“No te familiarices con la autoridad gubernamental.”
”No te acerques a los gobernantes o al poder.”
Así lo advierten en el Talmud los sabios Shemayá y Rabán Gamliel.
¿Por qué?
Porque el individuo puede verse obligado a comprometer sus principios morales y religiosos para complacer a las autoridades.
Porque las presiones y el ambiente del gobierno pueden hacer que la persona pierda sus cualidades piadosas.
Porque los gobernantes solo utilizan a la persona para su propia conveniencia.
Así lo vivió León Trosky, compañero de Lenin e ideologo de la Revolución Rusa. Al morir Lenin, el factor judío de Trotsky fue explotado por la facción de Stalin. Ser judío se convirtió en un factor clave en su contra durante su marginación y expulsión en 1929.
Por el contrario, los enemigos de la Revolución, la derecha internacional propagaban el mito del “Judeo-Bolchevismo”, que vinculaba a los judíos con la revolución para desacreditarla.
Las puñaladas vienen de ambos polos.
Trotsky fue traicionado por el movimiento que él construyó, su laicismo no le alcanzó para tener respeto en ese club ateo.
Claudia Sheinbaum no tiene relación con el judaísmo. No importa, para el antisemita siempre será judía. Ni siquiera académicos antisionistas, furiosos críticos de Israel, escapan del crimen de ser judío.
En la Ciudad de México, apareció un grafiti en la puerta del edificio de la Suprema Corte que decía: “puta judía”, acompañado de una Estrella de David tachada.
El mensaje iba supuestamente dirigido a la presidenta Claudia Sheinbaum, la primera presidenta judía en la historia de México.
¿esto fue solo un insulto político… o fue un acto explícito de antisemitismo?
Desde Israel, el ministro de Asuntos Exteriores condenó el hecho como un “ataque antisemita y sexista” y pidió rechazar sin ambigüedades cualquier expresión de odio. El canciller incluso publicó la foto del grafiti y advirtió que este tipo de agresiones no pueden normalizarse.
El mundo judío se toma muy en serio estas pintas, porque suelen ser el síntoma de algo más grave.
Medios judíos de Estados Unidos, Francia, Alemania y América Latina cubrieron ampliamente el caso.
La JTA, la principal agencia de noticias judía del mundo, reportó el incidente como un ejemplo claro del aumento del antisemitismo en espacios públicos.
En Europa, medios como Jüdische Allgemeine y JForum hablaron de alarma y preocupación. Y una revista judía francófona señaló que insultar a un líder usando su identidad judía es un patrón que históricamente abre la puerta a agresiones más graves.
En pocas palabras: el mundo judío interpretó el grafiti como algo mucho más profundo que un ataque a una figura política. Fue un recordatorio de que el antisemitismo no es un tema del pasado… sino una amenaza que puede resurgir en cualquier momento si no se confronta.
La presidenta no es ni la peor ni la mejor política de la historia y de ser así, es su trabajo el que debe juzgarse, no su origen ni su género.
Es un testimonio de cómo la polarización política puede revivir viejos odios.
Y por eso, para comunidades judías de todo el mundo, el mensaje fue unánime: no se puede permitir que un insulto antisemita se normalice… ni en una pared, ni en un discurso, ni en una protesta.
Hay un par de cosas que todos podemos aprender:
-No existen pueblos sabios y buenos. Existes sociedades con millones de rostros, miles de posibilidades ideológicas y la obligación del Estado de corregirlas y educarlas cuando se pone en peligro al otro.
-El peor enemigo está en casa. Ante una oposición inexistente, la traición vendrá de adentro.
Imágenes cortesía de:
#mediaoriente por Veo Israel
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