Juntos Venceremos
jueves 04 de junio de 2026
mishpatim

Rabino Yerahmiel Barylka / Parashat Mishpatim: No seguir a la mayoría cuando sus decisiones no son éticas

Parashat Mishpatim constituye un ejemplo excelente de un corpus legal que abarca múltiples áreas de la vida. 

En esta parashá encontramos leyes que regulan las relaciones entre las personas y entre el ser humano y Dios; estatutos que evidencian conductas inmorales que la Torá intenta limitar; preceptos, que buscan transmitir un mensaje de fondo y no solo procedimientos; y disposiciones destinadas a proteger a los sectores más vulnerables, otorgándoles amparo legal en contextos donde el sistema económico y social no suele hacerlo.

Parashat Mishpatim se centra en regular las relaciones sociales en los ámbitos más comunes y cotidianos.

Recordemos que el propósito de la legislación, en general, es definir las normas sociales existentes y establecer otras nuevas. Entre otras funciones, busca limitar los espacios oscuros de la sociedad, iluminarlos y decirle al público: Así no”.

Sin embargo, muchas veces el contexto de los versículos enseña algo más amplio y esencial sobre el principio que se estudia. Un primer análisis puede ofrecer un mensaje directo y unidimensional, mientras que un examen más profundo revela un espacio complejo y multidimensional.

Pero, no conformes con ello, intentaremos usar la meta-halajá para comprender la razón de las normas y aplicarlas en contextos contemporáneos como guía para la toma de decisiones éticas, aunque no sean explícitas.

Nuestra parashá ofrece un ejemplo fascinante de este proceso al servir como ancla principal del principio según el cual las decisiones se toman por mayoría.

Este principio aparece reiteradamente en la literatura rabínica, especialmente en el tratado Sanedrín, que aborda los fundamentos del sistema judicial. Allí se establece que las decisiones de un tribunal se determinan por la mayoría de sus miembros.

No seguirás a la mayoría para hacer el mal, ni responderás en un litigio inclinándote tras la mayoría para torcer (Shemot-Éxodo 23:2).

Este principio adquiere una expresión intensa en la célebre historia del horno de Ajnai, en la que se narra una disputa entre Rabí Eliezer y los demás sabios presentes en la casa de estudio. En el punto culminante, irrumpe una voz celestial proclamando: “¿Qué tienen ustedes contra Rabí Eliezer, si la halajá coincide con él en todos los casos?” (Bavá Metziá 59b). La voz divina, en apariencia, zanja la discusión a favor de Rabí Eliezer. Ese debería ser el final del relato. Sin embargo, la reacción de los sabios no es la aceptación, sino la resistencia. Rabí Yehoshúa se pone de pie y declara: “No está en los cielos”, desafiando así la decisión celestial.

El narrador talmúdico no se conforma con esta respuesta y pregunta: “¿Qué significa ‘no está en los cielos’?” La explicación llega a través de Rabí Yirmiyá:

Puesto que la Torá fue entregada en el monte Sinaí, no prestamos atención a la voz celestial, porque ya está escrito en la Torá: ‘Tras la mayoría te inclinarás’”.

La respuesta de Rabí Yirmiyá es compleja y opera en varios niveles. En primer lugar, distingue entre dos períodos: antes y después de la entrega de la Torá en el Sinaí. Nuestra parashá, de hecho, marca la frontera entre ambos momentos. Pero ¿qué diferencia esencial existe entre ellos? El siguiente nivel de la explicación lo aclara: “No prestamos atención a la voz celestial”. El énfasis recae en no prestamos atención. Es decir, nosotros —los que vivimos después de la entrega de la Torá y administramos el sistema legal— no atendemos a intervenciones celestiales. Otros, en otros tiempos o circunstancias, quizá sí. Pero nosotros, los que deliberamos en esta casa de estudio, no.

Surge entonces la pregunta inevitable: si no prestamos atención a la voz celestial, ¿a qué sí prestamos atención? ¿Cómo se toman las decisiones? La respuesta se encuentra en el mismo versículo citado: “Tras la mayoría te inclinarás”. Las decisiones se adoptan siguiendo a la mayoría, mediante el conteo de votos humanos. La autoridad ya no proviene de una voz divina inmediata, sino del proceso deliberativo humano. Se trata de un desplazamiento de lo celestial a lo terrenal.

Pero este cambio no es solo de fuente, sino también de naturaleza. Implica pasar de una decisión instantánea a un proceso estructurado: identificar la opinión mayoritaria, establecer mecanismos para determinarla, y sostener un sistema jurídico basado en procedimientos. Además, supone un tránsito de una decisión divina a una decisión humana.

Sin embargo, hay una sutileza notable en las palabras de Rabí Yirmiyá. El principio de seguir a la mayoría —un principio profundamente humano— se fundamenta precisamente en una revelación divina. Es decir, según Rabí Yirmiyá, en el Sinaí se ordenó que las decisiones futuras se tomaran según la mayoría humana. La voz divina, paradójicamente, establece que no debe escucharse una voz divina posterior.

En adelante, la centralidad recae en el proceso humano, que es, en última instancia, expresión de la imagen de Dios.

En sentido estricto, se afirma “no está en los cielos”, pero esa misma afirmación también proviene del cielo.

Lo que sorprende, desafía y exige explicación es que, al examinar los versículos, descubrimos que parecen decir exactamente lo contrario del principio que los sabios derivan de ellos. Mientras Rabí Yirmiyá cita “Tras la mayoría te inclinarás”, el propio versículo parece rechazar explícitamente seguir a la mayoría leámoslo nuevamente:

“No seguirás a la mayoría para hacer el mal, ni responderás en un litigio inclinándote tras la mayoría para torcer” (Shemot 23:2).

La negación presente en el versículo no aparece en las palabras de Rabí Yirmiyá tal como se transmiten en la discusión talmúdica. Para evaluar esta aparente contradicción —que los sabios fundamenten un principio en un versículo que, en apariencia, lo niega— conviene analizar el pasaje con mayor detenimiento.

El versículo contiene varias secciones. La última, “tras muchos te inclinarás”, es la que cita Rabí Yirmiyá. Sin embargo, el propio versículo introduce un matiz mediante la negación previa: “y no responderás… tras muchos te inclinarás”. Esta parte se refiere a un litigio y comienza con la prohibición “no responderás”, entendida por algunos comentaristas como una advertencia contra el falso testimonio, en paralelo con el mandamiento “no darás falso testimonio contra tu prójimo” (Shemot 20:13). Según esta lectura, la prohibición de “no responderás” se enmarca precisamente en el contexto de la inclinación tras la mayoría.

De manera similar, la primera parte del versículo —“no seguirás a la mayoría para hacer el mal”— instruye a no acompañar a la mayoría cuando esta se inclina hacia el mal. El texto prohíbe seguir a un grupo que actúa de manera corrupta y también prohíbe dejarse arrastrar por la mayoría en un litigio cuando ello conduce a la injusticia. Esta advertencia resulta llamativa, pues tanto el mal como el falso testimonio están prohibidos en cualquier circunstancia. ¿Por qué, entonces, enfatizar el contexto de la mayoría?

La inclusión explícita del elemento colectivo sugiere que existe un peligro particular en la fuerza de la multitud. El versículo no solo prohíbe el mal o el falso testimonio, sino que prohíbe específicamente seguir a un grupo cuando este se inclina hacia lo negativo. El texto presupone que existe una tendencia humana a dejarse arrastrar por la mayoría, incluso cuando esta actúa de manera injusta, y por ello requiere una advertencia especial.

El midrash legal lo expresa con claridad: “‘Y no responderás en un litigio inclinándote’ — para que no digas, en el momento de la votación: ‘Seré como tal o cual rabino’, sino que digas lo que ves ante ti” (Mejilta de Rabí Shimón bar Yojai 23). Es difícil sostener una opinión contraria a la de quienes nos rodean; aún más dificultoso es mantenerla cuando se trata de una sola voz frente a la corriente dominante.

El estudio del versículo revela, por tanto, la complejidad de no unirse a la mayoría cuando esta se dirige hacia el mal. La combinación entre la enseñanza talmúdica —“tras la mayoría te inclinarás”— y el versículo que advierte “no seguirás a la mayoría para hacer el mal” produce una declaración rica y matizada. Lo que parecía una afirmación simple y positiva sobre seguir a la mayoría se transforma en una enseñanza doble: por un lado, la necesidad de un mecanismo colectivo de decisión; por otro, la advertencia contra el poder seductor y potencialmente destructivo de la mayoría.

Ojalá sepamos reconocer lo bueno, inclinarnos hacia él y seguirlo incluso cuando no coincide con la inclinación de la mayoría. Más aún en tiempos como los nuestros, cuando ciertos gobernantes —convencidos de que la mayoría electoral les otorga licencia para todo— pretenden justificar decisiones que vulneran derechos o distorsionan el sentido de la justicia.
_____________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío