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Enlace Judío México e Israel – Por más de tres mil años han existido sinagogas, éstas son recintos donde las comunidades judías se reúnen a rezar. Existen en todo el mundo y son de todas las formas y tamaños posibles, ya que una sinagoga puede formarse en todo tipo de recinto desde un cuarto, un departamento o casa hasta un edificio entero. En cualquier caso cumple con su función básica que es proporcionar un espacio propicio para el estudio, el rezo y la interacción comunitaria. Es un espacio básico para la conformación de la comunidad y para que puede funcionar requiere del esfuerzo conjunto de muchas personas. A continuación queremos hablar de los distintos labores que se cumplen en ella y quienes lo desarrollan.

La congregación

En el momento que existen diez hombres judíos en una ciudad, se considera que esa ciudad ya tiene una congregación y como tal están obligados a construir una sinagoga o rentar un espacio para rezos. La halaja delimita que cada quien debe aportar para la construcción de acuerdo a sus medios, se ve como una obligación comunitaria más que individual. Es común que exista una junta directiva o un comité de miembros que se encargan de recaudar los bienes necesarios para el manejo y la construcción de la sinagoga. Sin embargo, también hay casos en que un individuo decide tomar esa responsabilidad por sí mismo y donarla. En cualquiera de los casos las personas que administran el lugar deben de estar al tanto de las necesidades y funcionamientos que la comunidad tiene para que su labor sea exitosa. Al final de cuentas quienes le dan vida al lugar son aquellos que asisten a los rezos o a las demás actividades, la congregación finalmente es la razón misma por la que la sinagoga existe. Cuando ésta deja de servir a las necesidades de la misma lentamente se va perdiendo y queda abandonada.

El rabino

Cuando alguien pregunta cuál es la labor de un rabino, qué es lo que hace y qué se necesita para serlo es muy difícil dar una explicación coherente; porque el rabino puede ser muchas cosas a la vez y no es claro cómo llegó a la posición que tiene. A veces es un erudito que fue escogido por la comunidad para resolver problemas halajicos; otras es un líder comunitario que da sermones, decide el destino de la comunidad que lo obedece, tiene participación política y algunas es simplemente un maestro que enseña Torá. En algunas ocasiones es elegido por la comunidad, otras es designado por una institución y en muchísimos casos simplemente es un hombre que con el tiempo fue ganando la cercanía y la confianza de las personas que lo escuchan.

Total cada comunidad tiene su propia forma de organizarse y buscar a sus líderes. En el caso de las sinagogas suele ocurrir que exista un rabino al cual la congregación recurre cotidianamente y ése suele ser el rabino de la sinagoga, el que toma muchas de las decisiones y el que da los sermones en Shabat y las festividades. Sin embargo, no es el caso de todas. Muchas comunidades no tienen un sólo rabino que tome las decisiones y tenga el apoyo de toda la congregación y en algunos casos, la sinagoga ni siquiera tiene rabino, sino se construye y se maneja por un grupo de gente observante, independiente a cualquier líder.

El gabai y el shamash

El gabai y shamash son dos posiciones que se confunden porque en muchas ocasiones las realiza la misma persona o sus labores se traslapan. “Shamash” quiere decir ayudante, es la persona que se encarga de hacer que las cosas funcionen correctamente en la sinagoga. Realiza todos los preparativos necesarios para las festividades y los rezos, como convocar a las personas, arreglar o asegurarse de que el espacio esté arreglado, y solucionar cualquier problema que pueda presentarse. En antaño solía ser la persona que visitaba las casas para anunciar los rezos.

El gabai por su lado es quien organiza los rezos, es el que se encarga de avisar o conseguir al jazán (el cantor) y es el que dirige las labores en el rezo mismo. Él decide quien leerá de la Torá, cuándo empiezan los rezos y en algunas ocasiones, junto con el shamash, es quien administra el dinero. En muchos rezos le hace segunda al jazán, por ejemplo cuando se toca el shofar lee en voz alta el tipo de sonido que se está tocando; también acompaña y asiste a quien lee de la Torá para asegurarse que lo haga correctamente y señalar la línea donde la persona está leyendo. Ambas posiciones son sumamente importantes y queridas, desde épocas anteriores gabai y shamash trabajan juntos.

El jazán

El jazán es el cantor del rezo. A través de su voz marca el ritmo que éste llevará y la forma en que será hecho, toda la congregación sigue su voz a la hora de rezar. Para poder hacerlo correctamente debe conocer a la perfección los “teamim” signos de cantilación para poder saber como decir y cantar cada palabra. También debe conocer a fondo la tradición de su congregación para saber que partes del rezo son rápidas, cuáles lentas, cantadas o silenciosas. Además, para que su trabajo sea exitoso debe desarrollar la sensibilidad para crear un ambiente propicio durante el rezo; su labor es hacer que a través de su canto se unan las peticiones y los rezos de toda la comunidad.

El baal korei

En cada servicio se saca la Torá del arca y se lee un fragmento de ella y de la haftará. Cada lectura se divide en siete para darle honor al mayor numero de personas posible. Antes las personas leían de la Torá sin embargo, hoy no todo el mundo sabe cómo leer de ella y por lo mismo se ha designado a una persona que conozca bien las técnicas y los textos para que sea él quién lee por los demás, a éste se le llama baal korei. Cabe mencionar que el honor se sigue trasmitiendo a más integrantes de la congregación pues quien lee lo hace en honor de la otra persona y a quien se le da ese honor tiene el gusto de subir a la bima (la mesa donde se lee la Torá) junto con el lector.

El minián

Muchos de los rezos judíos no pueden decirse sin la presencia de diez hombres judíos, a un grupo así se le llama “minián” Un minián se puede formar en cualquier momento, sólo se necesitan diez hombres judíos dentro del rezo. Sin embargo, muchas sinagogas les gusta asegurarse de que los diez hombres estén presentes al momento del rezo para poder realizarlo; por eso se suele organizar grupos que se comprometen a estar presentes cada día.

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