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Uno de los retos humanos más grandes que enfrentamos cotidianamente es hacer que nuestras cualidades se vuelvan virtudes en vez de vicios; que la belleza, la inteligencia, el amor al mundo y al prójimo sean cualidades que acercan a la persona a sus congéneres en vez de alejarlos de ellos o causar envidia. Finalmente D-os nos hizo a “su imagen y semejanza” para que “santifiquemos su nombre” nuestras cualidades nos fueron dadas para traer luz a la Tierra y a través de ellas santificarla. Sin embargo, no es una tarea fácil y poca gente lo logra realmente, pues requiere de una gran confrontación personal y trabajo espiritual, en un gran número de ocasiones nuestras virtudes lentamente se convierten en nuestros defectos. El caso de Yosef HaTzadik, el hijo predilecto de Jacobo, es una muestra clara de la dificultad que hablamos. Fue un joven cuyas cualidades trajo discordia entre sus hermanos, cuya belleza lo convirtió en objeto de envidia de muchos hombres y mujeres por igual, y sin embargo, supo convertirse en el símbolo de la paz y del perdón; supo hacer que sus virtudes se volvieran un reflejo de D-os y que brillaran haciendo grande Su nombre. Por eso se vuelve imagen de la luz que nos alumbra en el Exilio y su historia es leída en el Shabat de Janucá.

El inicio de la discordia

Lo primero que sabemos de Yosef es que creció con los hijos de Zilpá y lo hijos de Bilá, que daba malas noticias de sus hermanos a su padre y que Jacobo lo amaba más que al resto de sus hijos y por lo mismo le había regalado un atuendo especial distinguiéndolo. La Torá remarca que los hermanos sentían desagrado hacia él. Varios comentaristas se han preguntado sobre el origen de dicho desagrado y aunque la Torá remarca la preferencia de Jacobo hacia Yosef, varios comentaristas han sugerido que fue el conjunto de las circunstancias el que causó dicho sentimiento en los hermanos más que la envidia misma. Los hermanos veían en Yosef una amenaza, había crecido sin madre y por eso no era cercano a ellos. Temían que el amor de su padre lo volviera arrogante y egoísta como Esaú. Sus miedos además fueron confirmados por la forma de hablar de Yosef, por las críticas que daba a su padre de ellos, creían que buscaba sembrar discordia y alejarlos de Jacobo.

Cuando Yosef les relata sus sueños, el sentimiento de desconfianza se acrecienta. Con el primer sueño, no temen en sí por el futuro, pero les molesta profundamente el hecho que Yosef haya decidido narrárselo; creen que es un signo de ambición y que el sueño representa los deseos de su hermano “Acaso reinarás sobre nosotros, acaso nos someterás.” Para el segundo sueño, la situación empeora pues los hermanos notan la reacción de Jacobo “su padre mantuvo la cuestión en su mente” y entienden que los sueños de Yosef, no son simples fantasías sino profecías. Es ahí cuando deciden reunirse en Shejem (el lugar donde vengaron a su hermana Diná) para decidir el destino de Yosef y ocurren los sucesos que la Torá nos muestra donde Rubén pide por la vida de Yosef y los hermanos deciden vender al joven como esclavo.

La belleza de Yosef

Lo siguiente que sabemos de Yosef es que fue comprado por Potifar, un cortesano del faraón, cabeza de los carniceros. El pasaje nos narra la buena fortuna que Yosef tiene y la forma tan rápida en que la que pasa de ser un esclavo cualquiera a convertirse en la mano derecha de su amo. Los comentaristas señalan que esto era especialmente difícil en el caso de Yosef pues los egipcios solían sentir un desprecio profundo por los hebreos. Los eventos por lo mismo resaltan la inteligencia, habilidad e integridad que Yosef debió haber tenido para poder acceder a esos lugares. Sin embargo, lo que la Torá remarca con mayor intensidad es que D-os estaba de lado de Yosef en todos los asuntos que lo acompañaban. Tanto así que incluso su amo siendo egipcio reconoció la Presencia de D-os y reconoció que ésta seguía a Yosef. Como bien señala rab Hirsch “Si D-os estaba con Yosef, era sólo porque Yosef estaba con D-os. Cuando la persona alinea sus objetivos a los deseos de D-os, entonces D-os ayuda a la persona a lograr sus metas.” No sólo eso, por los pasajes podemos ver que Yosef nunca perdió la confianza y la fe en D-os. En todo momento se mostró seguro frente al futuro y constantemente recordaba en sus palabras la existencia divina. Yosef recibe ayuda por la extrema confianza que tenía en Él y por no perderla incluso en los momentos más oscuros de su vida. Por eso mismo se vuelve para el judaísmo la imagen de la fe en el Exilio, el mejor ejemplo de “bitajón” (fortaleza y confianza frente a los designios divinos). Cabe destacar que su madre Raquel, quien murió lejos de Jerusalén, según nos dicen los midrashim (relatos de la tradición oral) es la que pide a D-os por los judíos en épocas de Exilio, su tumba es la que los recibe al regresar a la tierra prometida. Yosef heredó de ella su belleza y carisma que al igual que su hijo se sustentaban en la confianza y amor que tenían a D-os. Ambos mueren fuera de Israel.

En cuanto a la belleza de Yosef, la primera vez que se nos habla de ella es previa a la escena con la esposa de Potifar. Según nos lo narran la mujer se enamora de él después “de estos eventos” es decir al observar su ascenso en la casa de su amo. En el judaísmo no existe la idea de belleza como valor objetivo independiente de quien lo mira, Yosef es bello frente a los ojos de la mujer, no sólo por su apariencia sino por las habilidades que demostró tener en su servicio a Potifar mismo, con cada rechazo el amor de la mujer crece hacia él. Y será justo esas cualidades buenas y nuevamente su soberbia las que lo hagan caer nuevamente en desgracia. Yosef no debió haberse quedado a solas en la casa de la mujer cuando ella estaba presente. Y aunque la niega, el ignorar el peligro y someterse a la tentación termina por costarle muy caro; la mujer miente y es encarcelado.

En la cárcel D-os vuelve a ayudarlo y al interpretar correctamente los sueños del faraón se convierte en la mano del mismo, el hombre más poderoso de Egipto después del faraón. Aquí Yosef aprende a hacer que sus cualidades se vuelvan virtudes, al interpretar los sueños aprende a ver la situación particular de cada persona. Durante su virreinato en Egipto Yosef se vuelve uno de los hombres más amados y admirados del lugar, su belleza física y su inteligencia en lugar de generar sospechas termina por servir a su gobierno, dándole mayor sustento. Yosef ha logrado dejar de ser una amenaza para los demás y se ha convertido en una figura de confianza y estabilidad.

En cierta forma en Egipto Yosef se vuelve reflejo de D-os y esa es su mayor virtud, que su belleza y sus buenas cualidades sirven para acrecentar la luz de D-os en vez de su luz propia. No en vano, la primera línea de reyes judíos proviene de la estirpe de Yosef, así como la reina Esther y Mordejai también lo fueron. Porque son el símbolo de quien anula a sí mismo por completo para convertirse un canal entre D-os y el pueblo. Yosef deja ir su arrogancia y entiende que sus virtudes le fueron dadas para trasmitir una luz mayor a la suya; deja para siempre de ser una amenaza.

Cuando sus hermanos llegan a Egipto, su principal objetivo sería reintegrarse a su familia y hacer que sus hermanos lo vean realmente como él es, no bajo la imagen distorsionada que se formaron de él.

El perdón

En toda la Torá Yosef es el primer hombre al que vemos perdonar. Vimos a Esaú aplacar su ira contra Jacobo, sin embargo, no volvimos a ver a los dos hermanos juntos nunca más ni tenemos la certeza real que la reconciliación haya sido estable después del encuentro. Con Yosef en cambio dos veces le reitera a sus hermanos que les ha dado el perdón plenamente, además es la primera vez que la Torá usa la palabra “perdonar” para referirse a las acciones de un hombre. En toda la historia del Génesis sólo vemos que los hijos de Jacobo permanezcan unidos como hermanos y reciban en conjunto las enseñanzas de su padre cuando éste aún vive. Isaac se separa de Ismael y se reúnen sólo para el entierro de su padre, a su vez Esaú y Jacobo viven el reencuentro tras la muerte de su padre y cada quién parte para seguir un camino distinto del otro. En cambio los hijos de Jacobo permanecen juntos antes y después de su muerte, juntos reciben la bendición que les da a cada uno, juntos permanecen al pie de su lecho en la hora de su muerte y siguen el mismo camino en Egipto; sus descendientes consolidan una sola nación a diferencia de sus antecesores. Todo ello es gracias únicamente a Yosef.

Los comentaristas se preguntan por qué Yosef no escribió a su padre una vez establecido en Egipto, por qué lo hizo esperar en luto veinte años antes de buscarlo. La respuesta que varios dan es que Yosef no quería ser más el objeto de discordia de su familia. Por las profecías de sus sueños sabía que sus hermanos y su padre regresarían a él, sin embargo, si avisaba a Jacobo nuevamente del crimen que habían cometido la reconciliación no sería posible nunca. Tenía que darse tiempo para perdonarlos y para que ellos mismos notarán su error. La oportunidad se presenta cuando bajan juntos a Egipto.

Las tretas que hace con ellos en realidad es para que entendieran su error y se arrepintieran no por miedo sino por decisión moral. Además se presentará frente a ellos como un mandatario benevolente, como una persona que decide actuar con misericordia aunque tenga el poder absoluto sobre ellos, alguien que pudiendo aniquilarlos no lo haría nunca. Los hermanos no saben que el virrey al que tienen enfrente es Yosef mismo, los sucesos que viven lo ven como maniobra de D-os y ese pensamiento es el que los lleva a pensar que actuaron mal con su hermano. Antes de ese momento sentían arrepentimiento por el dolor que ocasionaron a su padre, pero no pensaban que sus acciones habían estado equivocadas. No habían dejado de ver a Yosef como amenazante y creían que habían hecho un bien en neutralizar su poder. Reciben los eventos como un castigo divino que les empuja a reflexionar nuevamente sobre la situación y la ven como un error. Incluso hay comentaristas que te dicen que en ese momento no lamentaron haberse deshecho de Yosef sino la crueldad con la actuaron, el no escuchar sus plegarias y mostrarle desprecio; y es Rubén quien desde el inicio ve el error el que los incita nuevamente a arrepentirse.

En cualquier caso Yosef hace que sus hermanos vivan todos los pasos necesarios para redimir su camino, no sólo con la palabra sino con sus acciones. Cuando se niegan a abandonar a Benjamín es que Yosef finalmente puede revelar ante ellos quien es él, pues han cambiado por completo su forma de pensar y su forma de actuar, puede darles un perdón pleno. Y así nuevamente puede formar parte de su familia, deja de ser el hermano que causa discordia para convertirse en el hermano que une a la familia, el hermano que perdona y de cual todos dependen; el que les da un sustento.

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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