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¿Cómo ver a D-os en la cercanía? 4 lecciones que aprendemos de Moisés

Enlace Judío México – Uno de los enigmas sobre D-os que más han maravillado a cristianos, musulmanes y judíos por igual es: ¿Cómo D-os se manifiesta en este mundo? ¿Por qué aquello que es eterno e ilimitado podría expresarse a través de aquello que es pequeño y finito? ¿Cómo la trascendencia existe dentro de la inmanencia? Es una pregunta esencial porque conforma uno de los principios más importantes para el monoteísmo. Creemos que D-os está cerca de nosotros y que su gloria es infinita, sin embargo, ¿cómo describimos la manera en que se manifiesta? Acaso incluso podemos decir que D-os mismo es conocible. Esa pregunta la hace Moisés en la Torá tras el evento del Becerro de Oro; D-os le responde mencionando los Trece Atributos Divinos; del diálogo que tuvieron ambos podemos sacar numerosas enseñanzas.

1) El pecado proviene de la lejanía

Lo primero que este pasaje nos enseña es la importancia de ver a D-os en nuestra cercanía y en el día a día. Una de los aspectos más extraños del pasaje es la exigencia misma de Moisés en el contexto que ésta ocurre. El pueblo judío acababa de pecar, D-os estaba por destruir al pueblo entero y crear una nueva nación por parte de la descendencia de Moisés. Él se encuentra en el monte pidiendo perdón por el pueblo y en ese momento es que le pide a D-os ver Sus formas; bajo ninguna luz parecería una petición lógica. Justo en el momento más crucial en toda la historia del pueblo judío, cuando está en el límite de desaparecer, Moisés hace una pregunta teológica, pide una explicación filosófica de los funcionamientos divinos ¿Por qué?

La respuesta que comúnmente se da es que Moisés al hacer la petición, en realidad estaba rezando y pidiendo por el pueblo. Él no quiere conocer las formas de D-os por sí mismo, él quiere que D-os se manifieste nuevamente a los judíos, pero a través del atributo de Misericordia y no del atributo de justicia. Moisés entiende que el pueblo pecó porque lo sintieron lejos, porque creyeron que D-os se distante de ellos.

El pueblo había visto la grandeza de D-os; había visto las plagas, la partida del mar, la muerte de los egipcios y la alteración de los funcionamientos físicos naturales. Sin embargo, no habían visto la gloria de D-os manifestarse en la naturaleza, en sus vidas diarias, en su cercanía. Moisés entiende que eso fue lo que los llevo a pecar y cuando pide ver las formas de D-os, pide que el pueblo pueda verlas, que puedan acercarse a Él sin necesitar de un intermediario. Moisés le pide a D-os que le enseñe al pueblo judío su cercanía más que su grandeza.

2) Aceptar el misterio

Lo primero que D-os les responde es “Seré benevolente con quien Yo sea benevolente y mostraré misericordia a quien Yo muestre misericordia.” Es decir, D-os no da explicaciones; no es posible conocer totalmente las formas de D-os. Uno puede ver el mundo que creó y dentro del cual Él actúa; uno puede entender ciertos patrones que se expresan a lo largo de los siglos, y otras cosas que nos son reveladas, pero existen razones y eventos que quedan siempre ocultas. La mente humana no llega a entender la vastedad de Su Presencia. Cuando Moisés le pide ver Su cara Él responde “Nadie puede verme y vivir.”

Él es atemporal, mientras que nosotros somos temporales; Él carece de materia mientras que nosotros estamos sujetos a ella. Podemos entender sus formas pero siempre habrá un aspecto de Él que no captemos y entendamos en su totalidad. Si queremos acercarnos a D-os tenemos que entender esta realidad y aceptarla cabalmente.

3) Ver la Gloria de D-os en los detalles

Lo último que le enseña D-os a Moisés es que si bien como seres humanos no podemos ver ni su cara, ni sus formas, podemos ver su Gloria. A Moisés finalmente le enseña Su espalda. Es decir, D-os siempre está presente, pero tenemos que aprender a verlo de forma indirecta. En los detalles y no en los conceptos; en la belleza del mundo que nos rodea, en el amor que recibimos de nuestros seres queridos, en las ambiciones por las que luchamos. No existe ser humano que no tenga conexión con D-os, porque no existe ser humano que no tenga algo que agradecer.

4) La santidad se encuentra en nuestra casa

La última lección que recibe Moisés en este pasaje es la santidad se encuentra dentro de las casas más fuertemente que fuera de ellas. El pasaje concluye con la construcción del Mishkán (Tabernaculo), para el cual pide la santificación del pueblo. Curiosamente dichas normas de santificación se expresan en o íntimo en la forma en que uno trata y habla del prójimo. El nombre de Su Santuario, sobre el cual manda Sus nubes de Gloria, proviene de la raíz “shaken” vecino. Si el pueblo judío quiere acercarse a D-os tiene que hacerlo a través de la intimidad, del refinamiento propio y a través de ver a D-os en el día a día. D-os le enseña a Moissés como revelar Su Presencia en este mundo, en el día a día.

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