En una entrevista exclusiva para Enlace Judío, Ana Kupfer —productora de la puesta en escena de Indecente— nos abre la puerta a un proceso de creación que trasciende lo artístico para convertirse en un acto de resistencia, memoria y amor por el teatro.
“Unos locos que hacen teatro a pesar de todo”, así define Kupfer el núcleo de Indecente, una obra que, en sus palabras, “es la historia de mi vida”. Y no exagera. El proyecto comenzó en 2020, junto al productor Eloy Hernández, su socio y mentor, fallecido antes de ver la obra cobrar vida. A través de su perseverancia y pasión, Kupfer continuó sola el viaje que años después tocaría profundamente al público mexicano.
Una travesía marcada por la pandemia, el yiddish y la memoria
Originalmente pensada para ser dirigida por Ania Zafir, desde Nueva York, la pandemia cambió el curso de la producción. Finalmente, fue el destacado director Cristian Magaloni, también parte del elenco, quien asumió el reto. Con más de 15 obras trabajadas junto a Kupfer, la confianza fue total: “Yo no le iba a soltar a mi “bebé” a nadie que no fuera él”, dijo con emoción.
La obra —una adaptación de la aclamada pieza de Paula Vogel, ganadora del Pulitzer— no solo fue traducida meticulosamente al español, sino que incorporó un desafío insólito: enseñar a los actores a hablar y cantar en yiddish, lengua que resonaba en la historia familiar de Kupfer. Con el apoyo de Silvia Bialik (Chivis) y asesorías sobre historia judía y el Holocausto, el elenco se sumergió en un proceso de transformación cultural y emocional que marcó a todos los involucrados.
“Fue hermoso ver cómo se comprometieron con el idioma, con la historia, con el alma de la obra. No todos sabían de los guetos o los campos de concentración, pero todos se abrieron al aprendizaje con respeto y entrega”, compartió Ana Kupfer.
Un momento delicado
Kupfer temía que hubueran protestas , por ser los personajes judíos. Lo platicó con su productor, quien le dijo: “Sería una protesta antisemita, totalmente”. “Mas bien ignorante, respondió Kupfer, porque la gente que es antisemita dice: odio a los judíos y te odio. Pero una protesta ignorante sería ver judíos en escenario y decir: “Estos son los que toman las decisiones del gobierno de Israel hoy en día”.
Pero no hubo ningún altercado en este caso y la obra, a la vez, enaltece “nuestras costumbres (judías), nuestras canciones, nuestro idioma y nuestro pueblo”.
Una obra profundamente judía… y profundamente humana
Indecente, además de celebrar la cultura, el idioma y la historia judía, es un espejo del alma humana: refleja los dilemas universales, la fuerza del arte frente a la censura y la capacidad de amar incluso en los momentos más oscuros.
Estrenada en un momento de gran polarización mundial y en medio de tensiones para la comunidad judía, Kupfer reconoció que tuvo miedo de posibles reacciones negativas. Sin embargo, el público ha respondido con respeto, asombro y entusiasmo. “No hemos tenido ni un solo altercado. Y eso me conmueve”, confesó.
El alma de la obra: música, cuerpo y memoria
Uno de los logros más impresionantes de Indecente es su musicalización. Lejos de estar relegados a la fosa, los músicos están en escena, son personajes, y forman parte activa de la narrativa. Con partituras klezmer y músicos de altísimo nivel como Cecilia Becerra y Leo Soqui, la obra se convierte en una experiencia multisensorial.
“Ahora los músicos aman el proyecto y no lo sueltan por nada del mundo”, dijo Kupfer. “Y lo entiendo: están dentro de algo vivo, poderoso, que los abraza”.
Un viaje que comenzó con el “Dios de la venganza”
Indecente narra la historia real de una compañía de teatro judía que, a principios del siglo pasado, representó la polémica obra El Dios de la Venganza de Sholem Asch, en la que dos mujeres se enamoran en escena, un escándalo absoluto en su época.
La pieza desafía los estereotipos religiosos, sexuales y sociales.
Más allá de su trasfondo histórico y político, Indecente es también una carta de amor al teatro, un homenaje a quienes hacen arte incluso en los momentos más adversos.
A través del viaje de esta compañía teatral y su lucha por llevar a escena El Dios de la Venganza, Kupfer nos invita a mirar de frente los dilemas de nuestra humanidad y a plantearnos una pregunta esencial: ¿Qué significa ser humano ante la censura, la represión y el prejuicio?
Teatro como resistencia… y como hogar
Ana Kupfer creció con el teatro. Estudió actuación, ha producido y actuado en más de 20 obras, y su vida personal está tejida con los hilos del escenario. Indecente, sin embargo, fue un antes y un después.
“Esta obra me hizo productora. Cuando Eloy falleció, me dejó con este paquete encima. Fue un reto durísimo: la presión financiera, las decisiones… Pero me enseñó que sí podía”, confesó con sinceridad.
Hoy, Indecente se presenta en el majestuoso Teatro Julio Castillo, con un precio simbólico de 150 pesos por boleto. “El reto ahora es llenar esas mil butacas”, comenta Kupfer con una sonrisa.
Pero después de escucharla, es claro: quien asista no solo verá una obra de teatro. Será parte de un acto de amor, de memoria y de humanidad.
¡Participa y gana boletos para Indecente!
Como un gesto para seguir acercando al público a esta experiencia única, se rifarán 10 boletos dobles para Indecente: cinco para la función del sábado 6 de septiembre y cinco más para el sábado 13 de septiembre, en el Teatro Julio Castillo.
Para participar, solo tienes que enviar tu nombre al WhatsApp de Enlace Judío: 55 55 06 08 55. Una oportunidad imperdible para vivir una obra que conmueve, sacude y deja huella.
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