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jueves 02 de julio de 2026

Jacobo Grinberg: el judío que integró ciencia, chamanismo, cábala y…desapareció

A más de tres décadas de la enigmática desaparición del neurocientífico mexicano Jacobo Grinberg, su obra científica y espiritual continúa resonando con fuerza creciente dentro y fuera de México. Pero su figura, convertida ya en mito, también ha sido rodeada por distorsiones, apropiaciones simplistas y teorías conspirativas que, en palabras de quienes lo conocieron de cerca, están muy lejos de honrar su legado.

Para Leah B. Attie —conocida cariñosamente como Bella por la comunidad, pero identificada académicamente como Leah— el reto no solo es preservar la memoria del maestro, sino defender la integridad de su investigación frente al uso indiscriminado de su imagen. Psicóloga, académica y una de las alumnas directas que trabajó en el laboratorio de Psicofisiología de la UNAM bajo la dirección de Grinberg, Attie conversa sobre la herencia intelectual del científico, el trauma de su desaparición y la responsabilidad que cargan quienes fueron testigos directos de su método y su pensamiento.

“Se perdió el objetivo original: investigar la creación de la realidad”

Attie habla con una mezcla de serenidad y firmeza. No oculta que la sobreexposición mediática y la moda espiritual han tergiversado gravemente la obra de Grinberg:

“En redes hay información errónea que no es de él: que si te va a ayudar a ser abundante, que si te conecta con extraterrestres… Jacobo jamás habló de eso. Hemos tenido que luchar para mantenernos fieles a su enseñanza.”

Desde la Jacobo Grinberg Academy, el espacio que dirige junto con otras alumnas del laboratorio original, Attie y colegas han tenido que sortear ataques, confusiones y hasta presiones para cerrar la iniciativa por miedo a quedar envueltas en un culto que jamás promovieron.

El tabú inevitable: ¿qué pasó con Jacobo Grinberg?

La pregunta es ineludible, pero Attie la aborda con prudencia y una historia de heridas aún abiertas:

“Hace 30 años que desapareció. Fue traumático. Nos cerraron el laboratorio, todos éramos sospechosos, se perdieron equipos, se canceló un proyecto prometedor. Yo tuve que ir a terapia por el duelo.”

A diferencia de las versiones conspirativas, Attie evita alimentar especulaciones:

“Yo no voy a hablar de eso. Mi área es su herencia académica.”

Quien busque detalles, dice, puede acudir al libro que escribió junto con la también discípula Amira Valle, Alicia en el país de la conciencia, o al documental El secreto del Dr. Grinberg.

El legado vivo: teoría sintérgica, potencial transferido y conciencia ampliada

Attie conserva un rigor científico que refleja la formación directa con Grinberg. Cuando explica la teoría sintérgica, lo hace con claridad:

El cerebro crea un campo neuronal que se expande más allá del cráneo.
Ese campo se conecta con la lattice del espacio-tiempo, un concepto tomado de la física.
La realidad se manifiesta al colapsar información de esa lattice, según la estructura de cada campo neuronal.

La metáfora que ofrece es brillante:

El cerebro es el celular; la lattice es el wifi. Todos nos conectamos al mismo wifi, pero cada quien ve su propio algoritmo.”

De esa línea de investigación surgieron prácticas terapéuticas contemporáneas —como la Terapia Sintérgica— y estudios hoy retomados por Attie sobre el potencial transferido, uno de los primeros indicios experimentales de comunicación entre cerebros.

Attie y su equipo buscan replicar estos experimentos, aunque reconoce que no tener ya acceso al equipo de la UNAM ni a equipos de registro dificulta el camino. Hace un llamado abierto a quien quiera apoyar la investigación con recursos o colaboración académica.

El otro mundo de Jacobo: chamanismo, meditación y sabiduría ancestral

La transición de Grinberg hacia el estudio del chamanismo ha sido uno de los elementos más incomprendidos desde fuera. Attie lo explica desde adentro:

“Él era impecable en su rigor científico. Pero cuando vio a Pachita y otros chamanes —a quienes llamaba psicólogos autóctonosla estructura científica se le cimbró. Observó fenómenos que no tenían explicación dentro de la ciencia convencional.”

Los jueves, recuerda, colgaban las batas y se trasladaban a una casa en Morelos para practicar meditación autoalusiva, hacer caminatas conscientes y tener convivencia profunda. Ese “mundo alternativo”, como lo llama, complementaba la labor académica con prácticas introspectivas serias y disciplinadas.

Attie defiende la importancia de unir lo espiritual con lo médico:

“Yo promuevo sumar, no restar. Me hice una cirugía espiritual y mejoré. Pero también voy al médico. Tenemos que sumar, no restar, es importante”

La raíz judía, el Dalai Lama y una anécdota sorprendente

La herencia cultural de Grinberg —su educación judía, su fluidez en hebreo, su estancia en un kibutz y su estudio de la Cábala— también influyó en su pensamiento. Attie comparte una historia extraordinaria:

Cuando el Dalai Lama visitó México, Grinberg logró asistir disfrazado de rabino para representar a la comunidad judía en un encuentro interreligioso en la Catedral Metropolitana. Al final del evento, según la anécdota transmitida entre sus discípulos, ambos terminaron tomando chocolate y churros mientras conversaban sobre la naturaleza de la realidad.

Hoy, tras tres décadas de duelo y reconstrucción personal, Attie siente que el tiempo es propicio para retomar la misión:

“La gente busca expandir su consciencia. La teoría sintérgica ofrece respuestas que integran ciencia, espiritualidad y experiencia humana. Ese es el legado.”

Para Attie, honrar a Grinberg no es alimentar el misterio de su desaparición, sino continuar la investigación con la misma ética, rigor y apertura que él enseñó.

En el panorama en el que vivimos, saturado de mitologías fáciles y espiritualidades de consumo rápido, la voz de Leah B. Attie devuelve a Jacobo Grinberg a su territorio legítimo: el de la investigación seria, la experimentación valiente y la búsqueda honesta por comprender la consciencia humana. Su testimonio desmonta distorsiones e ilumina la profundidad de un proyecto científico que sigue vivo gracias a quienes lo conocieron y trabajan por preservarlo.

A más de treinta años de su desaparición, la obra de Grinberg no se reduce al enigma, sino que renace en nuevas generaciones que encuentran en su legado —y en guardianas como Attie— un recordatorio de que la ciencia y el espíritu no tienen por qué ser contrarios, sino caminos complementarios hacia una misma pregunta esencial: ¿cómo se crea la realidad que habitamos?

 


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