Enlace Judío – Dentro del calendario judío nos encontramos en el tiempo de la cuenta del omer; éste es el tiempo que transcurre entre Pésaj y Shavuot (dos festividades judías). Durante siete semanas (49 días) contamos cada noche los días y las semanas que han transcurrido desde la salida de Egipto, es decir desde la primer noche de Pésaj. La primer cuenta ocurre en la segunda noche precisamente porque transcurrió un día entero desde esa noche. La cuenta se hace de forma muy sencilla se dicen las berajot (frases que nos obligan a poner atención al momento) correspondientes y el número de días junto con el número de semanas que han transcurrido desde Pésaj. Dependiendo de las distintas tradiciones se agregan rezos o más elementos, una muy popular nace de la Cabalá la cual le asigna a cada semana una sefirá particular a cada semana y una combinación particular de dos sefirot a cada día. Es una tradición muy sencilla y bella que sin embargo tiene una gran variedad de significados, lazos muy extensos a la historia judía y una profundidad inmensa. A continuación hablaremos un poco de los elementos que la conforman.

Shavuot y la superación personal que realizamos durante la cuenta del omer

La festividad de Shavuot y la cuenta del omer

Shavuot es la única festividad que no tiene como tal una existencia independiente dentro de la Torá su celebración está directamente ligada a la cuenta del omer, es decir no tiene fecha. Pesaj por ejemplo se celebra el 15 de nisán, el día del shofar (Rosh Hashaná) el primero de tishrei y Yom Kipur el diez de ese mes, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, Shavuot no tiene fecha como tal sabemos que ocurre el cinco de siván porque ése es el resultado en el calendario judío tras haber contado 49 días (siete semanas completas), sin embargo, lo que la Torá nos pide en sí es realizar la cuenta y festejar Shavuot en el día 50 – el día que sigue a la cuenta. El mismo nombre de Shavuot quiere decir “semanas”.

Si vemos bien es la misma cuenta la que une en el tiempo el proceso espiritual que vivimos en Pésaj con el proceso espiritual que vivimos en Shavuot. Es un puente entre ambos por así decirlo. Las tres mitzvot – el festejo de Pésaj, la cuenta del omer y Shavuot – aunque existen separadas (cada una es una mitzvá distintas) están unidas y funcionan en una correlación tanto en su significado como en su historia.

El trabajo espiritual que realizamos durante la cuenta del omer

En Pésaj se celebra y se revive el Éxodo de Egipto festejamos nuestra libertad y buscamos ampliarla en nuestro presente. En Shavuot la entrega de la Torá, es el momento en que los judíos del desierto escucharon los Diez Mandamientos; celebramos tener una estructura, un sentido en la realidad, el poder conocer a D-os. ¿Qué es entonces el tiempo de la cuenta y qué lo fue en el pasado? Nuestra preparación espiritual para recibir la Torá. Es decir el trabajo espiritual es eso un trabajo, uno se esfuerza por crecer y mejorarse como persona. Para recibir la Torá los judíos del desierto debieron prepararse espiritualmente para tener la cercanía con D-os necesaria para recibir la revelación de los Diez mandamientos. Y no es sólo en sí una preparación como tal, más bien es la construcción de esa intimidad, de ése crecimiento espiritual y eso es justo lo que hacemos con la cuenta. Dedicamos 49 días a crecer espiritualmente, a mejorar nuestro carácter, a reflexionar sobre un tema particular. Cada día que pasa es un día en el que crecimos y vemos cómo ese crecimiento se solidifica en nosotros, lo contamos. Si lo pensamos bien hacemos la misma mitzvá (tradición / mandato) por dos razones distintas, por nuestro crecimiento individual y para saber la fecha exacta de celebración.

¿Por qué se llama la cuenta del omer?

Ahora, ¿por qué se le llama la cuenta del omer y no la cuanta de Shavuot? Lo primero que hay que especificar es que el omer en realidad es una unidad de volumen usada en tiempos bíblicos para medir granos o harinas. La cuenta está históricamente atada a dos momentos en que esa unidad ocurría. Ambas son interpretaciones.

El sacrificio del omer

La cuenta del omer también crea resonancias sobre los sacrificios que la Torá ordena en este momento del calendario judío. Cuando existía el Mishkan (Tabernáculo) en el desierto o el Templo en Jerusalén se hacían dos sacrificios que incluyen a los granos. El primero era el 16 de nisán el día que sigue a Pésaj y el segundo era un sacrificio que se hacía en Shavuot.

Durante el primero se llevaba comunitariamente un “omer” de cebada y en el segundo dos panes de trigo leudados. Simbolizan el cambio de lo físico y lo material a un refinamiento espiritual: la cebada es considerado de los granos menos refinados que hay, generalmente se usa para alimentar ganado además era llevado en su estado natural, no como una harina. Mientras que el trigo era de los granos más apreciados en la cultura judía, representa el refinamiento y a veces el pueblo de Israel. El sacrificio era llevado como pan tras haber sido sometido a el trabajo que crear pan requiere.

El maná

Otras fuentes también recuerdan el maná que sostenía a los judíos durante el desierto. Éste empezó a llegarles al día siguiente del Éxodo de Egipto, es decir al mismo tiempo que llevamos a cabo la cuenta. La medida bajo la cual caía ese alimento era un omer, de tal manera que la cuenta también nos recuerda el mismo.

Las sefirot divinas y el luto del omer: dos prácticas sobre cómo superarnos

Como especificamos la cuenta del omer se lleva a cabo a través de la superación personal que el individuo realiza en esa fecha. Aparte existen costumbres y prácticas que la rodean y que especifican como esa superación puede llevarse a cabo.

Los 49 niveles de impureza y las sefirot divinas

La Cabalá habla de los 49 niveles de impureza que los judíos cargaban al haber estado en Egipto y los cuales superaron antes de recibir la Torá. También se habla de las 49 combinaciones que se pueden crear con las 7 sefirot divinas cuando se las mezcla.

Las sefirot son características de D-os que se manifiestan en el mundo, bajo la visión de la Cabalá influyen la realidad e influyen al hombre. Sin embargo, también son características de nuestra personalidad como humanos que podemos perfeccionar. Por ejemplo la Guevurá es la característica de fuerza de ella desprende el Juicio Divino, pero también de ella el hombre aprende del auto control, de la resiliencia, de la determinación. El Gesed es la bondad, a través de ella vemos como D-os da al mundo y la abundancia que existen en la materia, pero también aprendemos a ser bondadosos nosotros, a buscar a nuestro prójimo, a disfrutar el dar. Así con cada una.

En la Cabalá cada semana de la cuenta representa una sefirá y cada día como esa sefirá particular de la semana se manifiesta con otra misma. Por ejemplo, cuando el Gesed también se expresa bajo la característica de Tiferet (belleza) estamos remarcando la bondad pero una cualidad particular de la bondad. Así cuando le damos este color a la cuenta cada día tratamos de tomar consciencia sobre cómo nos relacionamos con el mundo y cómo expresamos esa cualidad particular e intentamos mejorarla. Por ejemplo, la primera semana tratamos de entender cómo percibimos la bondad, cómo la recibimos, cómo la expresamos y tratamos de ser más bondadosos. El segundo día de la primera semana la bondad (Gesed) a través de la fuerza (Guevura) por ejemplo y el tercero a través de la belleza (Tiferet).

Se piensa que los judíos del desierto al refinar esos 49 niveles de impureza que refinaron en realidad refinaron sus características internas. Lo mismo intentamos hacer nosotros.

El “luto” del omer

Una práctica muy difundida entre jaredíes el el llamado “luto” del omer. Es decir durante la cuenta del omer uno se abstiene de ciertas actividades como escuchar música, rasurarse u organizar fiestas. Es un minhag, es decir, una costumbre que la comunidad acepta y tiene implicaciones halájicas, y se hace en recuerdo a los alumnos de rabí Akiva que murieron durante esta época. Trágicamente históricamente también coincide con tiempos en que los judíos sufrieron persecuciones durante la Edad Media. Se hace porque es una costumbre, sin embargo, también se considera que justo este tiempo es un buen momento para incrementar la observancia y la rigurosidad. En ese sentido la cuenta y la superación personal que se llevaba a cabo no está totalmente desligada de ella. A la par que contamos y crecemos espiritualmente recordamos tiempos en que la Torá pudo haber sido aniquilada, y en base a ello se incrementa la observancia, como un reto propio.

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