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Enlace Judío México e Israel – Que Israel se define a sí mismo como “el pueblo elegido” es bien sabido. Incluso, es un dato al que suelen recurrir muchos antisemitas para acusarnos de pretender una superioridad racial o espiritual que, por lógica, nos daría licencia para menospreciar al resto de la humanidad.

Pero ¿qué significa en realidad esta idea? Para comprenderla adecuadamente, es indispensable revisarla desde su acepción más antigua y, sobre todo, comprender el impacto que tuvo la destrucción del Reino de Judea por los babilonios en el año 587 AEC.

Sólo así podremos apreciar en toda su belleza e innovación cómo el judaísmo logró transformar lo que podría haber sido un mero atavismo, en una visión revolucionaria del mundo, en la que incluso las peores desgracias de una nación dejaron de ser un capricho de los dioses, y pasaron a cobrar una dimensión moral detrás de la cual el D-os Único y Verdadero se encuentra a la espera de que el ser humano se comprometa al esfuerzo de ser mejor cada día y, especialmente, a la búsqueda del equilibrio y la virtud.

Irving Gatell nos explica como toda esa noción de elección pierde por completo la arcaica y primitiva idea de que los favores de los dioses se tienen que traducir en conquistas, poderío y riquezas, y en cambio lo que surge es el compromiso de obediencia a la Torá, mismo que se manifiesta en su mayor expresión en el Shabat, el punto de partida a partir del cual el judío aprende a contenerse, y con ello comienza el proceso de convertirse en el mejor tipo de ser humano posible.

Y eso es para lo que los judíos hemos sido elegidos, pero —especialmente— para lo que nosotros mismos hemos aceptado esa elección.

Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudío

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