avatar_default

Enlace Judío México e Israel – Este jueves empiezan las celebraciones de Shavuot es la festividad en que celebramos la entrega de la Torá y el perfeccionamiento espiritual que desarrollamos a lo largo de la cuenta del omer para llegar a esta fecha. Hay muchas costumbres que se realizan para festejar el día. Sin embargo, una de las comunes es el estudio de Torá, uno pasa la noche de Shavuot en vela estudiando Torá, para celebrar la entrega de la misma. Así mismo los días previos a Shavuot suelen impartirse clases relacionadas con la entrega de la Torá. El siguiente discurso fue tomado de las clases de rab. Yissocher Frand. Esperamos les guste.

Abrirse al cambio

El midrash (ánalisis o relatos propios de la tradición oral) ofrece una parábola para explicar la entrega de la Torá en el desierto: Existía un Rey que quería construir un palacio y buscó por todas partes el lugar apropiado. Visitó una ciudad tras otra y en cada una de ellas la gente huía de él, mostrando que no querían el palacio en su ciudad. Finalmente llegó a una ciudad fantasma, completamente desierta y las pocas personas que habían allí aceptaron con gracia y agradecimiento la oferta del Rey para construir el palacio en su ciudad. El Rey dijo, “Este es el lugar donde construiré mi casa”.

En el midrash, la parábola se explica de la siguiente forma: Cuando D-os quiso dar la Torá, primero fue al mar y éste huyó de Él, como está escrito: “El mar vio y huyó” (Salmos 114:3). Entonces fue a las montañas y huyeron, como está escrito: “Las montañas saltaron como carneros” (114:4). Sin embargo, llegó a un desierto desolado (Sinaí), que lo aceptó con los brazos abiertos, y D-os dio la Torá en un desierto.

¿Qué quisieron decirnos nuestros Rabinos con esta parábola?

¿Por qué esas ciudades no querían el palacio del Rey? Porque sabían que construir el palacio afectaría su estilo de vida. Tenían ciertas formas de hacer las cosas; ciertas costumbres que no querían cambiar y sabían que el palacio, implicaría cambio. La ciudad fantasma, por su parte, sabía que no tenía nada. Decían, por así decirlo, “Renuevame. No tenemos nada, de todos modos. Te queremos a ti. Te acogeremos y aceptaremos con tu palacio todos los cambios que lo acompañan.”

Si uno quiere aceptar la Torá, debe ser como un desierto, listo y abierto sin equipaje. La Torá se asienta en una persona que dice: “Cámbiame”.

Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de tratar con gente aparentemente “religiosa” y a veces hemos salido decepcionados. Nuestra reacción suele ser: “Realmente ¿ésto es la Torá? ¿Acaso ésto es todo lo que la Torá puede hacer por una persona? ¡Creí que la Torá cambiaba a las personas y tengo frente a mí a un tipo con barba y caireles que no puede ser peor persona!”

Alguien dijo una vez: “Nunca juzgues al judaísmo por los judíos.” El judaísmo es mucho más grande que la mayoría de los judíos que uno llega a conocer. Si uno quiere juzgar al judaísmo por un judío en particular, debería fijarse en el Jofetz Jaim, en rab Jaim Ozer o en rab. Moshe Feinstein. ¿Por qué ellos? Porque fueron de las pocas personas que decidieron hacerse como un desierto y le dijeron a D-os, por así decirlo, “Cámbiame.” Se abrieron para que la Torá los impregnara.

El resto de nosotros somos como esas ciudades. No estamos realmente preparados para cambiar por completo. Por lo tanto, la Torá no puede cambiarnos, porque no estamos dispuestos a ser cambiados. Para aceptar la Torá plenamente debemos estar dispuestos a hacernos como un desierto y recibirla con todos los cambios internos que ello implica.

¡Qué este Shavuot podamos crecer y aceptar la Torá plenamente!

Destacadas

Exclusivas

Judaísmo


DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí