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En estos días de encierro encontré, entre otras cosas, viejas cartas, como ésta del diario secreto de un Sheliaj:

3 de agosto

Querido hermano, aterrizamos en Maiquetía a las 10 de la noche. El paisaje que rodea la autopista que conduce a Caracas es conmovedor. Le pregunto al chofer del taxi que qué son las miles de lucecitas que cuelgan allá a lo lejos, en las montañas. “Son ranchos” me contesta. “Ves”, le digo a mi esposa, “¿te das cuenta que no valía la pena que te amargaras tanto de que no nos hayan enviado a los Estados Unidos? Aquí puedes visitar ranchos sin necesidad de viajar a Texas”.

5 de agosto

Me reúno con algunos jóvenes del colegio hebreo. Muy simpáticos todos. Contrariamente a lo que me habían asegurado, casi nadie habla hebreo. Escucho, en cambio, algunos vocablos raros como pana, gafo, cuchi, chévere, arrecho, lo que me sorprende y alegra, ya que esto demuestra que son muy estudiosos y que habrán tomado algún curso de hindú o de esperanto. Les propongo organizar un seminario ideológico sobre el neonazismo. Me responden que prefieren discutir “Las posibilidades de inversión económica en el Israel de hoy”, y sugieren una aldea en la isla de Margarita para realizar cómodamente el seminario ahí.

16 de agosto

Una tal Fanny me invita a participar en una reunión de la Federación Sionista de Venezuela. ¿Cuál es el orden del día?, le pregunto.

−No sé. Walter está con gripe -me responde- y él es el único que sabe el orden del día, del mes y del año.

La reunión comienza con una hora y media de atraso, lo cual me explican que es poco común y raro, ya que en Caracas generalmente se empieza dos horas después de la hora fijada. Pero tratándose de mi primer encuentro con ellos, hicieron una excepción. Empieza la reunión. Un tal Maxim presenta los planos de una nueva cafetería y se discute largamente acerca de dónde ubicarla. Un tal Weiss propone quitarle el tercer piso al Ken Najshon de la Shomer Hatzair para habilitar ahí nuevas oficinas. Finalmente un tal Segal propone aumentar los alquileres a las oficinas ya existentes. La propuesta es aceptada por unanimidad. Se levanta la sesión.

Dalia, mi esposa, ya en casa, me pregunta cómo estuvo la reunión. La digo que excelente, pero en mi cabeza aún sigo pensando si realmente asistí a una reunión de la Federación Sionista de Venezuela o a la de una administradora de bienes raíces.

17 de agosto

Hoy me entrevistaron para Nuevo Mundo Israelita. La directora, una tal Estrellita, me explica que en el periódico comunitario no se puede criticar a Israel, ni al gobierno de Venezuela, ni a las instituciones comunitarias hebreas, ni menos aún a sus dirigentes. Aparte de eso, TODO está permitido. Para ser fiel a esta irrevocable tradición democrática, decido callarme la boca. Eso no impide que quede profundamente seducido por la directora, quien después de darme las gracias por mi silenciosa entrevista, me ofreció un chicle y me despidió con estas palabras: “Gordi, estoy a la orden para lo que necesites”. No pude dormir esa noche al pensar en el ofrecimiento.

20 de agosto

Voy a visitar la oficina del Keren Kayemet. Una tal Poli me pregunta que cómo me llamo. Cuando le contesto que Dubi, me dice que ella tenía un perrito con el mismo nombre. A continuación me pregunto a mí mismo que cómo fue posible que a mis padres se les ocurrió ponerme nombre de perro, habiendo nombres hebreos tan bonitos como Abraham, Isaac o David. Siguiendo con su interrogatorio, me pregunta que dónde vivo. En el Parque Anauco, Delta 12D, le contesto. “Belita”, dice Poli dirigiéndose a otra tipa que de atrás parecía su hijita, “ ¿no es ahí donde vive Ana, la amante del viejo Leibovitz?”

Viendo el rumbo que tomaba la conversación, decidí entrar a la oficina del Sheliaj, un tal Ignacio. Aunque hablaba medio en difícil y decía cosas que parecían inteligentes, pero que solo un argentino podría entender, no me convenció. “Muy inteligente no debe ser”, me dije a mí mismo, “si se pasa el día vendiendo arbolitos en compañía de estas dos”.

23 de agosto

Un joven que vive en el Parque Anauco me dice que quiere irse a vivir a Israel, pero que en la oficina de Aliá no lo quieren atender hasta que fije una entrevista con el psiquiatra. Voy a ver al Sheliaj de Aliá, curiosamente también otro argentino, quien me explica que la política de su departamento es mandar al psiquiatra a todo candidato que quiera irse a vivir a Israel, especialmente si la oficina descubre que el candidato en cuestión posee un pasado sionista, tiene buena posición económica, y no registra antecedentes suicidas, características éstas que lo hacen sospechoso de querer concertar su Aliá. Le pregunto al Sheliaj que cuántos candidatos han pasado con éxito esta dura prueba burocrática. ”Ninguno desde que estoy aquí” -me responde orgulloso-, aunque ya con más confianza, me confiesa que casi se pesca una úlcera, cuando un tal Chávez estuvo a punto de tomar el poder y se presentaron varios candidatos para hacer su Aliá. -“Estuve a punto de perder mi récord” -me dice en tono irónico.

16 de septiembre

El Sheliaj de Aliá y un gordito simpático llamado Pablito (también argentino), me convencen que debo bajar de peso. Decidimos subir al Ávila todas las mañanas. Empezamos hoy. Después de los primeros cien metros el Sheliaj me dice que no puede caminar más. Le pregunto que qué es lo que lo tiene tan cansado, si su mujer más bien acaba de viajar a Israel. Me responde que su último viaje al Perú terminó por agotarlo ya que tuvo que ocuparse como de 20 Olim de una tribu indígena que se define como judía y que decidieron hacer su Aliá. “¿Y pasaron la prueba burocrática?” -le pregunto irónicamente. “No, porque no encontré un psiquiatra que hablara el Quechua”- me responde.

20 de noviembre

El Sheliaj de Keren Hayesod, casualmente otro argentino, me comenta que su departamento en Jerusalén no le autorizó otro motorizado y que por lo tanto decidió renunciar a su puesto y regresarse a Israel en el primer avión. A duras penas pude convencerlo de que se espere hasta diciembre y nos demos juntos una vueltecita por Nueva York. El Sheliaj me respondió que estaba dispuesto a “sacrificarse” por la causa, y quedarse unas semanas más en Caracas.

9 de diciembre por la mañana

Hoy la Federación Sionista nos organiza una despedida. Así es la vida hermano. No puedo seguir escribiéndote, así que hasta pronto, que Nueva York me espera. Tu hermano, Dubi.

 


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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Llegué de Israel a México a la edad de siete años. La primaria y la secundaria las hice en el Colegio Hebreo “Tarbut”. Mis recuerdos de aquella época son excelentes. Mi primer trabajo como periodista, lo hice recortando periódicos en la Embajada de Israel, en el departamento de prensa, a cargo en aquel entonces, de Sergio Nudelstejer. La prepa, fue en la Escuela de la Ciudad de México, en Campos Elíseos, que me permitió conocer otra gente y otros aspectos de la vida mexicana. Estudié y me gradué en antropología y en letras, en la universidad de las Américas, en Cholula. La maestría, en Antropología, fue en la UNAM. Antes de incursionar a la universidad viví en Teloloapan, Guerrero, haciendo trabajo de comunidad y siendo jefa de organización campesina para varias instituciones gubernamentales. Viví varios años en Israel. En esa época, los ochentas, fui productora de Ariel Roffe y Erika Vexler para Televisa desde Medio Oriente. Tuve una columna que se llamaba “Burbujas” en el periódico israelí en español Aurora, otra, “Al Margen” en la revista Semana, que ya no existe. Viví cuatro años en Caracas, cuando mi ex esposo fue sheliaj del KKL. Actualmente vivo entre Londres y Venezuela, he dejado de creer en la política y mi pasión es la literatura, el cine y la música. Confieso que ya no tengo grandes respuestas ante la vida, pero que soy muy feliz.

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