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Enlace Judío México e Israel – Desde niña siempre me fascino la ropa y todo lo que se relaciona con ella. Desde los vestidos antiguos de los reyes europeos que aparecían en las pinturas que mi padre veía, hasta las telas de las tiendas en que mi madre a veces compraba. No sé bien que era lo que más me atrapaba, la sensualidad de las telas que caen sobre la piel de las personas, el ingenio que se requiere para hacer cualquier prenda, la combinación de los colores que pueden hacerse, o cómo cada prenda que se usa refleja la personalidad de la persona que la escoge. No sé que haya con la ropa que la hace tan particular y tan humana. Sin embargo, me queda claro que la ropa siempre ha sido un elemento clave para describir cualquier cultura.

No hay en el mundo civilización humana que no se pregunte sobre la forma correcta de cubrir el cuerpo humano o que no tenga prendas especiales para fiestas u ocasiones dignas. Incluso las tribus remotas que sólo cubren sus partes íntimas, adornan su cuerpo con pinturas cuando la ocasión así lo requiere. Y es que la ropa no sólo representa el cuerpo que cubrimos sino la forma en que nos vemos y nos presentamos frente al otro. ¿Por qué si no, nos molesta tanto usar un disfraz ridículo, o un uniforme que consideramos indigno? Porque reflejamos la persona que somos en la ropa que usamos. El “tzniut” traducido como “modestia” en el judaísmo abarca todas aquellas características que hablan sobre cómo nos presentamos frente al mundo y por qué importan, y si bien la ropa es uno de los elementos que más se destacan, que más curiosidad ocasiona en las personas fuera del mundo judío y del que más se escucha hablar, no es el único. El tzniut es una filosofía de vida que abarca desde como nos presentamos frente a las demás personas, como rezamos, en qué nos fijamos y hasta como nos vemos al pararnos frente al espejo. Básicamente consiste en el lugar que le damos a D-os en nuestra vida y la apertura que mostramos hacia el mundo espiritual y tiene muchas aristas.

Adán y Eva

Cuando se habla de tzniut generalmente se nos recuerda la historia de Adán y Eva y las hojas de higo con los cuales cubrieron su cuerpo al descubrir que estaban desnudos. Esa es la primera idea idea de recato que aparece en la Torá y de esa historia los comentaristas judíos y legalistas del Talmud obtienen numerosas enseñanzas. Nos dicen que se cubren porque su cuerpo había perdido la santidad de su espíritu y por ello sintieron pena y otros que se cubrieron porque por primera vez sintieron una separación el uno del otro y una separación de D-os. El cubrirse les regresó la seguridad y la intimidad perdida, sin embargo, en qué manera sucedió es motivo de discusión. ¿Por qué descubrir nuestro cuerpo crearía un alejamiento con la persona de enfrente?

Una de las respuestas se encuentra en la idea de que el mundo fue creado para dotar la materia de espiritualidad y de esa forma refinar el mundo al punto de que sea digno de la Presencia Divina constante. Adán y Eva vivían en un mundo muy parecido al que aspiramos. La materia era perfecta y reflejaba totalmente la Presencia Divina y el motivo por el cual había sido creada; el disfrute del Edén no se refiere a un disfrute meramente material, sino a uno espiritual también. Aquel donde el hombre está unido a D-os, tiene una relación constante con Él y la materia sirve como vehículo de esa unión.

Aquello se rompió en cuanto el hombre puso una barrera entre él y D-os. Al desear la fruta e ingerirla quiso alejarse de D-os, tener un espacio privado sin Él, un espacio sin espiritualidad. Al sentir la ausencia de la divinidad es que siente pena y se arrepiente. Sin embargo, ya había ingerido del fruto y ya había alterado su cuerpo. Aquello que es meramente carnal sin un deseo espiritual, se mantiene alejado de la Presencia Divina. Se acerca más a lo bestial del hombre que a su característica como imagen y semejanza de D-os. El pudor consiste en reservarse a uno esa parte tan bestial.

Aspectos que uno debe tener presente

La idea del tzniut es que volvamos a dotar al cuerpo de la espiritualidad que perdimos al comer del fruto prohibido. Ello se logra a través de muchas formas; la primera y más importante es tener la conciencia de que D-os está en todas partes y comportarse a la altura de ello. Implica comportarse con dignidad en todo momento, incluso cuando no hay gente mirándonos y la aceptación del estado emocional de paz que esa conciencia genera. La segunda es el recato; remarcar la interioridad de nuestra persona más que nuestra parte exterior y carnal.

Así como la materialidad de cualquier cosa creada nos lleva a D-os cuando la dotamos de un sentido y la impregnamos de espiritualidad, lo mismo ocurre con el cuerpo. Debemos acercarnos a nuestra parte interna, al refinamiento, a lo que nos hace ser nosotros y expresarlo hacia afuera en vez de que lo de fuera impacte en nuestro interior y nos volvamos cada vez más carnales.

Además, tzniut también involucra como nos paramos frente a los demás el lugar que les damos al hablar, al verlos, al entrar en un cuarto, al mostrar una expresión facial y finalmente tzniut también involucra como nos vemos a nosotros mismos y cómo percibimos el mundo exterior; si nos relacionamos con él de forma sumamente material o si buscamos experiencias más significativas. Las características de esa filosofía impactan en varios aspectos de la vida judía sobre las cuales la halajá tiene injerencia:

I) Pensamiento

El tzniut se refleja en nuestros intereses, el judaísmo invita a la persona a refinar la forma en la que mira el mundo exterior. No puede juzgar negativamente a las personas que lo rodean, ni constantemente remarcar internamente los defectos que estos tienen, como tampoco puede buscar constantemente la carnalidad y la sexualidad fuera del contexto amoroso o matrimonial. Para los hombres existen numerosas mitzvot (mandamientos) sobre las cosas que pueden ser vistas y las que no, ya que ciertas imágenes por necesidad despiertan pensamientos carnales, que si vuelven constantes llevan a la persona a la vulgaridad. También existen numerosas mitzvot para hombres y mujeres por igual sobre como juzgar favorablemente al prójimo, incluso aunque sepamos que su comportamiento no es adecuado.

Además la Torá también nos incita a no gastar el tiempo pensando en banalidades y buscar un crecimiento personal constante; enfocar nuestro ojo en las cosas que son significativas y valiosas y no en aquellas sin trascendencia o que llevan al pesimismo o la vulgaridad. Esto implica la forma en que nos vemos a nosotros mismos, no enfocar el valor de nuestra persona en banalidades, sino en aquello sagrado del ser humano y aspirar al refinamiento de lo mismo en nuestro carácter.

II) Habla

Así como el tzniut se expresa sobre el pensamiento también lo hace sobre el habla. La forma en la que hablamos impacta en la imagen que proyectamos de nosotros mismos y la forma en la que nos percibimos. El tzniut claramente implica no criticar a las personas, no hablar mal de ellas, no humillar en público. También involucra no humillarse a uno mismo, no hablar de cosas vanas, no exponer intimidades, en determinados contextos, ni expresarse carnal o vulgarmente de las cosas.

Sin embargo, algo que mucha gente no sabe es que también se refiere al lugar que le das al otro al hablar. No puedes hacer sentir mal a una persona con tus palabras aunque éstas sean extremadamente refinadas, (incluso hay halajot que nos dicen qué temas si son indicados para mencionar cuando una persona ha sufrido una tragedia, o pasa por un duelo). El tzniut pone muchísimo énfasis en la sensibilidad que expresamos a los demás, incluso con nuestras expresiones faciales. Aquel que lastima los sentimientos de una mujer poco recatada o mal vestida comete una falta más grave de tzniut que la mujer misma.

Tampoco es correcto monopolizar la plática sin permitir a los otros participar en ella o hablar excesivamente de uno con los demás presumiendo o llamando la atención. Cuando uno habla debe siempre tener en cuenta con quién habla, el lugar y el contexto donde se está llevando a cabo la conversación.

III) Apariencia

Éste es el aspecto que más se destaca del tzniut porque habla de cómo nos mostramos frente a los demás y a nosotros. Las primeras halajot de tzniut que se estudian es con respecto a qué hacemos en los espacios íntimos; específicamente en la Torá se habla sobre los hábitos de aseo que los soldados deben tener. La razón por la cual ese pasaje se destaca tanto es porque el tzniut debe recordarnos nuestra dignidad como personas incluso (y especialmente) en los momentos de mayor estrés y conflicto, en que nuestra humanidad está siendo olvidada, incluso en medio de la guerra debemos poner cuidado a nuestra persona y ocultar nuestro lado bestial. Ello nos lleva también a la necesidad de vestirnos dignamente y de remarcar nuestra persona con la ropa antes que nuestro cuerpo y nuestra carnalidad. Sin embargo, la ropa que usamos también debe ser digna, no puede estar rota o sucia.

El tzniut también que la forma en que nos presentamos frente a los demás o frente al mundo impacta la forma en que nos vemos. Parte del tzniut es no querer llamar la atención excesivamente, para no vernos con ojos superficiales.

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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