El reciente nombramiento de Mojtaba Jamenei, electo como Líder Supremo y máximo dirigente de la República Islámica de Irán, vuelve a poner en evidencia una de las grandes contradicciones del régimen teocrático que gobierna ese país desde 1979: mientras proclama la destrucción de Occidente, parte de su élite resguarda su riqueza en el corazón mismo de las democracias occidentales.
Sabido es que los dirigentes iraníes llaman desde hace décadas a la destrucción de Estados Unidos y de Israel, la élite que rodea al poder en Teherán parece sentirse extraordinariamente cómoda invirtiendo su riqueza en el corazón mismo de las democracias occidentales.
Investigaciones periodísticas reveladas recientemente por medios británicos, basadas en un informe previo de Bloomberg, señalan que Mojtaba Jamenei posee una extensa cartera inmobiliaria internacional que incluye lujosas propiedades en Londres valoradas en decenas de millones de libras.
Entre ellas se encontrarían dos apartamentos situados en el exclusivo barrio de Kensington, en la calle Palace Green, desde los cuales existe una línea de visión directa hacia la embajada de Israel en la capital británica.
Especialistas en seguridad citados por la prensa británica señalaron que la ubicación de esas propiedades podría convertirlas en una plataforma privilegiada para la vigilancia de la sede diplomática israelí.
La paradoja es evidente. Mientras el régimen iraní alimenta una retórica permanente de confrontación contra Occidente y contra el Estado judío, uno de sus dirigentes más influyentes habría construido una fortuna personal en los mismos países que denuncia como enemigos.
Según la investigación de Bloomberg, la red financiera vinculada a Mojtaba Jamenei incluye empresas fantasma, cuentas bancarias en Europa y propiedades de lujo en diversas ciudades occidentales.
Los fondos, según diversas fuentes citadas en el informe, procederían en gran medida de los ingresos derivados de la venta de petróleo iraní.
La situación plantea una pregunta inevitable. ¿Cómo es posible que un régimen que proclama la destrucción de Occidente utilice simultáneamente el sistema financiero occidental para proteger y multiplicar su riqueza?
No es una contradicción menor. Forma parte de una lógica bien conocida en los regímenes autoritarios: la ideología se utiliza para movilizar a las masas, mientras las élites gobernantes aseguran discretamente su bienestar en los países que públicamente denuncian.
La revelación sobre las propiedades londinenses del nuevo líder supremo iraní ilustra con claridad esa doble moral.
Queda, sin embargo, una incógnita que resulta inevitable plantear. Los apartamentos fueron adquiridos en 2014 y 2016, cuando la embajada de Israel ya funcionaba desde hacía años en esa misma calle. ¿Se trató simplemente de una inversión inmobiliaria en una de las zonas más exclusivas de Londres o de una ubicación elegida deliberadamente por su proximidad a la representación diplomática israelí?
Sea cual fuere la explicación, el contraste resulta revelador. Desde Teherán se predica la confrontación permanente con Occidente y la destrucción de Israel, pero cuando se trata de proteger su riqueza personal, los guardianes de la revolución islámica parecen confiar plenamente en la estabilidad, la seguridad jurídica y el confort de las democracias occidentales.
Rubén Kaplan.
Periodista y escritor.
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