Rabbán Gamliel dice que hay tres conceptos que debemos mencionar en el Seder de Pésaj: Pésaj, Matsá y Maror. Comencemos por el final.
«Maror» representa la esclavitud que sufrimos los judíos a manos de los egipcios. «Matsá» nos recuerda la libertad que Dios le otorgó al pueblo de Israel mediante Su intervención divina.
¿Pero qué significa “Pésaj”?
Como lo explica el Targum Onkelos, “Pésaj”, en primer lugar, significa “protección”. La noche del 14 de Nisán (Lel Shimurim o noche de protección divina), cuando Dios envió la plaga contra los primogénitos, también aseguró que las casas de los Yehudim serían protegidas por Él (ufasaj HaShem al habatim) para que no sufrieran ningún daño ni mal (mashjit).
Esta protección, que celebramos todos los años, fue fruto de un mérito especial.
Dios le ordenó a los judíos hacer algo muy difícil: tomar un cordero, el macho joven de la oveja, y llevarlo a sus casas. En la víspera del 15 de Nisán, ese cordero debía ser sacrificado, asado y consumido por los esclavos judíos. Su sangre debía aplicarse en los postes y dinteles de las puertas, del lado de afuera. Aquellas familias que lo hicieran merecerían la protección Divina y saldrían de la esclavitud de Egipto.
Mitología egipcia
Para comprender en profundidad por qué el sacrificio de “Pésaj” fue un acto heroico, es necesario adentrarse un poco en la mitología egipcia. Los egipcios tenían un panteón de dioses: el río Nilo (Hapi), el sol (Ra), el polvo de la tierra (Geb), Heket, una rana con cuerpo humano que representaba la fertilidad, etc.
Cuando Dios trajo las diez plagas a Egipto, cada una de ellas fue dirigida deliberadamente contra uno de estos dioses.
El Todopoderoso primero afectó al Nilo —lo hizo sangrar— y así la principal fuente de vida de los egipcios se transformó en una fuente de muerte. Luego trajo las ranas, símbolo de fertilidad, y las hizo reproducirse en cantidades monstruosas, causando devastación. Después, Moshe tomó un poco de la “tierra sagrada” de Egipto y Dios la convirtió en piojos, demostrando que Geb se había vuelto contra ellos.
Así, uno por uno, los dioses egipcios fueron convertidos en plagas incontrolables. Finalmente, luego de demostrar la impotencia del dios Ra con la plaga de la oscuridad, el Todopoderoso trajo la muerte de los primogénitos, que eran considerados los sacerdotes de cada familia.
Carneros sagrados
Los egipcios adoraban especialmente a un animal: el carnero, es decir: el cordero adulto, famoso por su fuerza y virilidad (puede reproducirse con hasta 50 ovejas). El carnero en Egipto, conocido como Amón, era considerado “el rey de los dioses”, ya que debido a su virilidad se le atribuía ser el creador de los primeros seres humanos.
El Todopoderoso no se encargó de este dios egipcio “personalmente” como lo hizo con los anteriores. HaShem le dijo a los judíos que lo hicieran: que tomaran un cordero, lo sacrificaran, asaran su carne y colocaran su sangre sobre las puertas, a la vista de todo Egipto.
En otras palabras, los esclavos judíos tenían que ejecutar al dios de sus amos, algo que demandaba un enorme acto de valentía y de confianza (bitajón) en que Dios los iba a proteger.
La plaga número 11
Para los egipcios esta fue la “plaga número 11”: ¡perder al gran dios egipcio Amón de mano de sus esclavos! Y debió haberlos convencido de las mentiras de su idolatría.
Ahora comprendemos mejor el verdadero significado de “Pésaj”.
Por un lado, el sacrificio de Pésaj nos recuerda la gran valentía de los esclavos judíos que desafiaron a los egipcios, les perdieron el miedo y merecieron así su libertad física. Sacrificar al dios egipcio fue la prueba final para el propio pueblo judío: demostraron que eran capaces de romper sus cadenas de esclavitud internas y superar la sumisión a la religión y cultura egipcia.
“Pesaj”, por el otro lado, representa que Dios cumplió Su compromiso y que la intervención Divina protegió a Israel, honrando su valentía y su fe.
Gaza y la derrota teológica del enemigo
El sacrificio de Pésaj devastó y afectó en lo más profundo a los egipcios: fue una derrota psicológica y teológica.
La guerra actual en Gaza tiene una dimensión similar. No es una guerra territorial o meramente defensiva. Es, en esencia, una guerra religiosa y psicológica. Hamas nunca ocultó sus motivaciones. Su carta fundacional proclama que su lucha contra los judíos es religiosa: “El islam los borrará, así como borró a otros en el pasado.” Su modelo no es un Estado moderno, sino un Califato regido por la shariá. La guerra no es contra Israel por ser un Estado, sino por ser un Estado judío. Hamas ve su cruzada como continuación de la guerra religiosa (yihad) contra el pueblo de Israel. Y por eso, una derrota militar para Hamas es más que una pérdida táctica: es una humillación religiosa. Para el islamismo radical cada ataque contra los “infieles” es visto como un acto de fe . Por eso, cuando el 7 de octubre los palestinos mataron, torturaron y violaron lo hicieron al grito de “Allahu Akbar”.
¿Qué representaría entonces, una derrota para Hamas?
Los islamistas —por más increíble que parezca— no miden su derrota por la cantidad de víctimas que han sufrido. Esas víctimas son consideradas mártires que han accedido al paraíso intentando matar al enemigo y demostrando la superioridad de su religión frente a los infieles.
Rendirse tampoco es una opción. Hamas nunca va a deponer sus armas ni va a rendirse. Antes de eso, prefieren el martirio o el suicidio.
El cordero sagrado de Hamas
¿Qué representa la derrota para los islamistas? Que los infieles conquisten su tierra y que ellos tengan que abandonarla (nakba). Para Hamas no habrá peor castigo que el exilio. Y cuando esto ocurra, se generará una enorme crisis de fe.
Esta semana, Israel está entrando dividiendo Gaza en cinco sectores: está tomando territorios —esperamos, beEzrat Hashem— que sea de forma definitiva. Israel ya ocupa un tercio de la Franja de Gaza, y los soldados judíos están, una vez más, sacrificando simbólicamente ese “cordero sagrado” y asestando una plaga psicológica y teológica a sus enemigos.
Valentia y Emuna
Cuando Israel fue atacado el 7 de octubre, nadie imaginó que el ejército tendría el coraje de entrar a “la boca del lobo”. Durante décadas existió un terrible miedo psicológico de ingresar a Gaza. Nadie imaginó que luego de un año y medio Israel controlaría Gaza y sería capaz de exiliar al enemigo.
Es imposible no ver la intervención y la protección divina que ha acompañado a nuestros valientes soldados en todo este proceso, combinando la valentía con la emuná: la fe.
Pésaj nos recuerda que la libertad o el triunfo se obtiene con sacrificios y actos audaces, que son acompañados por la intervención Divina.
Estamos escribiendo una nueva página de esa historia milenaria que comenzó con el sacrificio de Pésaj.
SHABBAT SHALOM
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