El ayuno del 10 de Tebet se observa en recuerdo del sitio a la ciudad de Yerushalayim (Jerusalem). Este fue el primer paso que llevó a la destrucción de nuestro primer Templo, el Bet haMiqdash, en el año 586 antes de la era común.
LA ADVERTENCIA DE JEREMÍAS
Por muchos años, el profeta Yirmiyahu (Jeremías) había advertido al pueblo acerca de su corrupción, sus actos de idolatría, la profanación del Shabbat y el abandono de la Torá. Yirmiyahu advirtió que, si el pueblo no cambiaba y mejoraba su conducta, “el Bet haMiqdash sería destruido” por el rey de Babilonia, Nebujadnetsar.
Yirmiyahu anunció esta profecía dentro del Bet haMiqdash, pero muy lejos de escucharlo, los sacerdotes y líderes políticos corruptos lo culparon de traición y sedición, y quisieron ejecutarlo. Yirmiyahu, indirectamente, estaba cuestionando su liderazgo corrupto. Así que, muy cínicamente, lo acusaron de blasfemia: “¿Qué clase de profeta se atreve a insinuar que HaShem, Dios Todopoderoso, permitirá que Su Casa sea destruida?”.
Yirmiyahu se salvó, pero sus palabras fueron olvidadas.
El ejército de Nebujadnetsar se estaba acercando y estaba destruyendo las ciudades alrededor de Yerushalayim, como Lajish. Pero los judíos de esa época, en lugar de regresar al camino de la Torá y acercarse a Dios, depositaron su confianza en la alianza militar que tenían con Egipto, la segunda superpotencia de esos tiempos y enemiga de Babilonia.
EL SITIO A YERUSHALAYIM
El 10 de Tebet del año 589 a.e.c., Nebujadnetsar comenzó el sitio a Yerushalayim. Nadie podía entrar o salir de la ciudad, ni ir a los campos a buscar comida. La situación era terrible, ya que la falta de alimentos se vio agravada por una tremenda sequía. La gente, desesperada por el hambre, comía pasto seco infestado de gusanos, lo cual comenzó a traer epidemias, plagas y enfermedades.
EL PUEBLO SE DESPIERTA
Fue en ese momento de absoluta desesperación que el pueblo despertó de su letargo, y el rey Tsidquiyahu y los líderes judíos decidieron hacer algo dramático al respecto. Recordando las palabras de Yirmiyahu, los líderes se reunieron en el Bet haMiqdash y propusieron un “pacto con Dios”. Dijeron: “Vamos a liberar a nuestros esclavos judíos, y Dios, a cambio, nos liberará del ejército de Babilonia”.
Estos esclavos eran judíos pobres que se habían endeudado con los líderes de Yerushalayim porque no podían pagar sus deudas, ya fuera por la sequía o por las guerras. Ahora ellos y sus hijos estaban pagando sus deudas a través de la esclavitud. De acuerdo con la Torá, sin importar si la deuda fue o no saldada, los esclavos deben quedar libres en el séptimo año. Pero a estos aristócratas no les importaba este precepto Divino y, para no perder su dinero, esclavizaban a los pobres de forma permanente, como hacían los pueblos paganos con sus esclavos.
Sin embargo, ahora habían recapacitado. Parecía que finalmente se habían arrepentido de su accionar incorrecto y, haciendo lo que indica la Torá, ¡liberaron a sus esclavos! Así, depositaron su esperanza en HaShem y rezaron para que Él, a su vez, los liberara de la muerte o la esclavitud a manos del ejército de Nebujadnetsar.
¡Y EL MILAGRO OCURRIÓ!
De la noche a la mañana, milagrosamente, los babilonios abandonaron Yerushalayim. Así cuenta Yirmiyahu este gran evento (37:5):
“El ejército del Faraón partió desde Egipto [hacia Yerushalayim], y cuando los babilonios, que tenían sitiada Yerushalayim, oyeron la noticia, levantaron el sitio de Yerushalayim [y fueron a luchar contra los egipcios]”.
¡El gran milagro había ocurrido! El ejército enemigo había desaparecido, y la gente pensó entonces que las profecías “pesimistas” de Yirmiyahu no se habían cumplido. ¡Yerushalayim se había salvado! Dios los había escuchado. Todos celebraron.
LO QUE SUCEDIÓ DESPUÉS: UNA INCREÍBLE TRAICIÓN
Lo que ocurrió a continuación es difícil de creer, y deberíamos considerar este trágico episodio como lo que desencadenó la destrucción de nuestro primer Templo y la principal razón por la cual ayunamos en Asará beTebet.
Increíblemente, cuando los líderes judíos vieron que el ejército de Nebujadnetsar había abandonado Yerushalayim, ¡tomaron por la fuerza a los esclavos que recién habían liberado, traicionando el pacto que habían hecho con HaShem solo unos días atrás!
LO CONTRARIO DE TESHUBÁ
Este terrible acto está narrado por Yirmiyahu, quien lo presenta como la gota que colmó el vaso y lo que precipitó la destrucción de Yerushalayim.
El profeta dice en nombre de Dios:
34:15
«[Hace muy poco tiempo], ustedes se arrepintieron y comenzaron a hacer lo correcto ante Mi vista: cada uno de ustedes proclamó la libertad a sus hermanos esclavizados. Incluso hicieron un pacto conmigo, en la Casa que lleva Mi Nombre [el Bet haMiqdash]».
34:16
«Pero ahora, ¡se arrepintieron [del pacto que hicieron conmigo] y han profanado Mi Nombre! Cada uno de ustedes ha capturado nuevamente a los hombres y mujeres que habían liberado y los han forzado a convertirse otra vez en sus esclavos».
34:17
«Por lo tanto, dice HaShem: Me habéis traicionado; no habéis concedido la libertad a sus propios hermanos [tal como lo prometieron]. Y ahora la espada, las plagas y el hambre tendrán la libertad [para perseguirlos a ustedes y alcanzarlos]…».
Mientras todo esto ocurría en Yerushalayim, la dura batalla entre los egipcios y los babilonios se estaba decidiendo en el Negueb, el sur de Israel. Espada contra espada, cualquiera de los dos bandos podría haber ganado la batalla. Providencialmente, los egipcios fueron derrotados, y Nebujadnetsar regresó triunfante y volvió a sitiar Yerushalayim con su ejército. El hambre, las plagas y la muerte se apoderaron nuevamente de la ciudad.
Luego de varios meses de asedio, el 9 de Ab del año 586 a.e.c., la ciudad fue conquistada. Los judíos fueron asesinados, esclavizados o exiliados, y nuestro Templo fue destruido.
UNA LECCIÓN PARA RECORDAR
Nuestros ancestros, en la desesperación, se arrepintieron de su mal proceder. Pero, ni bien terminó el sitio a la ciudad, “se arrepintieron de su arrepentimiento”. Al ver que ya no estaba el ejército babilonio, pensaron que ya no necesitaban a Dios y traicionaron el pacto que habían sellado con Él.
Esta es la razón por la cual ayunamos el 10 de Tebet.
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