Dicen los que saben del tema que la historia no se repite, pero sí rima. A veces, por sorprendente que parezca, ciertos fenómenos históricos parecen tener una segunda temporada, y lo que estamos viendo en Gaza no es la excepción.
Hacia finales del siglo XIV AEC, los egipcios empezaron a tener problemas con diversas oleadas de invasores que llegaban en sus barcos desde algún lugar del Mar Egeo (Grecia). Ya para tiempos de Ramsés II (siglo XIII AEC), empezaron a librarse feroces batallas, y los invasores pudieron ser rechazados eficientemente.
Las cosas cambiaron durante los reinados de Mernepta y Ramsés III, que consiguieron mantener a estos invasores fuera de las fronteras originales egipcias, pero no evitaron que se establecieran en los dominios que los egipcios tenían en Canaán. La invasión masiva llegó hacia finales del siglo XIII e inicios del XII AEC, y no afectó nada más a Egipto.
Toda la cuenca oriental del Mediterráneo se vio sacudida por la violencia de estos invasores que provocaron la ruina total del Imperio Hitita, y obligaron a Egipto a renunciar a sus provincias cananeas. Con ello, llegó el fin del Imperio Egipcio, que nunca en la historia volvió a jugar un papel importante más allá de su frontera natural en Sinai.
La Biblia no es una investigación doctoral histórica, sino —por decirlo de algún modo— el relato de cómo una familia semita vivió todas estas experiencias. Sin embargo, nos ofrece una serie de datos que, complementados con lo que la arqueología ha descubierto, nos permiten imaginar cómo pudo ser una de las etapas más importantes de la historia: El fin de la Edad del Bronce.
Estos invasores griegos lograron conquistar una buena porción de territorio en la costa sur de Canaán, y allí construyeron cinco grandes ciudades. Grandes como no se habían visto en toda la región, por cierto. Se trató de Ashkelón, Gat, Ekrón, Ashdod y —por supuesto— Gaza.
Cada ciudad era independiente con su propio rey y su propio ejército, siguiendo el modelo de ciudades-estado típico de la antigua Grecia y el antiguo Canaán. Sin embargo, conformaron una alianza para extender sus dominios, y pronto se convirtieron en un peligro para las demás ciudades-estado de la región, habitadas por semitas, amorreos y hurritas, principalmente, y más adelante también por hititas que huyeron del colapso de su civilización.
Estos invasores llegaron a ser temidos en todos los alrededores. No sabemos cómo se hacían llamar a sí mismos, aunque sabemos que no eran un grupo homogéneo, sino más bien un combo de tribus egeas reorganizando su vida tras haber abandonado su lugar de origen para buscar mejor suerte en lo que antes habían sido los dominios egipcios.
También sabemos que los antiguos egipcios se referían a ellos como Pueblos del Mar, y una vez que se establecieron en Gaza y sus alrededores, como los purasatiu, que no significa sino “invasores”. En acadio se les llamó con el término equivalente palastu, y en cananeo común se les dio el nombre de pilistim. A la región que consquistaron se le llamó Peleset.
Palestina, si tuviéramos que llamarla por su nombre moderno. Palestinos, si nos referimos a ellos, aunque en español estamos acostumbrados a llamarles filisteos (la diferencia se debe a que no existe ninguna conexión histórica entre aquellos y los palestinos de hoy, mayoritariamente de origen árabe).
El gravísimo problema que enfrentaron las ciudades-estado cananeas fue que no estaban listas para campañas militares de largo alcance. Durante casi tres siglos de dominación egipcia, habían sido los faraones los que se hacían cargo de todo lo relacionado con lo militar. En consecuencia, las posibilidades de frenar la invasión eran nulas.
Quienes decidieron tomar la iniciativa para combatirlos y ponerles el alto fueron una bizarra ensalada de grupos nómadas que llevaban más de medio milenio asentándose en la región. En otras épocas, estos grupos dedicados al pastoreo y al comercio habían tenido sus mejores épocas en Mesopotamia, en los límites de la cultura sumeria o del Imperio Acadio. El colapso de esas civilizaciones y el auge de los mitanios (norte de Siria), hititas (actual Turquía) y Egipto los motivó a migrar hacia occidente, y encontraron en Canaán un buen lugar para seguir con su tipo de vida seminómada.
Eran buenos guerreros, y vendían sus servicios como mercenarios a quienes mejor les pagaran. Sus orígenes eran múltiples. No se trataba de una etnia, sino de una rara mezcla de desclasados o de renegados que no tenían ningún aprecio por el estilo de vida “civilizado” de la época, y preferían la vida libre fuera de los dominios de cualquier ciudad-estado de la región. Los había semitas, hurritas, amorreos e hititas por igual, y conforme se intensificó la migración egea, también empezaron a contarse bastantes griegos entre sus filas.
Los antiguos sumerios les llamaron gabiru; los egipcios, apiru; en acadio se les llamó habiru, y hasta la fecha los conocemos con el nombre de hebreos.
Una suerte de confederación de hebreos de origen semita se puso al frente de las tropas que salieron al rescate de Canaán, y entre los años 1150 y 950 derrotaron, controlaron y aplacaron a los filisteos. Todo ello, como parte de una fase de transición que marcó el fin del podería egipcio e hitita, y tras el cual llegó la era imperial asiria.
Filisteos invadiendo Canaán desde Gaza y sus alrededores, provocando la ruina de los grandes reinos de la época; hebreos dando la cara a nombre de todo el mundo para ponerle un alto a los invasores; el fin de una era (la del Bronce) y el nacimiento de otra (la del Hierro); el colapso de unos imperios y el renacimiento de Asiria.
¿Te lo traduzco al español moderno?
Palestinos invadiendo Israel desde Gaza y sus alrededores, provocando la ruina de las grandes potencias de la época; hebreos dando la cara a nombre de todo el mundo para ponerle un alto a los invasores; el fin de una era (la de las guerras convencionales entre naciones) y el nacimiento de otra (la de las guerras híper-tecnologizadas entre naciones y movimientos terroristas); el colapso de Europa y el renacimiento de los Estados Unidos.
La historia no se repite, pero rima.
No hay nada nuevo debajo del sol.
Los judíos, descendientes directos de aquellos hebreos, damos cuenta y fe de ello. Ya vimos como toda una civilización colapsó por no saber hacerle frente a esos invasores, y por segunda vez tomamos la iniciativa de poner orden.
Y todo, en Gaza.
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