi, un museo en Núremberg, da un indicio de las formas en las cuales el pueblo alemán eligió recordar el Holocausto y la era del régimen nazi.

ROIE YELLINEK

Las leyes raciales nazis que llevaron al asesinato de millones de judíos en el Holocausto fueron promulgadas en la ciudad de Núremberg. Núremberg es una ciudad típicamente alemana, y los hechos que tuvieron lugar allí tienen una importancia particularmente grande en el recuerdo histórico alemán.

En Núremberg, Alemania ha construido un museo en el ala norte de los restos de la inconclusa Sala del Congreso, los terrenos de las enormes concentraciones del partido nazi. Esta zona fue bombardeada por los aliados a finales de la Segunda Guerra Mundial.

El video introductorio del museo hace un gran esfuerzo por conectar el pasado, el presente, y el futuro. Contrasta lo que existe hoy en el área del museo (pasto verde, complejos deportivos, un lago) con lo que había allí en el pasado (un proyecto enorme de construcción diseñado para glorificar el nombre de Hitler y su partido).

Lo que el video no hace es abordar las consecuencias de las decisiones que fueron tomadas en ese lugar. Intenta crear una imagen consoladora y genérica de otro museo histórico más, en vez de enfocarse en la condición singular del lugar como el epicentro una vez del partido nazi.

El video expresa curiosidad e incluso orgullo por el tamaño tremendo del proyecto de construcción de la época nazi, mientras no transmite ningún indicio de culpa o comprensión de su significado histórico. El video editado suavemente es acompañado por música placentera, y los actores que aparecen en él son todos jóvenes y “agradables.”

El museo mismo exhibe el proceso histórico que comenzó con el nacimiento de Hitler y terminó con los juicios de Núremberg, los que tuvieron lugar después que terminó la guerra. La falta de atención prestada al Holocausto es asombrosa, como lo es el enfoque del museo para presentar los Juicios de Núremberg.

El idioma del museo es por supuesto el alemán, pero a los visitantes se les proporcionan auriculares para que puedan entender los subtítulos.

Lamentablemente, el hebreo no es uno de los idiomas proporcionados. La misión del museo parece estar más enfocada hacia adentro: dar al público alemán una forma más cómoda de ver los acontecimientos que ocurrieron en Núremberg.

La exhibición inicia con el contexto en el cual creció Hitler y a partir del cual desarrolló su ideología asesina. Exhibe su libro Mein Kampf como un objeto precioso y raro, aunque está prohibido para la venta o distribución en muchas partes del mundo occidental. El museo discute las consecuencias de la Primera Guerra Mundial para los alemanes, incluyendo el daño al orgullo nacional y a la situación financiera del país. Parece estar sugiriendo que los alemanes fueron empujados hacia la guerra por las duras realidades que enfrentaron después de la Primera Guerra Mundial, un mensaje que los absuelve, al menos parcialmente, de la culpabilidad por su subsiguiente historia genocida.

El museo dedica un gran espacio de exhibición a la resistencia interna alemana al partido nazi, a la que describe como un gran movimiento. Este fenómeno fue de hecho marginal y casi enteramente ineficaz. El marco del museo trata de pintar la guerra y el Holocausto como acontecimientos que fueron casi impuestos sobre los alemanes, no como iniciativas nazis que no podrían haber sido implementadas sin la participación y apoyo de la vasta mayoría de la población alemana.

Esa participación es mencionada por el museo, pero en una forma que parece nostálgica. Los festivales nazis eran celebrados una vez al año en Núremberg, y el museo señala más de una vez que el mismo Hitler llegó a la estación central de tren de la ciudad para dar la bienvenida a los que habían llegado a los para los festivales.

En el museo entero, el Holocausto es mencionado apenas tres veces, con una mención más indirecta. Este menoscabo del Holocausto ilustra la narrativa revisionista que está intentando promover el museo.

En su primera mención (Exposición 1605), el Holocausto aparece con una explicación muy corta (relativa al resto de las exhibiciones) del exterminio sistemático de gente judía y no judía en los campos de concentración – un programa que fue planificado, construido, y operado por alemanes. El subtítulo dice que apenas más de la mitad de las víctimas fueron asesinadas en campos de concentración, muriendo el resto de enfermedad, desnutrición, y otras causas.

Esto también suena como un intento por reducir la carga de culpa de los nazis.

La segunda mención son dos imágenes borrosas de pilas de cuerpos. Los cuerpos no tienen caras o nombres, y las fotos son desde una gran distancia. Esto reduce la magnitud del horror descripto, y mitiga el hecho que las muertes mostradas en las imágenes fueron el resultado del despliegue de las cosas terribles descriptas en secciones anteriores del museo.

La tercera mención al Holocausto está cerca del monumento a los seis millones muertos (Exhibición 2002), la que fue creada en cooperación con el museo Yad Vashem del Holocausto y otras organizaciones. La referencia en el monumento es a la “gente,” no “judíos,” aunque los nombres que aparecen en él son judíos y el número es identificado exclusivamente con el intento de genocidio nazi contra el pueblo judío.
El museo no intenta abordar ese intento de genocidio planificado cuidadosamente. Hace anónimas a sus víctimas, despojándolas de cualquier identificación étnico-religiosa específica. Al hacerlo, los planificadores del museo, en nombre de los organismos oficiales de la municipalidad de Núremberg y otros funcionarios alemanes, están tratando de remodelar la historia de las atrocidades nazis.

La última sección del museo trata de los Juicios de Núremberg. Los describe como una contribución importante al desarrollo del derecho internacional moderno, indicando un grado no poco sustancial de orgullo local. Los creadores del museo borran el hecho que los jueces eran estadounidenses y otros, mientras que los criminales eran alemanes o afiliados con ellos.

El museo, los que lo planearon, y los que tomaron parte en su establecimiento han tratado de conferir sobre sí mismos y el pueblo alemán una historia que es más fácil de digerir que la realidad histórica. La narrativa del museo dice que 1) los alemanes fueron llevados a una situación que casi los obligó a iniciar la guerra; 2) durante el régimen nazi tuvieron lugar cosas de las que los alemanes pueden estar orgullosos; 3) los alemanes fueron también víctimas, y algunos de ellos se opusieron al régimen; y 4) el Holocausto pertenece a los márgenes del recuerdo histórico.

El museo es un intento por aliviar el recuerdo colectivo alemán y absolver al pueblo alemán de la dificultad enorme de vivir a la sombra de su pasado. Este mensaje hace más fácil justificar la hostilidad alemana hacia Israel, el único estado judío del mundo. Cuando los alemanes apoyan a Irán, el que busca destruir a Israel, nos incumbe a nosotros recordarles su verdadera historia, ya sea que ellos estén dispuestos a escucharla o no.

 

 

*Roie Yellinek es estudiante de doctorado en el departamento de Estudios Meso-Orientales en la Universidad Bar-Ilan, miembro del Kohelet Policy Forum y el China-Med Project, y periodista independiente.

 

Fuente: The Begin-Sadat Center for Public Affairs
Traducido por Marcela Lubczanski para Enlace Judío México.

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