Enlace Judío – Cuando se piensa en el Holocausto generalmente se piensa en los judíos de Europa. La asociación es lógica, pues la gran mayoría de los asesinados por los nazis fueron judíos europeos y ahí se debe enfocar la mayor parte de memoria colectiva y de la investigación. Poco se habla, sin embargo, del impacto nazi en las comunidades judías de Medio Oriente que fueron victimizadas en ese periodo de tiempo.

Hace 82 años, el primero y el segundo de junio de 1941, culminó con un pogromo el evento más traumático para la milenaria comunidad judía de Irak. Conocido como el Farhum (despojo violento en árabe), cientos de judíos fueron asesinados en una fosa común por turbas enfurecidas de fuerzas estatales y ciudadanos violentos.

El trágico evento tuvo lugar un mes después de que Rashid Ali al-Gilani, un abogado pronazi, haya llevado a cabo un golpe de estado y conseguido el poder en Irak. Se empezaron a escuchar transmisiones nazis en la radio, se les repartió propaganda antisemita a las elites y se encerró a cientos de judíos en una casa en Diwaniya, al sur de Bagdad. 

Daniel Sasson, sobreviviente de la masacre relata que la gente encerrada en la casa vivía hacinada, con sólo algunas aceitunas al día y un poco de pan rancio. A los hombres se les obligaba a realizar trabajos forzados de las 7 a. m. a las 7 p. m. Según documentos de la policía, en caso de que al-Gilani conservara el poder, se construirían guetos emulando a los que Hitler formó en Europa.

Al finalizar el mes de mayo, los judíos del gueto fueron liberados sin aviso alguno. Días después, mientras se preparaban para la fiesta de Shavuot, fueron recibidos con disparos, disturbios y pelotones de fusilamiento. Las casas de los judíos fueron marcadas con una mano roja. 

Steve Acre, quien sobrevivió gracias a los esfuerzos de su casero musulmán, recuerda los gritos emanando de la casa de la mejor amiga de su madre: “Una multitud le prendió fuego a su casa. Los hombres gritaban como de alegría, con júbilo sosteniendo algo que parecía un trozo de carne en sus manos. Me percaté entonces de que lo que llevaban en manos era el pecho de Sabicha, la mejor amiga de mi madre. Le cortaron el pecho y la torturaron antes de matarla”.

El pogromo acabó cuando las fuerzas británicas recuperaron Bagdad y destituyeron a al-Gilani, pero el trauma impuesto en la comunidad judía iraquí fue imposible de borrar. Después de 2 000 años de vida judía en Bagdad con una convivencia más sana que en otros lados del mundo, se extinguía la comunidad de Irak.

El Museo del Holocausto en Washington señala que el impacto de la masacre provocó el exilio de miles de judíos a países cercanos como Irán, Líbano o la Palestina británica. Menos de 10 años después del Farhud, más del 90% de los judíos habían partido de Irak.

A 81 años del Farhud, los pocos judíos que viven Irak son discriminados por un sistema legal que explícitamente les niega sus derechos constitucionales y mantiene su patrimonio en riesgo. Con un futuro sin presencia judía en Irak aventándose, es importante honrar su memoria histórica y recordar a aquellos cuya vida fue arrebatada injustamente. 

 


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