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La palabra mágica del primer mandamiento

RABINO YOSEF BITTÓN

El primer mandamiento no es simplemente un preámbulo a los demás mandamiento, sino que está indicando un precepto específico a cumplir: reconocer a Dios como ELOQEJA (אלוקך).

En su forma simple la palabra ELOQIM generalmente se traduce por “Dios”. Pero en la Torá esta misma palabra “ELOQIM” a veces se debe entender como “Creador” y otras veces como “Soberano”, “Autoridad Suprema”, “Legislador”.

Veamos un par de ejemplos:

El primer versículo de la Torá, Génesis 1:1, dice: “En el principio ELOQIM creó los cielos y la tierra”. En el relato de la Creación la palabra ELOQIM, que se repite 35 veces, siempre significa Dios/Creador.

LA TENTACIÓN DE LA AUTOSUFICIENCIA

Unos capítulos más adelante, en Génesis 3:5 la misma palabra ELOQIM adquiere un significado diferente. Cuando la serpiente quiere tentar a Eva a comer la fruta del árbol prohibido, trata de convencerla diciéndole: Dios no quiere que comas de este fruto porque Él sabe que el día que lo hagas “serás como ELOQIM, que podrás diferenciar el bien del mal”. En este versículo la Torá claramente no usa la palabra ELOQIM como Dios/Creador.

La serpiente no le dice a Eva que cuando coma de la fruta prohibida tendrá superpoderes o podrá hacer milagros. ELOQIM, como la serpiente misma lo aclara, se refiere aquí a una dimensión ética, moral, legal. “Si comes del fruto prohibido -la serpiente insinúa- tendrás el poder de conocer la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal y ya no necesitarás de Dios para saber cómo proceder”.

Dios no es solo el Creador. Dios/Soberano es el REFERENTE de lo que está bien y lo que está mal.  La palabra ELOQIM con este significado es muy habitual en la Torá.

Presentaré un ejemplo más, muy importante, de la palabra ELOQIM significando Dios/Soberano.

ENTENDIENDO EL SHEMA ISRAEL

En el Shemá Israel decimos: “HaShem es nuestro ELOQIM HaShem es uno”.  Cuando los Sabios del Talmud nos explican qué pensar al decir este versículo dicen que en ese momento debemos “aceptar el yugo del Reinado Divino”  ( קבלת עול מלכות שמים).  Esto es, reconocer que Dios es el “único” Soberano, y que por lo tanto, nos sometemos exclusivamente a Sus leyes. Nuevamente, acá no se trata de un tema teológico. No se trata de aceptar que Dios existe: ¡eso cae de maduro! Se trata de declarar que Dios es nuestro legislador y que aceptamos a Su ley, voluntariamente.

Este último punto es fundamental: los Diez Mandamientos no fueron “impuestos” por Dios al pueblo judío.  Seis días antes de que los Diez Mandamientos fueran revelados, Dios le propuso al pueblo judío celebrar un pacto con Él: los Hijos de Israel serán el Pueblo elegido de Dios, Dios les concederá la tierra de Israel y garantizará que el pueblo judío será “atesorado” por Él (=que nunca desaparecerá). El pueblo judío por su lado, reconoce a HaShem como su Soberano y por lo tanto se compromete a aceptar la Torá como su Constitución Nacional. Los Diez Mandamientos son las primeras leyes “formales” que el pueblo de Israel recibe como parte de este pacto. Y por eso los Diez Mandamientos comienzan con la presentación de Dios como nuestro Soberano.

LIBERARSE DEL FARAÓN

Un último punto muy relevante para entender el primer mandamiento. Hay que recordar que el pueblo judío estuvo esclavizado por el faraón por 140 años (según Maimónides). Luego de esas 6-8 generaciones de una esclavitud brutal los hebreos estaban absolutamente programados a obedecer al Faraón. El Faraón decidía no solo qué hacer con el tiempo de los israelitas: él también disponía a voluntad de la vida y la muerte de los judíos. El sometimiento mental era absoluto. Los hijos nietos y bisnietos de esclavos ya no tenían ni la voluntad ni la imaginación para rebelarse. El temor los paralizaba. Es difícil, sino imposible, imaginar la dificultad de los judíos de liberarse mentalmente del yugo que el faraón y sus guardias ejercían sobre ellos, física y emocionalmente. Con este contexto como fondo debemos releer el primer mandamiento como un llamado a la libertad psicológica de los hebreos: ya no estás más bajo la jurisdicción de Egipto. Ya no tienes que temer más al faraón. Te he liberado, te he rescatado y te he elegido como Mi pueblo, y tú has aceptado celebrar un pacto conmigo. De ahora en más, ya no es el faraón, sino que soy “Yo, HaShem, Tu nuevo Soberano”.

 


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