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Enlace Judío México e Israel – Si bien los judíos vivieron en toda Europa desde su conquista por los romanos y, especialmente, tras la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, a partir de la conquista musulmana de la Península Ibérica en el siglo VIII, su cultura prosperó como nunca antes en otras diásporas.

Mientras en el resto del continente seguían siendo sometidos al capricho de los reyes cristianos, el califato instaurado en Córdoba y los reinos de taifas que le sucedieron auparon a esta minoría hasta altas esferas, llegando a nombrar en algunos casos a destacados judíos para el cargo de visir, jefe de ejércitos o de la diplomacia. Si bien la llegada de clanes musulmanes fundamentalistas acabó con la Edad Dorada de Sefarad, una buena parte de las élites judías fueron reclutadas para labores importantes de los reinos cristianos de la Reconquista. En muchas de las ciudades durante este largo proceso de enfrentamiento religioso se establecieron barrios judíos, llamados juderías, muchos de los cuales se instalaron dentro de las murallas, cerca de los palacios reales, como última línea de defensa. No en vano los judíos eran considerados propiedad real y tenían clara la animadversión popular hacia ellos instigada por la iglesia católica.

Así, en toda la geografía peninsular (lo que hoy día llamamos España y Portugal, pero que en la Edad Media constituían reinos, lenguas y culturas diferentes: Castilla, Aragón, Navarra y Portugal) quedaron las huellas urbanísticas de esta presencia, vestigios que, sin embargo, tras la Expulsión en 1492 y la prolongada ausencia por más de cuatro siglos, han ido borrándose de la superficie. Pese a ello, en las últimas décadas, la propia indagación en las identidades nacionales de los pueblos de esta parte del mundo ha llevado a investigar, rescatar y reivindicar las huellas de esa presencia, a veces desde el ámbito académico y artístico, y otras desde el institucional y aún económico.

Hoy día, los restos de aquellos barrios de mayoría judía se han convertido en valores de capitalización turística, atrayendo visitantes, tanto judíos como gentiles, lo que ha propiciado una mejora palpable de la reconstrucción conceptual de ese pasado, por medio de “centros de interpretación” (algo así como museos que más que mostrar, explican), rutas señalizadas, materiales explicativos (incluidos los más modernos de la realidad aumentada) y una reorientación comercial de las zonas hacia dicha temática (gastronomía, librerías, tiendas de recuerdos, etc.). No nos referimos exclusivamente a aquellas ciudades españolas que han conformado la llamada Red de Juderías (y su más joven equivalente en Portugal), sino también a otras iniciativas más regionales como las recientemente puestas en marcha en Cataluña y en Castilla y León.

Mientras, aquellas ciudades en las que se han conservado mejor aquellas arquitecturas medievales (la Sinagoga del Tránsito en Toledo, la de Maimónides en Córdoba o los actuales museos judíos en Girona y Segovia) prosiguen con sus obras de rescate entre la arqueología urbana y la inversión en infraestructuras turísticas culturales, a las que cada día se suman más municipios de toda la geografía peninsular.


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