Juntos Venceremos
jueves 04 de junio de 2026

Irving Gatell/ El principio del fin

Parece que la pregunta ya no es si Israel va a atacar a Irán, sino cuándo. Si esto ocurre, el intercambio de bombardeos va a ser muy violento, pero las condiciones se prestan para que el ataque israelí sea letal, dirigido a no permitir que el régimen de los ayatolas sobreviva.

Estamos, literalmente, igual que en abril del año pasado. Dimes y diretes, amenazas desde ambos lados, y un Israel jugando con el estrés de los ayatolas. Anunciando con demasiada anticipación su ataque, pero sin dar los pasos decisivos de un modo medianamente predecible para Irán.

El fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán es evidente. Todo parece indicar que ninguno de los dos países apuesta ya por una solución diplomática. Los ayatolas, simplemente, no van a renunciar a su intento por obtener armas atómicas.

Estados Unidos lo sabe desde siempre. Nunca fue sorpresa, y por ello lleva tres meses reforzando los sistemas de defensa anti-aérea israelíes. Eso significa que siempre supieron que habría guerra.

Si Trump insistió en “negociar” con Irán, fue porque Estados Unidos necesitaba tiempo.

¿Tiempo para qué? Para tener el mayor control posible sobre los grupos subversivos en su propio territorio, que estaban listos para “globalizar la intifada” en caso de que Trump se lanzara a la guerra contra Irán.

Los recientes disturbios en Los Ángeles nos dejaron en claro dos cosas. Una, que además de las manifestaciones pacíficas protagonizadas por los verdaderos inmigrantes (gente trabajadora y decente) preocupados por su situación, ahí estaba el bloque financiado desde Irán y Qatar, vía Venezuela, listo para echar a andar su intifada local. Ahí estuvieron las banderas de Palestina, los brazaletes de Hamas, la violencia islamista. Y dos, que el efecto intifada no se desparramó como reguero de pólvora. Las manifestaciones que se hicieron en otras ciudades fueron un eco muy pálido de lo ocurrido en Los Ángeles.

Por ello no tiene nada de raro que, casi de inmediato, Estados Unidos abandonara su retórica de “hay que seguir negociando, creemos que ellos quieren un arreglo”. En cambio, ordenaron a todo su personal diplomático ubicado en lugares que estén al alcance de lo misiles de Irán, que empiecen a tomar medidas extremas de seguridad.

Israel sigue en lo suyo, listo para lanzar el primer ataque. No dice cuándo, no dice cómo, y así pone en extrema tensión a los ayatolas (lo cual podría llevarlos a cometer un error; o varios). Irán, por su parte, amenaza.

No será una confrontación amable. El poderío militar iraní es limitado —se calcula que unos dos mil misiles balísticos, que una vez usados, ya no podrán reponerse—, pero eso no le resta peligro. Si estalla la guerra, muchas bases estadounidenses en la zona serán afectadas. Es probable que Israel también sufra daños de consideración.

Pero todo pinta a que este es el último round. Que Israel no tiene ninguna intención de dejar abierta la puerta para otro combate.

¿Qué se necesita para tumbar al régimen de los ayatolas? No mucho, curiosamente. El descontento de la propia sociedad iraní es generalizado, y ellos pueden completar el trabajo.

En principio, ni siquiera es indispensable destruir las instalaciones nucleares iraníes. Es más útil destruir las instalaciones energéticas, porque de ellas depende la mayor parte del financiamiento del régimen. Un golpe letal a la base misma de la economía iraní, es un golpe letal contra los ayatolas. La caída no sería inmediata, pero sí inevitable.

De todos modos, las instalaciones nucleares serán atacadas. Más que su destrucción total —eso es imposible—, el golpe sería psicológico, porque sería una humillación total para los ayatolas. Y en el mundo cultural en el que ellos, fanáticos religiosos, se desenvuelven, no hay nada peor que la humillación. Te exhibe como alguien débil, te desnuda frente a tu propia gente como alguien incapaz de controlar a los enemigos. Esa es la señal que la sociedad iraní está esperando para levantarse y, desde adentro, tirar al gobierno que los ha oprimido y explotado durante casi medio siglo.

Es, casi con absoluta seguridad, el round final.

Lo que sigue será la reorganización radical del Medio Oriente. Sin los ayatolas, todo se va a remodelar desde la soberana voluntad de los Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita. No habrá nadie que se pueda oponer a sus designios. Ni siquiera Turquía. Menos aún Qatar.

El siglo XXI, el verdadero siglo XXI, está a punto de comenzar.

 


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