El secretario general de la ONU, António Guterres, envió un mensaje de felicitación a Irán por el aniversario de la Revolución Islámica. Presentarlo como un gesto protocolar es una forma de evasión. No se trata de una cortesía diplomática neutra, sino de una validación simbólica de un régimen que nació de una revolución teocrática y se sostiene desde entonces mediante represión sistemática.
La Revolución Islámica no es una efeméride cultural. Es el origen de un Estado que ha perseguido a mujeres, encarcelado disidentes, ejecutado opositores y convertido la coerción religiosa en política pública. Irán no solo oprime a su propia sociedad: financia terrorismo, exporta inestabilidad regional y promueve una ideología que niega principios básicos de convivencia democrática.
En su mensaje, Guterres habló de cooperación multilateral, diálogo y derechos humanos. El contraste con la realidad iraní es tan evidente que la carta roza la negación de los hechos. Felicitar el aniversario fundacional de ese régimen mientras se invocan valores universales no es diplomacia: es disonancia moral.
La contradicción se vuelve más grave cuando se observa el patrón histórico de Naciones Unidas. Mientras el organismo emite resoluciones permanentes contra Israel– la única democracia de Medio Oriente- y somete a ese país a un escrutinio casi obsesivo, su máxima autoridad elige palabras cálidas para un sistema que reprime a su población y financia actores violentos en toda la región. La desproporción no puede explicarse como neutralidad institucional. Es una señal de deterioro ético.
No se trata de exigir hostilidad diplomática. Se trata de coherencia. Un organismo que pretende erigirse en árbitro ético internacional no puede celebrar simbólicamente a regímenes que contradicen los principios que dice defender. Cada gesto de este tipo erosiona la credibilidad de la ONU y alimenta la percepción de que el lenguaje de los derechos humanos se aplica de forma selectiva.
Las organizaciones pueden resistir errores políticos. La pérdida de autoridad moral las destruye.
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