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Enlace Judío México e Israel / Aranza Gleason – Uno de los momentos más icónicos de todo el Tanaj es la Revelación de los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí. Es uno de los pasajes más representados en libros, obras de teatro y películas; en muchos sentidos define la cultura en la que vivimos. En el caso judío, la Revelación en el Sinaí y los Diez Mandamientos es uno de los momentos más importantes en la historia del pueblo judío. Tanto que se considera el inicio de la entrega de la Torá y el motivo por el cuál los judíos fueron sacados de Egipto. El evento se conmemora en la festividad de Shavuot cuyas celebraciones empiezan este domingo. En honor al día me gustaría hablar sobre algunos aprendizajes que la fiesta y el pasaje nos ofrecen.

¿Por qué los Diez Mandamientos?

La primera pregunta que uno tiene al estudiar sobre Shavuot es ¿por qué celebramos la entrega de la Torá en el día que los Diez Mandamientos fueron dados al pueblo judío?, ¿por qué no el día en que Moisés la recibió de D-os, o el día en que ésta terminó de ser escrita? Hay muchas respuestas a esa pregunta.

La primera nos dice que los Diez Mandamientos en su estructura contiene los elementos morales más básicos del hombre y por eso se considera que ése fue el momento en que la Torá se entregó. Si uno analiza la estructura de los Diez Mandamientos notará que los primeros cuatro hablan sobre la relación del hombre con D-os (Creer en D-os, no hacer idolatría, no decir el nombre de D-os en vano, santificar el Shabat), los últimos cinco hablan sobre la relación del hombre con su prójimo (No matar, no cometer adulterio, no robar hay quien lo entiende como no secuestrar, no dar un testimonio falso y no envidiar) y el quinto (respetar a los padres) se considera un puente entre ambos pues son los padres quienes le dan al hombre el pensamiento moral y la tradición.

Creer en D-os y santificar el Shabat implica darle santidad al mundo en el que uno vive y darse a uno mismo la oportunidad de creer en algo eterno, tener algo sagrado. No cometer idolatría, no decir su nombre en vano implica tenerle lealtad a a esos principios y darse respeto a uno mismo. No matar, no cometer adulterio, no robar y no dar un testimonio falso son la base mínima sobre la cual cualquier sociedad puede funcionar; sin ellas se rompe todo el tejido que nos une al otro ser humano. Mientras que la envidia es el sentimiento que lleva al hombre a romperlo, un midrash nos dice que la envidia es el único sentimiento que puede hacer al hombre violar los cuatro mandamientos referentes al ser humano en un sólo día. Además la envidia también distanciá al hombre de D-os pues lo hace odiar lo que tiene.

La segunda posición mantiene que la Revelación en el Sinaí y la aceptación de los Diez Mandamientos por los judíos fue el inicio de la entrega de la Torá. Después de ese evento Moisés subiría al monte para recibir la enseñanza de D-os y las Tablas de la Ley; hay posturas que sostienen que en ese momento recibió toda la Torá, tanto oral como escrita; incluso hay un midrash que describe sus lágrimas al escribir sobre su propia muerte. Sin embargo, otras opiniones mantienen que fue recibiendo la Torá al paso que los eventos se fueron desenvolviendo y D-os le fue dictando los pasajes transcurriendo el tiempo. En cualquiera de los dos casos los Diez Mandamientos representaron el inicio de la entrega de la Torá.

La importancia de una ética regulada

Otro de los aspectos básicos de la entrega de Los Diez Mandamientos es que fue el único momento en la historia judía que D-os le habló personalmente a todos los integrantes del pueblo. Fue el momento en donde individualmente cada uno de ellos aceptó sobre sí la Ley de D-os e hizo un pacto con la Divinidad para la eternidad. La Revelación en el Sinaí y los Diez Mandamientos son vistos por los rabinos del Talmud como la cúspide o la conclusión del pacto que inicio en Pésaj y se cimentó en ese día. Si bien, en Pésaj los judíos se unieron como nación y se comprometieron a dominar su voluntad para convertirse en sirvientes de D-os no recibieron una ley clara, ni tuvieron algún ejemplo de lo que su labor debía ser en el mundo, ni hacia donde debían dirigirse como nación.

La Torá, al ser la una ley, les dio un poder de acción enorme. Cuando los principios morales que uno tiene son claros la persona tiene un mayor poder de discernimiento, puede distinguir con mayor claridad lo moralmente correcto de lo equivocado. Sólo con un código moral es que el hombre puede actuar con ética, pues sin él no tiene forma de dominar sus instintos; los Diez Mandamientos son el inicio y la cúspide de ese código que les fue dado a los judíos

La ética de D-os y la ética del hombre

A lo largo de todo el Tanaj tenemos historias que nos muestran los deseos y acciones de D-os y a través de los ejemplos de hombres virtuosos y sus historias es que podemos crearnos una moral propia y un actuar ético. Sin embargo, no es hasta la Revelación en el Sinaí y la entrega de los Diez Mandamientos que la ética de D-os se vuelve explícita para la nación judía. Antes, el pueblo se encontraba frente a una moral propia e individual, trasmitida a través de los años por la tradición, ahora con la entrega de la Torá se encuentra frente a la Ley de D-os.

Eso quiere decir que se encuentran frente a una ley eterna y no cambiante, frente a los valores esenciales que definen nuestra humanidad. La Torá y los Diez Mandamientos en muchas formas representa aquello que nos hace tener una chispa de D-os. Sin embargo, son valores que deben preservarse activamente de forma individual, porque aunque son tan cercanos a la naturaleza humana si no se enseñan pueden perderse.

La accesibilidad de la Torá

Una de las enseñanzas que los midrashim (relatos orales) de Shavuot trae es sobre la naturaleza universal de los Diez Mandamientos y la Torá. En la Mejilat de rabí Ismael el midrash se pregunta ¿por qué la Torá fue dada en un desierto? La respuesta que se da es que el desierto representa un espacio público y abierto que no pertenece a nadie

Esto fue hecho para que las naciones tuvieran posibilidad de aceptarla y no dijeran que la rechazaron porque fue dada en una tierra ajena a la suya, en la tierra de Israel.
A tres cosas se compara la Torá: al desierto, al fuego y al agua. Tal como estas tres cosas son accesibles para todo el que llega al mundo, también lo son las palabras de Torá.” (Mejilta de rabí Ismael).

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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